Esta sociedad científica apunta en un comunicado que el asma bien diagnosticada y tratada no tiene por qué dar síntomas, salvo en casos excepcionales. "A esto es a lo que debemos tender siempre para que el niño pueda hacer una vida completamente normal", explica el Dr. Joaquín Lamela, del grupo de trabajo sobre asma de la SEPAR.
En consecuencia, señala que cuando un niño asmático sigue teniendo crisis, "hay que empezar a pensar que no está recibiendo el tratamiento correcto o que no lo cumple". La SEPAR llama la atención sobre la "creencia extendida" entre los familiares de que los medicamentos deben emplearse en los casos de crisis".
En este sentido, indica que los broncodilatadores son efectivos para paliar los síntomas, pero si no se le administra al paciente una terapia con antiinflamatorios de forma regular "no se adelanta gran cosa". Los neumólogos recuerdan que la raíz del problema se encuentra en la inflamación bronquial.
La SEPAR recuerda que, en la actualidad, ningún niño de los países desarrollados puede morirse a causa del asma. Sin embargo, advierte de que esta enfermedad afecta al 10% de los españoles menores de 14 años y "no está debidamente controlada".
"En estos casos -añade este neumólogo- el asma es una importante causa de absentismo escolar". Además, puede provocar interrupciones en el sueño, por lo que se ven afectados el descanso nocturno y el rendimiento en el colegio.
Por ello, afirma que la intervención precoz en el niño asmático contribuye a que la enfermedad se mantenga en estado leve y a que desaparezca de forma espontánea en la edad adulta, "como sucede en el 60-65% de los casos".
"De esta manera, también evitamos que el asma provoque lesiones obstructivas irreversibles en los bronquios, que pueden condicionar una insuficiencia respiratoria grave en la edad adulta", concluye.
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