Medical News

/ Published on March 13, 2007

Prevención

Ejercicio y prevención de la discapacidad a edad avanzada

Protección para los ancianos activos físicamente

Estar físicamente activo protege a las personas mayores de la discapacidad, según ha demostrado un estudio publicado en “Journal of the American Geriatrics Society” y llevado a cabo por un equipo dirigido por la Dra. Patricia A. Boyle, Rush Alzheimer's Disease Center (Estados Unidos).

Entre 1.020 residentes de un complejo de casas para adultos mayores, todos sin demencia, el riesgo de sufrir una discapacidad disminuyó un 7% por cada hora adicional por semana de ejercicio.

Asimismo, cada hora semanal más de actividad física reducía un 11% el riesgo de morir en los años posteriores.

"Estos resultados sugieren que la actividad física es importante para mantener la independencia funcional en la vejez", concluyeron los autores.

Los investigadores tuvieron en cuenta varios factores existentes que causan discapacidad y podían alterar la actividad, como la capacidad de caminar, el dolor articular, el índice de masa corporal y los síntomas depresivos. Por ello, es imposible que los resultados se debieran a que sólo se trataba de personas sanas que son activas.

Los participantes tenían entre 54 y 100 años, con una edad promedio de 80. Los autores controlaron a los participantes durante unos 2,5 años, además de realizarles estudios anuales detallados de salud y nivel de actividad física.

La mortalidad disminuyó a medida que aumentó la cantidad de ejercicio: las personas que dedicaban 2,25 horas por semana a la actividad física eran un 24% menos propensas a morir durante el estudio, que los que eran sedentarios.

Los hombres y las mujeres que realizaron 7 horas semanales de actividad física eran un 57% menos propensas a morir que sus pares sedentarios.

El riesgo de perder la capacidad de desarrollar las actividades diarias también disminuyó con el aumento de la actividad física.

Los investigadores analizaron por separado las actividades cotidianas (caminar distancias cortas, alimentarse, vestirse y ducharse) y las tareas instrumentales de todos los días, como usar el teléfono, cocinar, ir de compras y limpiar la casa.

La probabilidad de perder la capacidad de realizar cualquiera de esas dos clases de actividad disminuyó un 7% por cada hora de actividad adicional.

Journal of the American Geriatrics Society 2007;55;195-201