Noticias médicas

Publicado el 13 de junio de 2001

Accidente cerebrovascular

El estrés se relaciona con un incremento en el riesgo de ACV

Un nuevo estudio poblacional de varones de raza blanca de mediana edad ha confirmado con más datos que el estrés provoca un incremento en el riesgo de ACV.

En el estudio participaron 2.303 finlandeses varones de raza blanca y mediana de edad que fueron seguidos durante 11 años, ya que estaban incluidos en el estudio KIDH de factores de riesgo de cardiopatía isquémica que se viene llevando a cabo en la Universidad de Kuopio, en Finlandia, desde hace más de una década. Para determinar las reacciones de los hombres ante el estrés, los investigadores compararon su presión sanguínea en reposo con las cifras de presión sanguínea obtenidas antes de una prueba de esfuerzo en bicicleta realizada una semana después.

El equipo definió reactivación de la presión sanguínea sistólica y reactivación de la presión sanguínea diastólica como el cambio en las lecturas cuando el hombre supo que tenía que someterse al test de esfuerzo comparado con su promedio en las lecturas de la línea basal.

Everson ha señalado que "los aumentos de la presión sanguínea durante la fase de anticipación fueron consideradas como una medida de activación cardiovascular en respuesta al estrés fisiológico y de comportamiento". Los sujetos que tuvieron una presión sistólica media más alta antes de la prueba de esfuerzo presentaron un 72 por ciento más de riesgo de desarrollar cualquier tipo de ictus. Asimismo, este grupo tenía un 87 por ciento más de riesgo de desarrollar un ictus isquémico. Es decir, que cada incremento de 1 mm de Hg en la presión sistólica en la fase de anticipación correspondía a un incremento de un 1,5 de riesgo de ictus isquémico.

También se ha observado que los sujetos con un nivel menor de educación tenían un riesgo más elevado de desarrollar un ictus si se comparaban con los más cultos. Se apreció además que estos dos riesgos son acumulativos: una alta reactivación y un nivel de educación bajo suponen un riesgo de ictus tres veces mayor que en la población general.