El síndrome de ovario poliquístico afecta al 3% de las mujeres, si bien el aumento progresivo del índice de masa corporal sugiere que la incidencia podría ser hasta del 6%. "Se trata de un trastorno que, aunque muchas veces se manifiesta en la edad adulta, probablemente tenga un origen muy anterior y en algunos casos incluso prenatal”, ha explicado la Dra. Ibáñez.
Por lo tanto, el hecho de que una persona pueda presentar una alta susceptibilidad desde muy temprana edad hace necesario que se extreme la colaboración con los pediatras con el fin de mejorar la detección precoz.
Para afinar en el diagnóstico se deben tener en cuenta los factores de riesgo conocidos hasta ahora y el perfil endocrinológico de las niñas y adolescentes que puedan presentar el trastorno.
Entre las personas con un riesgo elevado de desarrollar síndrome de ovario poliquístico se encuentran las niñas que han nacido con un bajo peso y que luego tienen un crecimiento posnatal rápido; las que han nacido con un peso que se encuentra dentro de los estándares normales pero que acumulan cierto grado de sobrepeso durante la infancia, y las que desarrollan una obesidad de inicio peripuberal.
Las niñas que nacen con bajo peso y tienen un crecimiento posterior muy rápido, especialmente a expensas de ganancia de peso, son firmes candidatas a desarrollar este síndrome, ya que existe una resistencia insulínica y ésta puede ser la desencadenante de todas las demás alteraciones que se van produciendo con el tiempo, como la producción de andrógenos suprarrenales y ováricos, las alteraciones del perfil lipídico y de la glucosa.
En cuanto al tratamiento, la Dra. Ibáñez ha insistido en que los anticonceptivos orales sólo permiten controlar la sintomatología de manera puntual, pero tienen poco valor en la mejora de los factores de riesgo de síndrome metabólico.
Asimismo, ha señalado que numerosos estudios apoyan la idea de que el uso de sensibilizantes de la insulina, como la metformina o las glitazonas, asociados a un antiandrógeno, especialmente cuando hay hirsutismo severo, y a un anticonceptivo en las adolescentes con riesgo de embarazo, tienen un efecto beneficioso sobre el control del síndrome.
Webs Relacionadas
SEEN
Publicado el 2 de julio de 2005
Epidemiología
El síndrome de ovario poliquístico puede desencadenarse durante el periodo prenatal
El síndrome de ovario poliquístico (SOP) podría tener un origen prenatal, por lo que se deben extremar las medidas para mejorar la detección precoz, según señalado la Dra. Lourdes Ibáñez, del Hospital San Juan de Dios, de Barcelona, en el XLVII Congreso de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).
El síndrome de ovario poliquístico afecta al 3% de las mujeres, si bien el aumento progresivo del índice de masa corporal sugiere que la incidencia podría ser hasta del 6%. "Se trata de un trastorno que, aunque muchas veces se manifiesta en la edad adulta, probablemente tenga un origen muy anterior y en algunos casos incluso prenatal”, ha explicado la Dra. Ibáñez.
Por lo tanto, el hecho de que una persona pueda presentar una alta susceptibilidad desde muy temprana edad hace necesario que se extreme la colaboración con los pediatras con el fin de mejorar la detección precoz.
Para afinar en el diagnóstico se deben tener en cuenta los factores de riesgo conocidos hasta ahora y el perfil endocrinológico de las niñas y adolescentes que puedan presentar el trastorno.
Entre las personas con un riesgo elevado de desarrollar síndrome de ovario poliquístico se encuentran las niñas que han nacido con un bajo peso y que luego tienen un crecimiento posnatal rápido; las que han nacido con un peso que se encuentra dentro de los estándares normales pero que acumulan cierto grado de sobrepeso durante la infancia, y las que desarrollan una obesidad de inicio peripuberal.
Las niñas que nacen con bajo peso y tienen un crecimiento posterior muy rápido, especialmente a expensas de ganancia de peso, son firmes candidatas a desarrollar este síndrome, ya que existe una resistencia insulínica y ésta puede ser la desencadenante de todas las demás alteraciones que se van produciendo con el tiempo, como la producción de andrógenos suprarrenales y ováricos, las alteraciones del perfil lipídico y de la glucosa.
En cuanto al tratamiento, la Dra. Ibáñez ha insistido en que los anticonceptivos orales sólo permiten controlar la sintomatología de manera puntual, pero tienen poco valor en la mejora de los factores de riesgo de síndrome metabólico.
Asimismo, ha señalado que numerosos estudios apoyan la idea de que el uso de sensibilizantes de la insulina, como la metformina o las glitazonas, asociados a un antiandrógeno, especialmente cuando hay hirsutismo severo, y a un anticonceptivo en las adolescentes con riesgo de embarazo, tienen un efecto beneficioso sobre el control del síndrome.
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