Noticias médicas

/ Publicado el 4 de julio de 2014

Su imborrable recuerdo

El fallecimiento del Dr. Edgardo Rhodius

Un pionero y maestro de la medicina respiratoria.

El Domingo de Pascuas pasado nos dejaba el Dr. Edgardo Rhodius. Fue una de las piedras fundacionales de la rehabilitación respiratoria en nuestro país. Fue un apasionado por la medicina asistencial, la docencia y la investigación.

Cumplió la Residencia de Neumonología en el Hospital del Tórax”Dr.A.Cetrángolo” en los primeros años de la década de los´ 70 y fue su Jefe de Residentes.

En 1974, realizó una Beca de Capacitación en el Laboratorio de Fisiología de Ejercicio dek Instituto de Neurobiología de la Fundación Campomar, cuyo titular era el reconocido Dr.Alberto Leveroni. Allí comenzó su camino de la investigación y estudio de la respuesta al ejercicio en diferentes actividades laborales, y más tarde en la enfermedad. Estudio en esa Beca de manera particular la respuesta metabólica a 13 ejercicios, valorando su gasto calórico, consumo de oxígeno y respuesta cardiovascular.

En 1978, gana una Beca de la Escuela de Medicina del Deporte de la ciudad de Colonia, Alemania con el Profesor Wildor Hollman. Allí evaluó atletas de elite y bajo diferentes condiciones ambientales.

Retornado al país, en 1980 ganó un concurso para la Jefatura del Servicio de Neumonología de la Policlínica Bancaria “9 de Julio” de Buenos Aires, creando una de las primeras residencias de Neumonología del país. Allí comienza un programa de entrenamiento a pacientes con EPOC, estimulados por los trabajos iniciales de Pierce y Petty de la década del ´60. En 1981 hace la primera comunicación de un programa de entrenamiento en pacientes con EPOC en un Congreso Argentino de Tisiología y Neumonología de Rosario. En los siguientes veinte años será el principal referente en el tema del país, generando investigación y asistencia a los pacientes respiratorios crónicos en el área, considerado uno de los fundadores de la Rehabilitación Respiratoria de nuestro país. Participó además del armado, discusión y publicación del Consenso Argentino de Oxigenoterapia Crónica Domiciliaria, los tres Consensos Argentinos de Rehabilitación Respiratoria, de los Consensos Argentinos de asma, EPOC y sueño.

En los últimos 20 años, además comenzó a estudiar la patología del sueño, siendo uno de los pioneros de la evaluación respiratoria de la patología de sueño con la polisomnografía con monitoreo respiratorio. En esta área junto con Carlos Nigro publicaron una gran cantidad de investigaciones en sueño en revistas nacionales e internacionales.

Fue Jefe del Servicio de Neumonología del Hospital Alemán de Buenos Aires por más de 30 años, creando allí también también un centro de referencia.

Pero para quien escribe estas palabras, Edgardo fue por encima de todo “su Maestro”. Edgardo no pensaba la Medicina sino en una amalgama proporcionada de la asistencia, la docencia y la investigación. Me inició y ayudo a caminar la atención del paciente con insuficiencia respiratoria crónica, siendo yo aún un joven residente.  Edgardo fue socio fundador de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR), comprometiéndose con el proyecto de una sociedad científica abierta, federal con sólidas bases en la investigación y la docencia.
Recibía a los médicos jóvenes en su casa, ofreciéndoles su formidable biblioteca (en la época que no había posibilidad de leer una revista por vía electrónica). De los artículos de mayor interés, él hacia sus famosas “fichas” donde anotaba la cita y el hallazgo principal del artículo. Su memoria prodigiosa que recordaba citas sin error de publicaciones “viejas”; su constancia en la lectura que lo hacía estar siempre al tanto de lo último publicado en las últimas  revistas hasta sus últimos días, fueron cualidades superlativas. Prestaba libros y revistas sin límite.

En el Laboratorio Pulmonar se sabía cada técnica o prueba en sus detalles más mínimos y nos ponía a prueba siempre en ese campo que lo apasionaba. Demás está decir que particularmente la fisiología del ejercicio, de la que había hecho todo, era su máxima debilidad. Ahí sí, nadie se le animaba…. Era su lugar preferido. Pero sabía describir profundamente las imágenes del tórax, y así del diagnóstico diferencial, su juego preferido.  Era un formador “nato” de jóvenes médicos. Médicos que había  rotado por su servicio, siempre lo recordaban en esa virtud: la de dar sin condición, de abrir su casa y su biblioteca para disfrutar con la pasión por el conocimiento. Gozaba en la promoción de los jóvenes, encargándoles tareas que podrían ser vistas como desmesuradas por sus antecedentes o su edad, pero él promovía a las personas, delegando conferencias o tareas.

El crecimiento de sus discípulos era la mejor manera que creciera él. Toda una definición en el manejo de grupos y como administraba “ser Jefe”. Nunca le gustó el poder a la manera tradicional y vertical. Siempre renunció a títulos y honores. Convencerlo ser jurado o presidir un simposio, era tarea difícil. Siempre pensaba que había otra persona mejor que él que lo ejercería. Hasta los últimos momentos vivió en la sencillez y humildad, características de su personalidad. Su participación en la Sección de Rehabilitación Respiratoria de la AAMR fue continua desde su inicio, pero nunca quiso cargos directivos sino que esos fueran para los jóvenes. Respetaba profundamente la ciencia de Roberto González, Carlos Di Bartolo, Néstor Martelli y por sobre todo, a don Aquiles Roncoroni, a quien admiraba.

Como si fuera una tragedia griega, la vida le presentó padecer una enfermedad torácica grave con sin número de complicaciones. La vivió con valentía, siendo muchas veces su propio médico, y enfrentándola de pie. Atendió en su consultorio a sus pacientes hasta sus últimos días. Sus pacientes lo querían mucho. Sin duda, su fe religiosa lo asistió y ayudó para encontrarlo tan entero hasta sus últimos días ante esta cruel enfermedad. Ciertamente a algunos, las vida les pasa, y otros pasan por la vida llenándose de su sabiduría, ejemplo que Edgardo aprovechó, para hacer de sus últimos años, los mejores. Era muy tímido, y esa postura de “serio” a veces era una distancia que le hacía a muchos difícil acortar, pero era por su gran timidez. En los últimos años, supo abrirse más y disfrutamos de su excelente sentido del humor alemán.

Ani, su esposa y compañera, valiente compañera de toda su vida, fue su gran amor, fue su roca y bastón en la cual se apoyó para sobrellevar su enfermedad. Sentía un inmenso orgullo por sus dos hijos Martín y Mechi, y Sofía y Jerónimo, sus dos queridísimos nietos.

Edgardo Rhodius es una de las piedras fundacionales de la rehabilitación respiratoria en nuestro país. Los pacientes con enfermedades respiratorias crónicas y sus familias, sus discípulos, y la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria le estarán agradecidos a Edgardo por su aporte al desarrollo de la rehabilitación respiratoria en nuestro país. Los que tuvimos el privilegio de disfrutarlo como persona, de compartir su trabajo y afectos,  Edgardo nos lega sus valores, y su testimonio nos estimula a seguir trabajando en la rehabilitación respiratoria, en su difusión y mejoría en la formación de las futuras generaciones de médicos neumonólogos.
Maestro,  Muchas Gracias….un abrazo….

Dr.Martin Sivori
Médico de Planta Neumonólogo UBA
Hospital "Dr.Ramos Mejia", Buenos Aires