Esta encuesta también revela el fuerte impacto emocional, la preocupación y la frustración que los padres sienten respecto a los síntomas de sus hijos, así como la necesidad de un tratamiento específico para esta edad.
El asma es la enfermedad crónica más frecuente en la infancia y, según los expertos, en España el 30% de los niños de 6 a 24 meses tienen síntomas asmáticos, que aparecen como media antes de los 9 meses de edad. No obstante y según afirman en la encuesta los padres de niños menores de un año, sus hijos comenzaron a manifestar los síntomas, de media, a los cinco meses de edad.
Debido a la dificultad de diagnosticar inequívocamente el asma en niños tan pequeños (a los que no se puede hacer pruebas de función pulmonar), se entiende que ante la aparición simultánea y continua de ciertos síntomas respiratorios se está ante un cuadro de “síntomas asmáticos”. Estos síntomas son las sibilancias o “pitos”, la dificultad para respirar, la tos nocturna o permanente y la dificultad respiratoria al correr o jugar.
La encuesta realizada por Demoscopia en 13 ciudades españolas a 400 padres de niños con síntomas asmáticos revela que el 82% de estos niños tienen varios síntomas asmáticos a la vez, siendo el más frecuente los “pitidos o sibilancias”. En cuanto a la frecuencia, un 42% de estos niños padece estos síntomas una o varias veces al mes, y en el 11% de los casos los síntomas son permanentes.
Tal y como señaló la socióloga Coral Hernández en la presentación de esta encuesta, el hecho de que el asma en edades tan tempranas no esté diagnosticado o esté mal controlado tiene un gran impacto en la calidad de vida del niño y sus cuidadores: “Más de la mitad de los padres, un 54% observa que, debido a los problemas respiratorios, sus hijos duermen mal y se despiertan con mucha frecuencia, siendo también muy habitual (42%) la falta de apetito en niños con problemas respiratorios”. Otros efectos comunes son la falta de energía (28,5%); el nerviosismo y la irritabilidad (28%); la tristeza (24%) y la fatiga (21%).
Por otro lado, añadió esta experta, “la encuesta revela que prácticamente dos tercios de los padres también duermen mal, y que el temor por su hijo genera hábitos como el no atreverse a salir sin el niño (45%) o el que los padres -casi la mitad- prefieran que el niño duerma con ellos”. Además, los padres declaran sentirse muchas veces angustiados por no saber qué hacer cuando el niño respira mal (37%) y afirman estar siempre preocupados y hablar constantemente del tema (34%), así como tener que ausentarse frecuentemente del trabajo debido a la enfermedad de su hijo (31%).
El tratamiento de los síntomas asmáticos se basa en una medicación preventiva o “de fondo”, que se administra todos los días para evitar lo máximo posible la aparición de síntomas, y otra medicación intermitente o “de rescate”, para ayudar al niño a respirar con normalidad cuando sufre una crisis, es decir, cuando se le agravan los síntomas. La administración de estos tratamientos en niños menores de dos años requiere el uso de dispositivos (cámaras espaciadoras, mascarillas y otros aparatos) difíciles de manejar, mediante los cuales se aplican los fármacos existentes para niños de mayor edad.
Estos tratamientos son administrados tanto por vía oral como inhalada (mascarillas y aerosoles). “Entre los principales problemas de la medicación según los padres -apuntó Coral Hernández- está que se tienen que administrar varias dosis al día (en el 86% de los casos dos dosis al día, en el 39% tres o más), que hay que utilizar aparatos especiales (67%) y que los niños se resisten a ser medicados (27%)”. Además, el 44% afirma que los niños no mejoran al poco tiempo de recibir la medicación y el 40,5% que los síntomas no desaparecen. Finalmente, los padres declararon, en una escala del 1 al 10, estar bastante preocupados (7,66) por lo efectos secundarios de la medicación que estaban dando a sus hijos.
Pese a la necesidad de mantener un tratamiento de fondo continuo, algo en lo que coinciden neumólogos y alergólogos, según esta encueta el 77,5% de los niños asmáticos son medicados de forma intermitente y sólo ante la aparición de síntomas.
Los síntomas respiratorios relacionados con el asma son muy frecuentes en la primera infancia. Tal y como señaló el Dr. José Ramón Villa, neumopediatra del Hospital Niño Jesús de Madrid, “aproximadamente el 25% de los niños menores de tres años tiene en algún momento síntomas de asma como tos, sibilancias y dificultad respiratoria, fundamentalmente durante los catarros”. “No obstante -añadió- aproximadamente el 60% de estos niños deja de tener síntomas respiratorios antes de los cinco años de vida y a los siete años, el 10-15% de los niños en España tienen asma”.
Uno de los principales problemas del asma en edades tan tempranas es la dificultad de diagnóstico, que es puramente clínico. “En niños por encima de seis años el diagnóstico es relativamente claro -los síntomas están más definidos y los niños colaboran para hacer pruebas de función pulmonar-. Sin embargo, en niños pequeños hay que ser más cautos pues la clínica a veces es indistinguible de la de otros procesos respiratorios diferentes del asma”. Por ello a estas edades es más correcto hablar de “síntomas asmáticos” antes que de asma.
En cuanto a la forma de tratar los síntomas asmáticos en estos niños, el Dr. Villa señala que “existen algunos tratamientos (teofilinas, cromonas, ketotifeno) que han demostrado ser poco útiles y otros más eficaces como los corticoides inhalados, que utilizados con precaución son razonablemente seguros. No obstante, los corticoides inhalados son poco útiles en niños que padecen asma relacionado con infecciones víricas y su utilización por vía inhalada no siempre es fácil, además de los posibles efectos adversos cuando se aplican dosis altas”.
Tradicionalmente se consideraba que los mediadores principales de la inflamación asmática eran las citocinas, por lo que el tratamiento se centraba en el uso de corticoides. Sin embargo, en el asma existen dos vías de la inflamación: la producida por las citocinas y la mediada por los leucotrienos. Estos últimos mediadores clave, los leucotrienos, tienen una capacidad de broncoconstricción mil veces más potente que la histamina y sólo pueden ser bloqueados por los fármacos antileucotrienos, ya que los corticoides, si bien sí tienen acción sobre las citocinas, no ejercen ningún efecto sobre los leucotrienos.
A este respecto, estos expertos han señalado la relevancia de una nueva presentación granulada de montelukast, fármaco de la familia de los antileucotrienos, específicamente desarrollada para los niños de estas edades. Esta nueva presentación se administra una vez al día en forma de granulado fino que se puede mezclar con una cucharada de la papilla o el yogur de los niños.