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/ Publicado el 13 de febrero de 2026

Fuerza muscular y pronóstico

¿El cuádriceps como héroe cardiovascular?

La potencia isométrica del muslo emerge como un marcador independiente de eventos posteriores a síndromes coronarios agudos, más allá de los factores clínicos tradicionales y de la función ventricular inicial.

Contexto clínico

La insuficiencia cardíaca posterior al síndrome coronario agudo continúa siendo una de las principales causas de morbimortalidad a mediano y largo plazo, aun en la era de la revascularización temprana y la terapia farmacológica optimizada. La estratificación de riesgo se apoya tradicionalmente en variables demográficas, carga de comorbilidades, extensión del daño miocárdico y parámetros de función ventricular. Sin embargo, estos indicadores no capturan de forma completa la heterogeneidad funcional de los pacientes ni su reserva fisiológica sistémica.

En este marco, la evaluación del músculo esquelético ha adquirido relevancia como marcador integrador de salud global. Diversos estudios han demostrado asociaciones consistentes entre fuerza muscular y mortalidad total en poblaciones con enfermedad coronaria establecida, aunque su relación específica con la incidencia posterior de insuficiencia cardíaca tras un evento coronario agudo ha sido menos explorada de manera sistemática.

La musculatura esquelética no constituye únicamente un órgano efector del movimiento, sino un tejido metabólicamente activo con funciones endocrinas, inflamatorias y vasculares. La secreción de mioquinas, la modulación del metabolismo glucolipídico y la interacción con el endotelio configuran un eje músculo–corazón de creciente interés fisiopatológico, por lo que la fuerza de los miembros inferiores podría reflejar no solo capacidad funcional, sino también un entorno biológico más favorable para la recuperación miocárdica.

Diseño y población analizada

El estudio se desarrolló bajo un diseño observacional retrospectivo en un centro universitario especializado, que incluyó pacientes internados por síndrome coronario agudo sin antecedentes de insuficiencia cardíaca ni descompensación durante la hospitalización inicial. Se consideraron infartos con y sin elevación del segmento ST, así como cuadros de angina inestable, definidos según guías internacionales.

La cohorte final estuvo compuesta por más de mil individuos, con un seguimiento promedio superior a cuatro años. La variable principal de interés fue la fuerza isométrica del músculo extensor de rodilla, medida al alta mediante dinamometría portátil estandarizada y expresada en relación con el peso corporal, estratificada por la mediana específica de sexo.

El punto final primario fue la internación por insuficiencia cardíaca, definida por criterios clínicos validados. Las características basales incluyeron edad, sexo, índice de masa corporal, antecedentes cardiovasculares, función renal, fracción de eyección, biomarcadores y tipo de revascularización. Se incorporaron además parámetros funcionales, como la distancia recorrida en la caminata de seis minutos, y se aplicaron modelos multivariados con análisis de discriminación y reclasificación de riesgo.

Resultados principales

Durante el seguimiento se registró una incidencia relevante de hospitalización por insuficiencia cardíaca, comparable a la reportada en series contemporáneas de síndrome coronario agudo. Los pacientes con mayor fuerza isométrica presentaron una tasa significativamente menor de este evento que aquellos ubicados en el estrato de menor desempeño funcional.

Tras el ajuste por edad, sexo, antecedentes, función renal, frecuencia cardíaca y tipo de presentación clínica, la asociación se mantuvo como independiente. Cada incremento relativo de la fuerza respecto del peso corporal se vinculó con una reducción progresiva del riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca, incluso al considerar la muerte como evento competitivo.

La incorporación de la fuerza muscular a los modelos pronósticos tradicionales mejoró de forma significativa los índices de discriminación y reclasificación. Asimismo, la relación fue consistente en subgrupos definidos por edad, presencia de diabetes, niveles de péptidos natriuréticos, fracción de eyección y extensión de la enfermedad coronaria, lo que respalda su aplicabilidad en distintos perfiles clínicos.

Mecanismos fisiopatológicos propuestos

La asociación entre mayor fuerza muscular y menor riesgo de insuficiencia cardíaca puede explicarse por múltiples ejes biológicos complementarios. El músculo esquelético actúa como un órgano endocrino capaz de liberar mioquinas con efectos antiinflamatorios, metabólicos y citoprotectores sobre el miocardio, que podrían favorecer la adaptación ventricular tras el daño isquémico.

Un mayor volumen y función muscular se asocian además con mejor sensibilidad insulínica, menor carga inflamatoria sistémica y un perfil lipídico más favorable, reduciendo estímulos hemodinámicos y neurohormonales implicados en la progresión hacia la insuficiencia cardíaca.

Desde una perspectiva hemodinámica y funcional, una mayor masa muscular periférica contribuye a una distribución más eficiente del flujo durante el ejercicio, disminuye la poscarga efectiva y se correlaciona con mayor capacidad aeróbica y nivel de actividad física, factores estrechamente vinculados al pronóstico cardiovascular.

Implicancias diagnósticas y rehabilitación

La medición de la fuerza isométrica de los miembros inferiores es una técnica simple, reproducible, de bajo costo y factible de aplicar al momento del alta hospitalaria. Su incorporación sistemática podría complementar la estratificación basada en fracción de eyección, biomarcadores y comorbilidades, permitiendo identificar pacientes con menor reserva funcional y mayor riesgo de eventos posteriores.

Desde el punto de vista terapéutico, los resultados refuerzan el rol de la rehabilitación cardiovascular con énfasis en el entrenamiento de fuerza. Los programas que combinan ejercicio aeróbico y resistencia han demostrado mejorar capacidad funcional, calidad de vida y control de factores de riesgo.

El fortalecimiento de la musculatura de los miembros inferiores podría, además, influir en la evolución clínica a largo plazo. Si bien la evidencia actual no permite establecer causalidad, los hallazgos respaldan la hipótesis de que intervenir sobre el estado muscular podría modificar el riesgo de insuficiencia cardíaca en el contexto de la prevención secundaria.

Conclusiones

En pacientes con síndrome coronario agudo sin insuficiencia cardíaca previa, una mayor fuerza isométrica del extensor de rodilla se asoció de manera inversa e independiente con la incidencia posterior de descompensación cardíaca. Esta relación se mantuvo tras el ajuste por variables clínicas, funcionales y bioquímicas, y mejoró la capacidad de los modelos pronósticos para identificar sujetos de mayor riesgo.

En conjunto, los resultados sugieren que el estado muscular esquelético constituye un componente relevante del riesgo residual tras un evento coronario y que su evaluación sistemática podría integrarse a la estratificación clínica y al diseño de estrategias de rehabilitación orientadas a la prevención secundaria cardiovascular.

 

Comentario de la Dra. Ana Paola Courtade

A partir de este artículo concluimos que personas con mayor fuerza en sus miembros inferiores tienen menos probabilidad de desarrollar insuficiencia cardíaca después de haber padecido un infarto. Aquí se pone en evidencia la importancia de realizar rehabilitación cardiovascular después de un síndrome coronario agudo, ya que disminuirá la probabilidad de tener complicaciones severas. Estos resultados respaldan la incorporación de manera sistemática de estrategias de entrenamiento de fuerza en programas de rehabilitación cardiovascular.


*Dra. Ana Paola Courtade. Médica Cardióloga.  Ex presidente del Comité de Cardiología del ejercicio de la Federación Argentina de Cardiología (FAC).