La pubertad es la más visible y tangible de todos los cambios madurativos que se producen en este periodo.
Una de las principales características de la pubertad es su variabilidad. El comienzo, la cronología, el ritmo y la magnitud de los cambios puberales están sometidos de manera importante a la influencia de factores genéticos, así como del estado de salud general y factores nutricionales, ambientales y socioeconómicos.
La cronología de los hitos puberales se aproxima a una distribución normal. La edad de la pubertad y la menarca han disminuido a un ritmo estable a lo largo de las últimas generaciones, atribuyendo esto a la mejor salud y nutrición.
El desarrollo puberal que antes podría haber sido considerado precoz, es reconocido ahora como dentro de los límites normales; estudios recientes parecen demostrar que la tendencia a una pubertad más precoz ha alcanzado a la meseta.
La gran variabilidad en el comienzo, la cronología, el ritmo y la magnitud de los cambios puberales, la progresión a través de la pubertad, es similar y predecible en todos los adolescentes. La secuencia de los hitos puberales normales es tan fiable que cualquier desviación de la progresión debe generar una evaluación cuidadosa y puede requerir mayor estudio.
Es necesario recordar que las diferencias estadísticas entre normal y anormal son puramente arbitrarias. La mayoría de los adolescentes con pubertad tardía no padecen patología alguna, simplemente tiene un retraso genético. Lo mismo sucede con la mayoría de los adolescentes que se desarrollan precozmente; éstos no tienen patología específica alguna.
Por lo tanto, aunque un adolescente cuyo desarrollo esté fuera del rango estadísticamente “normal”, precisa una evaluación clínica y quizás análisis de laboratorio o estudios radiológicos. Su evolución poco habitual probablemente sólo se deba a la variabilidad propia de la cronología puberal.
LA CRISIS ADOLESCENTE
Trabajar con adolescentes implica la necesidad de conocer cuáles son los cambios físicos y de conducta de esta etapa de la vida, pero más que esto implica tener presente que es un proceso de crisis para la sociedad toda.
Decir “crisis de la adolescencia”, tiene sentidos diversos en el imaginario colectivo. Tanto la opinión popular como el pensamiento científico, nos la describen como un periodo de crisis individual, de conflicto y de tensión, como si atravesarlo significara remitirse, de manera natural y sin remedio, a una etapa negativa y problemática. Desde el punto de vista psicológico y médico, la adolescencia implica un proceso con actos de rebeldía y contradicciones y sin duda, poblado de situaciones de mayor o menor intensidad de conflicto. Para los padres se cierne amenazante, como un nubarrón, cuando sus hijos recién comienzan a dejar la niñez.
Mitos
La sociedad adulta en general hace responsable a la adolescencia de males diversos y variados y los propios adolescentes describen con increíble propiedad los trastornos que ocasiona.
Sin embargo, algunos de los problemas más serios de nuestra sociedad (la violencia, las drogas, el SIDA, las muertes de causas accidentales) los encuentran entre sus víctimas principales.
Actualmente, este mito alrededor de la adolescencia es puesto en tela de juicio por muchos investigadores y la crisis adolescente no debe ser planteada, necesariamente, como problema ni debilidad, sino como un proceso imprescindible para el surgimiento de la persona adulta.
Estar en contacto con adolescentes como profesional es una tarea de suma complejidad. Muchas veces los especialistas en adolescencia, nos encontramos con jóvenes y familias que se presentan con un particular sufrimiento, sumidos en angustia; que nos muestran realidades en las que se pone en juego cada vez más la interdependencia de lo subjetivo, lo familiar y lo social. Se torna imprescindible entonces darle la dimensión justa a este momento de la vida de un sujeto. La crisis de la adolescencia muestra su impacto, además, en lo social, al particularizar en cada época los conflictos generacionales, adquiriendo formas distintas de enfrentar las dificultades, construyéndose cosmovisiones diversas que dan cuenta de la confrontación necesaria para que una sociedad crezca.
La crisis de los padres
Por otro lado, la crisis adolescente es correlativa con la crisis de los padres ya que este movimiento de la endogamia a la exogamia pone en juego las representaciones, deseos y anhelos depositados en los hijos aún antes de su nacimiento.
Podríamos decir que los padres se enfrentan a la realidad de los caminos posibles y distintos de los esperados para ese hijo. Por lo tanto, deben realizar el duelo por el hijo ideal que nunca es tal y conforme a lo esperado por el propio narcisismo.
¿Cómo debe ser considerada la adolescencia?
La adolescencia debe ser considerada como un fenómeno individual, familiar y social. No es posible pensar a un sujeto fuera de la cultura y del lazo social.
La crisis de la adolescencia es el resultado de un conflicto entre la facultad de pensar y la incapacidad de decidir, por lo menos en los primeros (que parecen muy largos) años, después de los cuales todo parece volver a la normalidad y los padres creen haber recuperado al hijo tranquilo de los años previos, aunque en realidad ese hijo ya no es él.
Este planteo nos permite considerar el compromiso que debemos tener, como adultos y profesionales en contacto permanente con niños y adolescentes, de contactarnos con los saberes de distintas disciplinas. Solo así estaremos en condiciones de dar una mirada integral para cada adolescente y para cada familia.
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Publicado el 24 de marzo de 2008
Curso -a distancia- Estadística y Epidemiología, Htal Italiano
El Cuidado de la Salud en la Adolescencia
La adolescencia es un proceso complejo y dinámico, caracterizado por el desarrollo simultáneo pero asincrónico dentro de varios canales (el físico, el cognitivo y psicológico y el social).
El cuidado de la Salud en la Adolescencia
LA PUBERTAD
La pubertad es la más visible y tangible de todos los cambios madurativos que se producen en este periodo.
Una de las principales características de la pubertad es su variabilidad. El comienzo, la cronología, el ritmo y la magnitud de los cambios puberales están sometidos de manera importante a la influencia de factores genéticos, así como del estado de salud general y factores nutricionales, ambientales y socioeconómicos.
La cronología de los hitos puberales se aproxima a una distribución normal. La edad de la pubertad y la menarca han disminuido a un ritmo estable a lo largo de las últimas generaciones, atribuyendo esto a la mejor salud y nutrición.
El desarrollo puberal que antes podría haber sido considerado precoz, es reconocido ahora como dentro de los límites normales; estudios recientes parecen demostrar que la tendencia a una pubertad más precoz ha alcanzado a la meseta.
La gran variabilidad en el comienzo, la cronología, el ritmo y la magnitud de los cambios puberales, la progresión a través de la pubertad, es similar y predecible en todos los adolescentes. La secuencia de los hitos puberales normales es tan fiable que cualquier desviación de la progresión debe generar una evaluación cuidadosa y puede requerir mayor estudio.
Es necesario recordar que las diferencias estadísticas entre normal y anormal son puramente arbitrarias. La mayoría de los adolescentes con pubertad tardía no padecen patología alguna, simplemente tiene un retraso genético. Lo mismo sucede con la mayoría de los adolescentes que se desarrollan precozmente; éstos no tienen patología específica alguna.
Por lo tanto, aunque un adolescente cuyo desarrollo esté fuera del rango estadísticamente “normal”, precisa una evaluación clínica y quizás análisis de laboratorio o estudios radiológicos. Su evolución poco habitual probablemente sólo se deba a la variabilidad propia de la cronología puberal.
LA CRISIS ADOLESCENTE
Trabajar con adolescentes implica la necesidad de conocer cuáles son los cambios físicos y de conducta de esta etapa de la vida, pero más que esto implica tener presente que es un proceso de crisis para la sociedad toda.
Decir “crisis de la adolescencia”, tiene sentidos diversos en el imaginario colectivo. Tanto la opinión popular como el pensamiento científico, nos la describen como un periodo de crisis individual, de conflicto y de tensión, como si atravesarlo significara remitirse, de manera natural y sin remedio, a una etapa negativa y problemática. Desde el punto de vista psicológico y médico, la adolescencia implica un proceso con actos de rebeldía y contradicciones y sin duda, poblado de situaciones de mayor o menor intensidad de conflicto. Para los padres se cierne amenazante, como un nubarrón, cuando sus hijos recién comienzan a dejar la niñez.
Mitos
La sociedad adulta en general hace responsable a la adolescencia de males diversos y variados y los propios adolescentes describen con increíble propiedad los trastornos que ocasiona.
Sin embargo, algunos de los problemas más serios de nuestra sociedad (la violencia, las drogas, el SIDA, las muertes de causas accidentales) los encuentran entre sus víctimas principales.
Actualmente, este mito alrededor de la adolescencia es puesto en tela de juicio por muchos investigadores y la crisis adolescente no debe ser planteada, necesariamente, como problema ni debilidad, sino como un proceso imprescindible para el surgimiento de la persona adulta.
Estar en contacto con adolescentes como profesional es una tarea de suma complejidad. Muchas veces los especialistas en adolescencia, nos encontramos con jóvenes y familias que se presentan con un particular sufrimiento, sumidos en angustia; que nos muestran realidades en las que se pone en juego cada vez más la interdependencia de lo subjetivo, lo familiar y lo social. Se torna imprescindible entonces darle la dimensión justa a este momento de la vida de un sujeto. La crisis de la adolescencia muestra su impacto, además, en lo social, al particularizar en cada época los conflictos generacionales, adquiriendo formas distintas de enfrentar las dificultades, construyéndose cosmovisiones diversas que dan cuenta de la confrontación necesaria para que una sociedad crezca.
La crisis de los padres
Por otro lado, la crisis adolescente es correlativa con la crisis de los padres ya que este movimiento de la endogamia a la exogamia pone en juego las representaciones, deseos y anhelos depositados en los hijos aún antes de su nacimiento.
Podríamos decir que los padres se enfrentan a la realidad de los caminos posibles y distintos de los esperados para ese hijo. Por lo tanto, deben realizar el duelo por el hijo ideal que nunca es tal y conforme a lo esperado por el propio narcisismo.
¿Cómo debe ser considerada la adolescencia?
La adolescencia debe ser considerada como un fenómeno individual, familiar y social. No es posible pensar a un sujeto fuera de la cultura y del lazo social.
La crisis de la adolescencia es el resultado de un conflicto entre la facultad de pensar y la incapacidad de decidir, por lo menos en los primeros (que parecen muy largos) años, después de los cuales todo parece volver a la normalidad y los padres creen haber recuperado al hijo tranquilo de los años previos, aunque en realidad ese hijo ya no es él.
Este planteo nos permite considerar el compromiso que debemos tener, como adultos y profesionales en contacto permanente con niños y adolescentes, de contactarnos con los saberes de distintas disciplinas. Solo así estaremos en condiciones de dar una mirada integral para cada adolescente y para cada familia.
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