Puntos de vista

Publicado el 8 de mayo de 2001

Enfermedades coronarias

El exceso de hierro como factor de riesgo en la enfermedad coronaria.

Desde hace más de una década, se viene postulando la hipótesis de que el hierro puede aumentar la incidencia de enfermedad coronaria.

Autor/a: Dr. Ricardo Ferreira

El puntapié inicial lo lanzó Jerome Sullivan de la Universidad de Carolina del Sur, en un artículo que fue publicado allá por 1989 (1). En el mismo, Sullivan expuso una serie de atractivas evidencias tomadas en gran parte del estudio Framingham donde observó, que las mujeres postmenopáusicas aumentaban la incidencia de enfermedad coronaria.

Según Sullivan, esto se debía a que al no producirse pérdida de hierro en los ciclos menstruales, éste aumentaba su concentración en sangre y actuaba en forma deletérea sobre las arterias. El mecanismo de acción sería por la acción catalizadora del hierro en la formación de radicales libres del oxígeno. Es sabido que un gran número de reacciones que generan radicales libres, se aceleran y facilitan en presencia de ciertos metales pesados, fundamentalmente el hierro (2). En los hombres, que carecen del fenómeno cíclico menstrual, pasada la adolescencia, el hierro se acumula progresivamente lo que determina que la incidencia de enfermedades cardiovasculares ocurran con más frecuencia y más precozmente que en la mujer.

Obviamente a esta altura, surge el argumento opositor más evidente: las mujeres en la postmenopausia tienen mayor riesgo de enfermedad coronaria porque los estrógenos ejercerían una acción protectora contra la arteriosclerosis, acción que se pierde al caer los niveles plasmáticos de estas hormonas durante la menopausia.

Sin embargo, Sullivan tenía la respuesta para refutar este argumento. El había observado en el estudio Framingham, que las mujeres histerectomizadas pero con conservación de sus ovarios, aumentaban la incidencia de enfermedad coronaria (3). Por lo tanto, no serían las hormonas sino la falta de útero y por consiguiente de menstruación, lo que llevaría a un aumento de la patología coronaria.

Apoyando en forma indirecta esta hipótesis, han surgido durante el año pasado dos estudios intervencionistas (aleatorios y doble ciego estrógenos versus placebo), de prevención secundaria de la enfermedad coronaria que no demostraron beneficio alguno por parte de los estrógenos, e incluso se evidenció un leve aumento de coronariopatías en las pacientes tratadas (24,5).

Asimismo, un estudio de prevención de patología vascular periférica estrógeno versus placebo en mujeres, tampoco evidenció ninguna acción preventiva (6).

Respecto a la prevención primaria de la enfermedad coronaria mediante la terapia hormonal estrgénica, se conoce un solo estudio que es el WHI (Womens Health Initiative) ´(7). Este estudio es de tipo aleatorio y doble ciego y constituye el de mayor magnitud ya que ha enrolado a 160.000 mujeres postmenopáusicas de entre 50 y 79 años de edad. El estudio fue iniciado en 1992 y es de largo aliento, finalizando el protocolo en el 2007. Por lo tanto, los resultados no están a la vista; sin embrago, a semejanza de los estudios de prevención secundaria, en este programa también se observó el fenómeno de un incremento de eventos cardíacos durante los dos primeros años del estudio que luego se igualaron con el grupo placebo.

El desafío lanzado por Sullivan sobre el tapete científico, fue recogido por varios investigadores, siendo los más entusiastas los finlandeses. Un lista de los estudios realizados se encuentra detallada en la Tabla y como puede verse, los resultados son dispares (8-14). Los estudios son de corte o de tipo prospectivos, ya que por razones éticas no se puede realizar un doble ciego administrando hierro a una población.

Pero ésta barrera ética fue rota por un grupo de investigadores japoneses, liderados por H. Matsuoka (15), del Kurume  Medical School, quienes inyectaron altas dosis de hierro a un grupo de 10 voluntarios. Los autores detectaron un aumento del estrés oxidativo y de la disfunción endotelial. Paralelamente, a un grupo de fumadores les administraron deferoxamina, un quelante del hierro, comprobando que mejoraba la disfunción endotelial producida por el tabaco.

J. Danesh de la Oxford University (16), llevó a cabo un metaanálisis de todos los estudios epidemiológicos llevados a cabo  con el hierro y encontró como resultado una tendencia a un aumento de la enfermedad coronaria en los individuos con niveles elevados de ferritina sérica , pero sin alcanzar significancia estadística cuando se hacía el ajuste para factores de riesgo.

Como puede observarse, la controversia sobre el papel del hierro en la génesis de la enfermedad coronaria, persiste. Todo lo que podemos decir  hasta ahora es que a un hombre adulto o a una mujer post menopáusica, no es conveniente suplementarle la dieta con hierro a menos que exista una indicación médica precisa.