Articles

/ Published on December 27, 2002

Estudio

El estrés es inevitable, el estrés crónico puede ser mortal

Los investigadores saben que el estrés físico debilita el sistema inmunológico, afecta el corazón y daña la memoria. Sin embargo, recién ahora se conocen los efectos profundos del estrés psicológico.

Author: Por Erica Goode

Hace veinte años, muchos científicos se burlaban de la idea de que el estado mental podía influir en la enfermedad. El vínculo entre la mente y el cuerpo estaba considerado un territorio pantanoso que, para bien de todos, debía recaer en manos de los psiquiatras. Sin embargo, en los últimos tiempos, los investigadores demostraron que el estrés psicológico aumenta la posibilidad de enfermarse y, ahora, parece que empezaron a entender por qué. La más nueva de las concepciones del estrés, desarrollada por el doctor Bruce McEwen, director del laboratorio de neuroendocrinología de la Universidad Rockefeller, de Nueva York, Estados Unidos, sostiene que lo nocivo no es el estrés en sí mismo, sino los problemas asociados que resultan de la interacción compleja entre las demandas exteriores y la capacidad del organismo para manejar las posibles amenazas.

Influyen sobre esa capacidad desde la herencia y la experiencia infantil hasta la dieta, el ejercicio y los patrones de sueño; como así también la presencia o ausencia de relaciones personales estrechas, el nivel de ingresos, la condición social y la acumulación de situaciones de estrés normales al punto de sobrecargar el sistema. En cantidades moderadas, sostienen los científicos, el estrés puede ser benigno, y la mayoría de la gente está preparada para manejarlo. Al prepararse para dar un discurso, evitar un choque o dar una prueba, el cuerpo pasa por una serie elaborada de ajustes: entran en acción los procesos psicológicos esenciales para movilizar una respuesta, en los que intervienen los sistemas cardiovascular e inmunológico, las glándulas endocrinas y las regiones del cerebro que administran la emoción y la memoria.

Las funciones no esenciales, como la reproducción y la digestión, pasan a segundo plano. Cuando se pronunció el discurso, se evitó un choque o se dio una prueba, otros ajustes complejos tranquilizan las cosas y el cuerpo regresa a su estado normal. Este proceso de “equilibrio a través del cambio”, esencial para la supervivencia, está preparado para los peligros que los seres humanos pueden enfrentar en un día típico en el desierto, la aparición inesperada de un león, por citar alguno, incluida. Pero las alarmas de los autos, la relación con el jefe, los matrimonios entre profesionales y los embotellamientos no estaban en los planes. Y ese es el problema. Porque cuando el estrés persiste durante mucho tiempo, o se vuelve muy severo, dice el doctor McEwen, “los mecanismos de protección se sobrecargan y causan daños”.

El doctor McEwen y sus colegas realizaron pruebas con ratas: las colocaron en un compartimiento pequeño en el que sólo podían moverse durante 6 horas por día. A los 21 días, las ratas comenzaron a dar señales de estrés crónico: se volvieron nerviosas y agresivas, sus sistemas inmunológicos perdieron velocidad y se atrofiaron sus células nerviosas en la región cerebral relacionada con la memoria. El doctor Sheldon Cohen, profesor de psicología de la Carnegie Mellon University de los EE.UU., determinó que la gente responde de la misma manera. Entre los voluntarios inoculados con un virus, quienes sufrían estrés en la vida cotidiana (desempleo o problemas familiares) tenían más probabilidades de enfermarse que quienes padecían menos estrés. Y cuanto más persistía el estrés, mayor el riesgo de contraer enfermedades.

Esto se ve agravado por la manera en que la gente responde al estrés, comiendo grasas, quedándose a trabajar hasta tarde o tomando en exceso. “El hecho es que vivimos en un mundo en el que nuestros sistemas no tienen posibilidades de descanso. Están afectados por el exceso de calorías, las pocas horas de sueño, la falta de ejercicio, el cigarrillo, el aislamiento y la competencia profesional”, explica el doctor McEwen. Pero aunque estar algo estresado es inevitable, enfermarse de los nervios no lo es. El doctor McEwen dice que existen varias estrategias para reducir los riesgos, aunque comerse medio kilo de helado para compensar una discusión familiar no es el caso. Lo aconsejable, según el experto, es comer sensatamente, dormir bien, hacer ejercicios de manera regular y dejar de fumar. “En la vida, todo es cuestión de elegir”, dijo.