Introducción |
La inteligencia durante la juventud, evaluada convencionalmente mediante medidas como el coeficiente intelectual (CI), se ha asociado con importantes resultados vitales, incluyendo mejor salud futura, bienestar financiero, éxito socioeconómico, e incluso felicidad.
La inteligencia está influenciada por la genética y factores ambientales, desde el período prenatal. Diversos factores ambientales parecen influir en la inteligencia a edades tempranas, entre ellos la nutrición, la educación, el nivel socioeconómico, el entorno parental, el tipo de parto, e incluso la actividad física materna durante el embarazo.
Se ha sugerido que la condición física también podría influir en la inteligencia. Cada vez hay más evidencia que respalda el efecto beneficioso del ejercicio físico en los resultados cognitivos y de salud cerebral (por ejemplo, función ejecutiva o rendimiento académico) en niños y adolescentes.
Métodos |
Los estudios fueron elegibles para su inclusión si cumplían con cada uno de los siguientes criterios:
(1) tenían un diseño de ensayo controlado aleatorizado (ECA);
(2) se realizaron en niños o adolescentes (individualmente o con una edad media ≤ 19 años);
(3) analizaron alguna forma de medición de la inteligencia y/o sus dominios específicos (es decir, inteligencia general, inteligencia cristalizada o fluida);
(4) evaluaron un grupo de intervención inscrito en una intervención de ejercicio (actividad física planificada, estructurada, repetitiva y con un propósito, con el objetivo de mejorar o mantener la aptitud física) y un grupo de comparación que no realizó ejercicio o una intervención de ejercicio diferente.
Resultados |
Un total de 14 ECAs con 3203 participantes cumplieron todos los criterios de elegibilidad y se incluyeron en la revisión sistemática. De ellos, todos menos uno pudieron incluirse en el metaanálisis.
Los estudios incluidos reclutaron una muestra total que osciló entre 16 y 1810 participantes, con una edad media que osciló entre 5,1 y 13,8 años. Algunos estudios incluyeron participantes con afecciones como discapacidad intelectual (CI bajo o límite al inicio del estudio), cáncer y sobrepeso u obesidad.
Excepto por 3 estudios que no especificaron el grado de supervisión del ejercicio, el 78 % (11 de 14) de las intervenciones de ejercicio fueron supervisadas. Las intervenciones de ejercicio duraron de 4 a 40 semanas e incluyeron entre 2 y 7 sesiones por semana (con una duración de sesión de 20 minutos a más de 60 minutos). El tipo de ejercicio varió entre los estudios y el 43 % aplicó un entrenamiento multicomponente o combinado, mientras que otros aplicaron yoga, juegos de ejercicio, aeróbicos, de fuerza, entrenamiento perceptivo-motor, habilidades fundamentales, o equilibrio únicamente.
> Inteligencia general
Diez estudios (n=2407 participantes) evaluaron los efectos de las intervenciones de ejercicio sobre la inteligencia general, determinada mediante el CI u otras pruebas, como el Test de Inteligencia Global y Factorial Español y la Batería de Aptitudes Generales y Diferenciales para escolares de 6 a 8 años.
Las intervenciones de ejercicio mejoraron significativamente la inteligencia general en comparación con los grupos de control, con una gran heterogeneidad, pero sin indicios de riesgo de sesgo. También se observaron beneficios significativos al eliminar todos los estudios con alto riesgo de sesgo.
Se observaron beneficios similares en participantes con CI bajo o límite y en aquellos con CI normal al inicio del estudio, en niños y adolescentes y en estudios de diferente duración. Las intervenciones de ejercicio mejoraron significativamente las puntuaciones de CI en comparación con los grupos de control.
> Inteligencia fluida
Los análisis agrupados revelaron beneficios significativos del ejercicio sobre el grupo de control en la inteligencia fluida. Los resultados se mantuvieron significativos en los análisis de sensibilidad y al excluir el estudio de Reed y col. que no proporcionó datos basales y se consideró que presentaba un alto riesgo de sesgo.
> Inteligencia cristalizada
La inteligencia cristalizada solo se evaluó en el estudio de Ortega y col. quienes hallaron un efecto beneficioso del ejercicio en intervenciones sobre la inteligencia cristalizada en niños con sobrepeso u obesidad (n=109). Este resultado no pudo incluirse en el análisis cuantitativo.
Discusión |
Los hallazgos de esta revisión sistemática y metaanálisis, que incluyó 14 ECAs y 3203 niños y adolescentes, sugieren que las intervenciones de ejercicio se asocian con mayores incrementos en las medidas de inteligencia en comparación con los grupos de control. Estos efectos se observaron tanto para la inteligencia general (reflejada en un aumento de 4,0 puntos en el CI en comparación con el grupo de control) como para la inteligencia fluida.
Existe evidencia metanalítica que respalda los beneficios de las intervenciones de ejercicio sobre la cognición en niños y adolescentes. El efecto combinado osciló entre 0,18 y 0,50 para los resultados cognitivos, como las funciones ejecutivas, la inhibición, la velocidad de procesamiento, la flexibilidad cognitiva, la memoria de trabajo o el rendimiento académico.
Por el contrario, los efectos sobre la inteligencia general se han estudiado menos y no se han cuantificado mediante métodos metanalíticos. Los resultados de los autores corroboran y amplían estos hallazgos al cuantificar la magnitud de estos beneficios, con un efecto estandarizado combinado de 0,54 y 0,52 para la inteligencia general y el CI, respectivamente.
Hasta donde saben los autores, el presente metaanálisis es el primero en evaluar los efectos de las intervenciones de ejercicio sobre la inteligencia general en niños y adolescentes. Curiosamente, la mejora en las puntuaciones de CI observada en el presente estudio con intervenciones de ejercicio (4 puntos) es similar a la reportada por un metanálisis previo sobre los efectos de la educación (aproximadamente de 1 a 5 puntos de CI por cada año adicional de educación).
Otro hallazgo novedoso del presente metanálisis es que se encontraron beneficios similares en niños con un CI bajo o límite al inicio del estudio, como aquellos con discapacidad intelectual o parálisis cerebral. Esto coincide con dos metaanálisis previos que encontraron beneficios de las intervenciones de ejercicio en la función cognitiva (por ejemplo, memoria de trabajo, función ejecutiva o flexibilidad cognitiva) en niños y adolescentes con discapacidad intelectual o dificultades de aprendizaje.
Lamentablemente, la mayoría de los estudios no informaron las características de la intervención de ejercicio, lo que limita la posibilidad de extraer conclusiones sobre las características óptimas para maximizar los beneficios del ejercicio. No obstante, se encontraron beneficios similares en la inteligencia en intervenciones de ejercicio de diferentes duraciones (≤12 o >12 semanas).
A pesar de la heterogeneidad, la duración más común de las sesiones fue de entre 30 y 60 minutos, con una frecuencia de 3 a 5 días por semana. Un estudio reciente concluyó que el efecto de las intervenciones de ejercicio sobre resultados como el control inhibitorio en adolescentes es dosis-dependiente, obteniéndose las mejoras más significativas con 60 minutos al día y 5 días a la semana.
Por otro lado, de los 6 estudios incluidos en el presente metanálisis que reportaron una intensidad de ejercicio moderada a vigorosa en todos los casos, encontraron beneficios en la inteligencia. En este contexto, evidencia previa sugiere que el ejercicio de mayor intensidad podría proporcionar los mayores beneficios en los resultados cognitivos. Sin embargo, el bajo número de estudios disponibles limitó la posibilidad de explorar el potencial efecto moderador de la intensidad del ejercicio.
Por lo tanto, los presentes hallazgos respaldan la implementación de intervenciones de ejercicio de entre 30 y 60 minutos con una frecuencia de 3 a 5 días por semana de intensidad moderada a vigorosa.
Conclusiones |
Los hallazgos sugieren que las intervenciones de ejercicio se asocian con mejoras en la inteligencia en niños y adolescentes, lo que podría respaldar la necesidad de aumentar la participación en el ejercicio a edades más tempranas. Se necesitan más ECAs para confirmar estos hallazgos y para determinar las características del ejercicio más eficaces para mejorar la inteligencia en los jóvenes.
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Comentario: El ejercicio físico influye positivamente en el desarrollo intelectual de niños y adolescentes. Diversas investigaciones demuestran que la actividad física mejora la memoria, la atención y el rendimiento escolar. El movimiento estimula funciones cerebrales relacionadas con el aprendizaje, favoreciendo un desarrollo cognitivo más completo durante las etapas de crecimiento. |