Noticias médicas

Publicado el 3 de diciembre de 2006

La enfermedad y la red

El blog como tratamiento psiquiátrico

ELPAIS.com publicará a partir del 1 de diciembre ‘Yo y mi garrote’, la bitácora de Xavi L., un joven informático y músico, internado por una enfermedad mental.

Desde el 1 de de diciembre, ‘Yo y mi garrote’, el blog de Xavi L., se traslada a las páginas de ELPAIS.com, desde donde el público podrá leer diariamente las historias de este músico e informático de 32 años, confinado y esperanzado, y dar cuenta de su paulatina recuperación. La bitácora fue descubierta a través del ‘Blog de Bloggers’, de ELPAIS.com.

“Mi garrote, sin lugar a dudas, es uno de los motores de la realidad. Cuando estás bajo los poderes de mi ‘gran hermano’, todo, todo cobra sentido. La sinceridad se agranda. Cuando amenazo con mi garrote, ellos ven claramente que hay ‘Una Realidad’ que no comparten y no entienden pero que está ahí, y que es bastante sutil. Mensajes refinados, con un simple gesto, que se entienden a la primera siempre. Voy a conseguir hacer cosas buenas con mi garrote”.

Así es una entrada en el blog de Xavi, un joven recluido en un instituto municipal de asistencia sanitaria de Cataluña, de una ciudad que se cuida de no mencionar. Tampoco nos ofrece la identidad del doctor V. M. L., quien le permite tener esta comunicación inusual con el exterior. El 'Doctorcito V.', como Xavi lo llama en su bitácora, nos explica los porqué de este inusual tratamiento:

“Xavi ingresó aquí con un cuadro severo de delirio y fenómenos psicosensoriales. Nunca se ha querido desprender de un inofensivo garrote de plástico a quien humaniza y con el que mantiene conversaciones de forma permanente. La única forma de sacarlo de esta realidad paralela es ofreciéndole una guitarra, que acepta a veces. O un ordenador portátil, que acepta siempre. Me ha llamado la atención un detalle: Xavi utiliza el portátil para escribir al exterior, y en sus narraciones la desestructuracion del pensamiento agudo retrocede. Cuando hace casi un año le ofrecí la posibilidad de escribir un weblog y publicarlo, sus escenas esquizoides comenzaron a menguar sensiblemente".

A partir, de ahora puedes seguir las aventuras de Xavi L. en : http://blogs.elpais.com/xavi

 

Los sonidos agradables

Me siento muy honrado de escribir aquí, en ELPAIS.com, este periódico por el que siento tanto respeto, dado que mi padre lo enrollaba los domingos y me zurraba con él hasta hacerme desmayar. No era importante si yo había hecho algo malo. Me zurraba porque mi padre era coleccionista de sonidos agradables.

Le agradaba, por ejemplo, el ruido que hacía un pequeño cristal al quebrarse, clac, y el crepitar del tabaco dentro de una pipa de roble. También sus propios pedos después de cenar chorizo pamplonica, stromb, y las gotas de la lluvia cayendo en un cuenco, plic, plic.

Pero más que ninguna cosa le agradaba reventarme a golpes la espalda con el dominical de El País enrollado, plaz, plaz, plaz. Los domingos el periódico traía muchas páginas y, según él, eso producía una acústica inmejorable.

Mi padre perseguía onomatopeyas y trabajaba en Correos, y así creía yo que eran todos los padres del mundo. Hasta que tuve que ir a la mili y descubrí que los padres de los otros soldados no perseguían onomatopeyas ni tampoco trabajaban en Correos. Me sentí un poco desengañado.

El segundo fin de semana de mayo de 1993 volví a casa con mi traje de soldado. Era mi primer permiso. El viernes y el sábado todo estuvo tranquilo. Pero el domingo llegó el periódico por debajo de la puerta. Traía una revista de motor y dos suplementos. Mi padre se sentó a la mesa y comenzó a enrollarlo todo, mientras me miraba.

Esa vez no le permití buscar nuevos sonidos. En la mili me habían enseñado muchas cosas que todavía me son muy útiles aquí en el Institut: a estarme quieto, a cavar profundo, a cagar en la oscuridad, a comer cosas amarillas que se mueven, y también a defenderme del ataque enemigo.

Por lo tanto no dejé a mi padre buscar sonidos agradables en mi espalda. Cuando vino a por mí le hice frente. Lo miré a los ojos y le dije no papa, ya no, papa. Pero él no me hizo caso porque tenía mono de tres semanas. Y entonces debí detenerlo.

A mi padre le habría gustado mucho oír el ruido de su propio cuello entre mis manos. Fue algo así: cric, cric, cric, y después trac. Un sonido que él mismo hubiera catalogado “de agradable a muy agradable”.

A la semana yo iba de un psiquiátrico a otro. Ni siquiera me dejaron estar en el entierro. Le dijeron a mi madre que yo no era malo, que lo que estaba era enfermo, y entonces me empezaron a buscar sitio con los locos. En total he estado en cuatro hospitales y en dos institutos, todos en Cataluña. El de ahora es el que más me gusta, porque tiene bañera.

Me llamo Xavi L. y tengo 31 años. Hace trece que me dan pastillas y me tienen encerrado para que no le haga daño a los demás. Hace cuatro que vivo en la unidad de agudos del Institut Psiquiátric de la ciudad de S., donde me tratan muy bien. Desde hace algunos meses el doctor V.L. me deja hacer un blog como parte de la terapia. Hasta ayer publicaba ese blog en una página gratuita y no lo leía ni Dios, pero ahora El País me ha invitado a hacerlo desde aquí.

Todo empieza y termina con este periódico, entonces. Me gusta mucho que así sea, porque las cosas que acaban donde comienzan tienen su lado poético y su toquecillo de revancha.