El trabajo de H. Fahs y B. Beauquier-Maccotta (psiquiatras del Centro Hospitalario Henri Laborit de Poitiers, Francia) presenta interés dada la escasez de literatura publicada en años recientes en lo concerniente al manejo de la auto-agresión por medio del litio, en un paciente que presente debilidad mental.
Con anterioridad, Dostal y Zvolsky[5] habían estudiado en 1970 el efecto del carbonato de litio en 14 adolescentes con retardo mental severo y agresividad, con un promedio de edad de 14 años, resistentes a la fenotiacina. Los autores hallaron una mejoría clínica para el 65% de sus pacientes.
En 1980, Dale[4] publicó un estudio relativo a 15 pacientes débiles leves que presentaban agresividad; 11 mejoraron mediante el litio después del fracaso de otras terapéuticas. Señaló además la rapidez en manifestarse la mejoría sintomática (una o dos semanas).
En 1984, Tyrer et al.[19] publicaron los resultados de un estudio sobre 25 pacientes discapacitados mentales. Sin interrumpir un tratamiento neuroléptico o anticonvulsivante ya anteriormente prescripto, les administraron, litio o placebo en doble ciego y con crossing-over. Así, 17 de 25 pacientes mejoraron con la administración de litio respecto de los comportamientos auto-agresivos y automutilaciones. Los factores que los autores hallaron correlacionados con una buena respuesta a la litioterapia fueron: menos de un episodio agresivo por semana antes del tratamiento, hiperactividad, comportamientos estereotipados, sexo femenino, epilepsia. Por el contrario, el grado de discapacidad mental, el humor, la periodicidad de la agresividad, la tasa de litio y la naturaleza de los tratamientos asociados no se correlacionaron con la respuesta al litio.