Medical News

/ Published on October 16, 2025

Un cáncer que erosiona el cráneo

El glioblastoma no solo afecta al cerebro

Un estudio pionero demuestra que el glioblastoma no se limita al tejido cerebral, sino que también degrada el hueso y modifica la médula ósea, promoviendo un ambiente inflamatorio que acelera su progresión.

Author: Dubey A, Yamashita E, Stangeland B, et al.

Fuente: Nature Neuroscience. 2025. Brain tumors induce widespread disruption of calvarial bone and alteration of skull marrow immune landscape

Investigadores del Montefiore Einstein Comprehensive Cancer Center (MECCC) y el Albert Einstein College of Medicine han descubierto que el glioblastoma erosiona el cráneo, altera la composición de la médula ósea y reconfigura la respuesta inmunitaria del organismo. Los hallazgos sugieren que este tumor debe ser considerado una enfermedad sistémica y no solo un trastorno localizado.

Además, el estudio advierte que fármacos diseñados para proteger el hueso pueden, paradójicamente, agravar la agresividad del cáncer en ciertos casos.

El equipo liderado por la Dra. Jinan Behnan, profesora asistente en el Departamento de Neurocirugía y Microbiología e Inmunología de Einstein, investigó la interacción entre el glioblastoma y el cráneo tras observaciones recientes sobre canales microscópicos que conectan la médula ósea craneal con el cerebro. Estos canales permiten el paso de moléculas y células entre ambos compartimentos, lo que sugiere una vía de comunicación bidireccional.

Mediante técnicas avanzadas de imagen en modelos murinos con dos tipos distintos de glioblastoma, los investigadores confirmaron que los tumores provocan erosión ósea en el cráneo, especialmente en las suturas. Este fenómeno parece ser exclusivo del glioblastoma y otros tumores intracraneales malignos, ya que no se observó en casos de accidente cerebrovascular, daño cerebral traumático ni cánceres sistémicos.

La médula ósea del cráneo, al igual que la de otros huesos, es un sitio clave para la generación de células inmunitarias. Sin embargo, el glioblastoma altera drásticamente este equilibrio: mediante secuenciación de ARN de célula única, el equipo descubrió que el tumor duplica los niveles de células mieloides proinflamatorias, como neutrófilos, mientras suprime casi por completo la producción de células B productoras de anticuerpos y otros linfocitos.

"Los canales cráneo-cerebrales permiten la afluencia de estas células proinflamatorias desde la médula ósea hacia el tumor, volviendo al glioblastoma más agresivo y, en muchos casos, intratable", explicó el Dr. E. Richard Stanley, coautor del estudio y profesor de Biología del Desarrollo y Molecular en Einstein.

Este dato subraya la necesidad de terapias que restauren el equilibrio inmunitario normal en la médula ósea craneal de los pacientes. Una estrategia potencial sería suprimir la producción de neutrófilos y monocitos proinflamatorios, al tiempo que se promueve la generación de linfocitos T y B.

(a) Espesor óseo en ubicaciones anatómicas definidas clasificadas según el género en el conjunto de datos de control (arriba) o en el conjunto de datos GBM (abajo). Las mujeres en el conjunto de datos de control tenían un mayor grosor óseo en el occipital medio en comparación con los hombres, mientras que no fue significativo en otros lugares. En el conjunto de datos de GBM, los sujetos femeninos tenían un mayor grosor óseo solo en la intersección del eje orbital medio del ojo derecho con la sutura coronal. No se observaron diferencias significativas en otras ubicaciones anatómicas, incluido el occipital medio. (b) Diagrama de dispersión del grosor óseo y la edad en el conjunto de datos de control (arriba) o en el conjunto de datos GBM (abajo). No se observó una correlación significativa entre el grosor óseo y la edad en los conjuntos de datos de control y GBM. El tamaño de la muestra fue de 11 pacientes con GBM femeninos y 11 masculinos, 10 controles femeninos y 12 masculinos, 3 mediciones para cada punto anatómico. Se utilizó la prueba U de Mann-Whitney para calcular los valores p de las diferencias de grosor óseo entre mujeres y hombres. Se calculó la correlación de Spearman para las correlaciones de grosor óseo vs edad. (*, p < 0,05; **, p < 0,01; *** p < 0,001). A cuatro pacientes con GBM les faltaba información sobre la edad y el sexo y fueron excluidos de este análisis.

Ante la evidencia de erosión ósea, los investigadores evaluaron si los fármacos antiosteoporosis —como el ácido zoledrónico y el denosumab— podrían mitigar este efecto. Ambos fármacos, aprobados por la FDA, detuvieron la erosión del cráneo, pero el ácido zoledrónico aceleró la progresión tumoral en uno de los modelos de glioblastoma estudiados. Además, ambos bloquearon los efectos beneficiosos de la inmunoterapia con anti-PD-L1.

Este estudio redefine el glioblastoma como una enfermedad sistémica y abre nuevas vías para el desarrollo de terapias. Entre las estrategias propuestas se incluyen:

  • Terapias dirigidas a la médula ósea craneal para restaurar el equilibrio.
  • Inhibidores selectivos de las vías inflamatorias activadas por el tumor.
  • Combinaciones de fármacos que eviten los efectos adversos observados con los antiosteoporóticos.
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