El estudio ENRICHD (Enhancing Recovery in Coronary Heart Disease Patients Study) constituye la primera gran investigación que ha evaluado los efectos del tratamiento de la depresión, que afecta a aproximadamente una cuarta parte de los pacientes infartados.
Incluyó a 2.481 pacientes que presentaban depresión y/o recibían poco apoyo social en los primeros 28 días posteriores al infarto. La mitad recibió consejo psicológico y terapia conductual durante 6 meses, mientras que la otra mitad recibió sólo el tratamiento médico convencional. Todos fueron sometidos a pruebas para medir el grado de depresión y apoyo social, y aquellos con depresión grave recibieron tratamiento farmacológico para la misma.
Si bien ambos grupos experimentaron una disminución de los síntomas depresivos y de aislamiento (del 57% en el grupo que recibió tratamiento a tal efecto y del 47% en el que únicamente recibió tratamiento médico estándar), no se registró una mejor tasa de supervivencia asociada a la terapia para la depresión, pues aproximadamente el 24% en ambos grupos había fallecido al cabo de 3 años.
A pesar de estos resultados, los autores consideran que la investigación demuestra que el tratamiento antidepresivo mejora la calidad de vida de los pacientes aunque no reduzca la mortalidad.