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/ Publicado el 20 de noviembre de 2001

Neurobiología

El sistema logoérgico

El autor expone algunas ideas acerca de esta teoría.

Autor/a: Dr. Guillermo Vidal

En tiempos en que la neurobiología está dominada por los neurotransmisores, en tiempos en que los inhibidores de la recaptación de la dopamina, de la serotonina y de la noradrenalina, con sus respectivos receptores, se disputan la cura de la locura de los hombres, en tiempos en que ya están descubriéndose agentes gaseosos que actúan a distancia en el cerebro, ¿por qué no pensar en que al lado de los sistemas dopaminérgico, serotoninérgico, noradrinérgico, gabaérgico y aeroérgico, funciona un sistema logoérgico? ¿No será la palabra, la voz humana, el agente de cambio por excelencia? Es cierto que el logos no ocupa lugar, no está en lugar alguno, es utópico. Pero no menos cierto es que hay razones para suponer que el logos (habla, razón, concepto, sentido, relación y proporción) tiene mucho que ver con lo que el homo sapiens sapiens piensa, siente y hace, ya se lo considere a éste cuerdo o loco. No sabemos si el tal transmisor está por encima o por debajo de los otros, cómo interacciona con los demás sistemas "-érgicos", dado que no hay manera de "pescarlo" -por ahora al menos- con nuestras redes físico-químicas.

Sin embargo, ahí está, presente a diario en "mi vida", confirmándome o seduciéndome a veces, amenazándome con la despersonalización en otras. A este logotransmisor tan sutil y eficaz debo yo que un "sí" o un "no", pronunciado en determinado instante por una otra persona significativa, me haga sentir feliz o me precipite en la angustia, la tristura o el delirio. Cosas de poca importancia circulan por el sistema logoérgico...

Mucho es lo que todavía ignoramos acerca de esos psicotransmisores. ¿Cómo se liberan y reciben sus mensajes? ¿Qué decir de su recaptación selectiva en esos espacios sinápticos que median entre persona y persona? ¿Habrá también receptores del amor y del odio, de la envidia, los celos y la confianza? ¿No será la recaptación un símil del arrepentimiento? ¿Pero es que cabe homologar lo físico y lo psíquico? ¿Son acaso isomorfos los fenómenos neuronales y los propiamente humanos? Quizá no nos demos cuenta cabal de nuestro connatural antropocentrismo, de la proclividad que tenemos todos los humanos de construir y reconstruir lo que nos circunda y constituye a nuestra imagen y semejanza. Es más: ¿por qué nos empecinamos en ver la vida humana desde abajo, desde su trama físico-química, la que conforma su animalidad, y no desde arriba -el mundo del deseo y del miedo, los proyectos y las utopías, el dolor y la muerte- desde ese mundo que hace precisamente del ser humano un ser contra naturam y desde el cual se predica y valora todo lo existente?

Los psiconeurobiólogos de hoy -artífices brillantes de una renovada frenología- deberían percatarse de la existencia de esa suerte de sistema logoérgico, tan real y contundente como los transmisores y receptores que ahora estudian acuciosamente bajo el microscopio electrónico.