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Publicado el 13 de junio de 2005

Epidemiología

El perfil del paciente con esquizofrenia en España es un varón de 37 años con bajo nivel de estudios e inactivo

El perfil sociodemográfico de un paciente con esquizofrenia que acude a la consulta en España es el de un varón, con una edad media de 37,6 años, soltero, con bajo nivel de estudios, que vive en el entorno familiar, inactivo debido a su enfermedad y con un seguimiento de su patología únicamente en consulta psiquiátrica.

Estos son datos del estudio "Abordaje Clínico de la Esquizofrenia en España" (ACE) presentado con el patrocinio del Grupo Bristol-Myers Squibb y Otsuka Pharmaceuticals.

El estudio ACE, donde participaron 500 investigadores que reclutaron a los cinco primeros pacientes con esquizofrenia que acudieron a su consulta, refleja que el 90% de las personas que padece esta patología vive con su familia, con la carga económica y emocional que esto supone; debido sobre todo a que el 73% de estas personas ni estudia ni trabaja debido a su enfermedad -el 20% trabaja y el 7 estudia-.

Esta tasa tan alta de inactividad se explica, según los expertos, a la falta de recursos existentes para reintegrar social y laboralmente a estos pacientes, algo que se complica si se tiene en cuenta que la esquizofrenia aparece entre los 17 y 25 años, minando las posibilidades de futuro de la persona.

Asimismo, un dato destacable del ACE que choca con los resultados de los estudios epidemiológicos de la OMS, es que mientras que en el primero el 69% de los pacientes eran varones, en los análisis de la OMS se indica que la enfermedad afecta por igual a hombres y a mujeres.

"Se detecta una diferencia entre los estudios epidemiológicos y los estudios clínicos como éste en cuanto a la prevalencia en hombres y mujeres. La respuesta podría estar en que los estrógenos que producen las mujeres durante la edad fértil son protectores frente a los síntomas psicóticos, por lo que los síntomas son atenuados y acuden más tarde a la consulta", explicó el Dr. Ángel Luis Montejo, del Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico Universitario (Madrid).

En lo que respecta al tratamiento antisipsicótico, éste fue modificado en el 34% de los pacientes durante los seis meses previos a la visita que recoge el estudio, esto es, una media de 1,7 veces. El cambio de tratamiento se describe en el 49% de los casos como un cambio de fármaco y en el 44 como un cambio de dosis.

"Las causas más frecuentes de la modificación del tratamiento fueron la recaída, en el 38%; la falta de mejoría (29%); aparición de reacciones adversas (21%) o falta de cumplimentación (13%)", comentó el Dr. Miquel Roca, responsable de la Unidad de Psiquiatría y Psicología Clínica del Hospital Juan March de Palma de Mallorca. "La frecuencia de cambio de tratamiento implica que los fármacos actuales no son todo lo eficaces que debieran", agregó.

Actualmente, el tratamiento de la esquizofrenia se dirige a bloquear los receptores de la dopamina, sustancia neurotransmisora, para controlar los síntomas positivos de la patología, es decir, las distorsiones de la percepción de la realidad. Sin embargo, con estos fármacos se puede reducir demasiado la función de la dopamina, que actúa también sobre la motivación, provocando trastornos de los movimientos, alteración de la capacidad mental, problemas de disfunción sexual o aumento de peso.

"Si partimos de la base de que lo primero que hay que hacer con un paciente con esquizofrenia es convencerle de que tiene una enfermedad crónica y de que sus alucinaciones no son reales, un fármaco que le hace sentir peor que antes de tomarlo hará que deje el tratamiento y se produzca una recaída", señaló el Dr. Montejo. "Pretendemos que el paciente no tenga que pagar unas consecuencias inasumibles a cambio del efecto farmacológico", prosiguió.

A este respecto, los expertos expresaron su esperanza en la nueva generación de antipsicóticos, los agonistas parciales de la dopamina, que reducen los niveles de esta sustancia en las regiones cerebrales donde hay un exceso de ella y aumenta su presencia en las zonas donde es insuficiente.

Esto reduciría, además, los síntomas negativos de la enfermedad que son los más frecuentes entre la población esquizofrénica española (88% de los pacientes). Los más habituales son el retraimiento social, 66% de los pacientes, el embotamiento afectivo (50%) y la apatía (44%).

En cuanto a la comorbilidad asociada a la esquizofrenia, el estudio ACE señala como más frecuentes los trastornos del sueño, de ansiedad, afectivos y de personalidad así como el trastorno por consumo de sustancias. En este último aspecto, los expertos aseveraron que además de los factores genéticos (23% tiene antecedentes de primer grado) también influyen los factores externos como el consumo de tóxicos que puede precipitar los síntomas de la enfermedad.

El 1% de la población mundial sufre esquizofrenia y se calcula que en España padecen la patología unas 400.000 personas. El tratamiento de esta enfermedad ha mejorado notablemente en los últimos quince años pero, según destacó el doctor Fernando Cañas, del Departamento de Psiquiatría del Hospital Doctor Lafora de Madrid, los médicos tienen que "luchar con la Administración" para poder administrar estos nuevos fármacos que resultan más caros, pero mucho más útiles a largo plazo.

"Debemos asumir que la esquizofrenia es una enfermedad que tiene un tratamiento, igual que la diabetes y que la sociedad tiene la responsabilidad de dejar de estigmatizar a estas personas", puntualizó el Dr. Montejo. "Se ha hecho mucha publicidad de los enfermos que comenten delitos en respuesta a sus delirios pero estos son sólo unos pocos, la mayoría se aísla socialmente hasta el punto de no salir de casa", concluyó.

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