Este descubrimiento, obtenido por un estudio de investigadores de la University of Toronto (Canadá), quita argumentos a la idea de que las exposición a las radiaciones ionizadas, a través de los cribados rutinarios de mamografías, contribuyen substancialmente a acrecentar el riesgo de cáncer de mama en portadoras de las mutaciones BRCA1 y BRCA2.
Las mujeres portadoras de tales mutaciones presentan un alto riesgo de desarrollar cáncer de mama y de ovario. A menudo, dichas mujeres inician en edades más tempranas sus cribados mamográficos.
Los investigadores habían sostenido que el riego de cáncer de mama en estas mujeres podía incrementarse debido a los tempranos y repetidos cribados, ya que tal vez eran más sensibles a los daños de las radiaciones que las mujeres no portadoras de estas mutaciones.
Sin embargo, los resultados del estudio controlado sobre 1.600 casos emparejados indican que estos criterios anteriores parecen injustificados.
Los investigadores no hallaron ninguna asociación de aumento de cáncer de mama entre aquellas mujeres que siempre se habían realizado mamografías, comparadas con las que realizaban cribados con otros métodos.
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Lancet Oncology