En el primer estudio, investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania hallaron que las mujeres con cáncer de mama que hacían ejercicio después de la quimioterapia experimentaron un aumento de los linfocitos T que combaten las infecciones.
Para este estudio, 49 mujeres entre los 29 y 71 años fueron asignadas a un grupo de ejercicios o a un grupo sin ejercicios. Las mujeres en el grupo de ejercicios empezaron sus rutinas por lo regular al mes de finalizar la quimioterapia. Los entrenamientos, que podían realizarse en la casa o el gimnasio, consistían en estiramientos, “flexbands” para entrenamientos de resistencia, y actividades aeróbicas, tales bicicleta o caminar.
Las mujeres que practicaron ejercicio no sólo mostraron linfocitos T más activas que las que no se lo hicieron, sino que también mostraron mejoras en la fortaleza del cuerpo superior, la ingesta máxima de oxígeno, la calidad de vida, el bienestar social y la fatiga.
El segundo estudio, del MD Anderson Cancer Center (Estados Unidos), ofreció evidencias de que la cúrcuma, un componente de la especia curcumina, podría reducir la propagación del cáncer de mama a los pulmones, al menos en ratones. El experimento, que se hizo dos veces, conllevó injertos en crecimiento de cáncer de mama humano en ratones, extraídos quirúrgicamente, luego se dividieron los ratones en cuatro grupos y se les trató con sólo cúrcuma, sólo taxol, cúrcuma más taxol o nada.
Al final de cinco semanas, todos menos el grupo de control mostraban signos de una cierta continencia del cáncer, en especial en los dos grupos de roedores que recibieron cúrcuma.
La segunda vez que se realizó el estudio, los resultados fueron similares salvo que la cúrcuma incluso superó a taxol.
Finalmente, otro estudio en ratones, del Hormel Institute de la University of Minnesota (Estados Unidos), indicó que entrar y salir de dietas podría en realidad prevenir el cáncer de mama en mujeres posmenopáusicas. Los ratones sometidos a la dieta yo-yo tuvieron un 96% de reducción del cáncer, en comparación con los animales a los que se les permitió comer lo que quisieran.
"Es bien sabido durante décadas que la restricción crónica de alimentos protege contra muchas cosas, no solamente el cáncer, pero se creía que ese efecto protector existía hasta el grado en que se restringían las calorías", apuntó Cleary. "Nuestros resultados muestran que es realmente la manera en que se reciben esas calorías la que puede tener un efecto significativo en cuanto al impacto".
Webs Relacionadas
MD Anderson Cancer Center
Hormel Institute de la University of Minnesota
Department of Defense Breast Cancer Research Program