Arte & Cultura

/ Publicado el 20 de diciembre de 2025

Terminología en medicina

Ecografía, epónimos y mitos griegos

Se utilizan sistemáticamente, pero detrás de cada término hay un relato o una historia desde alguna rama de la ciencia.

Autor/a: Mabel G. Ybarra*. Edgardo C. Pianigiani**.

Ecografía etimológicamente es un neologismo, compuesto con los elementos griegos eco (ekho=sonido) y –grafía (graphein=escribir, grabar)1-2.

Epónimo, del griego eponymos, proviene de epi “sobre, encima, después”, y ónima “nombre”; y significa “nombrado después”; se dice del nombre de una persona o de un lugar que designa un pueblo, una época, una unidad. Aplicado a las ciencias y particularmente a la medicina, es “bautizar” con un nombre propio una estructura anatómica o histológica, funciones metabólicas, enfermedad, síndrome, signo, instrumentos, pruebas clínicas o técnicas de cirugía.

Esta práctica fue muy frecuente durante los siglos XVIII y XIX y la primera mitad del siglo XX. Síndrome de Sjögren, trompas de Falopio, Ductus venoso de Arancio, son ejemplos de epónimos nacidos en el apellido de quien descubrió o describió el hallazgo.

Muchos mitos y leyendas también han tenido una profunda influencia sobre el lenguaje médico moderno y están extendidos a todas las especialidades, formando parte de su cultura y de la historia de la Medicina. Son ejemplos de ello los términos atropina, mercurio, siringomielia, morfina, hipnóticos, quirúrgico, entre tantos otros.

Aunque a veces se usan sistemáticamente sin tomar conciencia que la denominación utilizada se trata de un epónimo, detrás de cada uno de estos nombres hay un relato o una historia de vida personal o profesional desde alguna rama de la ciencia.

En medicina existen alrededor de nueve mil epónimos. En algunas páginas web, pueden encontrarse listas de los mismos3.

Todos estos resultados nos invitan a pensar en los modos en que nos relacionamos con el conocimiento científico. La mirada racionalista del corpus que demarca en particular a la medicina no debe impedir que tomemos sus criterios de validez desde un campo dinámico y en permanente evolución. Desde las metaciencias, por ejemplo, la historia de la ciencia, nos permite revisar el actual conocimiento científico, preguntándonos "¿cómo cambia, cómo incide ese conocimiento científico en nuestras formas de pensar, hablar y actuar sobre el mundo?".

Este artículo revisa en forma breve el epónimo relacionado con la denominación de la práctica ecográfica, desde un punto de vista poco conocido, es decir, el origen mitológico de su denominación4-5.

El origen de la palabra “eco” proviene de la mitología griega, unos 1200 años AC. Concretamente, del mito de Eco y Narciso (figura 1).

Fig. 1. Eco y Narciso (Echo and Narcissus) John William Whaterhouse, óleo sobre lienzo, 1903. Walker Art Galley, Liverpool.

Eco era una bella ninfa del bosque, la cual fue castigada por la diosa Hera (esposa de Zeus), con la imposibilidad de hablar y de solo poder repetir la última palabra pronunciada por su interlocutor. Este castigo se debió a que Eco encubría las infidelidades de Zeus, entreteniendo y distrayendo a Hera con sus elocuentes conversaciones.

Eco se enamoró de un hermoso y presumido joven, Narciso, a quien vio en el bosque, pero no se atrevió a acercarse a él, escondiéndose entre los arbustos.

Narciso, joven de apariencia hermosa que rechazaba a las doncellas que de él se enamoraban, le hacía preguntas a Eco, pero ella solo podía responder repitiendo sus mismas palabras, transformándose en un diálogo imposible. Finalmente, ante el rechazo de Narciso, ella ofendida y desolada decide escapar hacia un lugar solitario, dejando de comer y de cuidarse. Así, oculta en una cueva, su vida se fue consumiendo poco a poco por el dolor, desintegrándose finalmente en el aire, quedando solo su voz, la que podía repetir de manera reverberante las últimas palabras que pronunciara cualquier persona.

Por su parte, el rechazo displicente que Narciso manifestó hacia Eco no quedó impune; fue castigado por Némesis, diosa de la venganza, quien habiendo escuchado los lamentos y melancólicos susurros de Eco, provocó en él como castigo un enamoramiento encantado de su propio rostro. En la versión del mito de Ovidio, Narciso era el hijo del dios del río Cefiso y la ninfa Liríope. El adivino Tiresías les había advertido a sus padres que Narciso viviría hasta una edad avanzada mientras no se mirara a sí mismo, por lo que evitaron que el joven tuviera contacto con objetos y situaciones que pudieran reflejarlo. Así, solitario y concentrado en sí mismo, rechazaba a todas las ninfas y mujeres que se enamoraban de él.

El castigo de Némesis hizo que Narciso se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente y él, mirando su reflejo permanentemente, se consumió de amor hacia sí mismo, hasta que murió. Una flor de narciso, que lleva su nombre desde entonces, creció en el mismo lugar donde murió6.

La ecografía es sonido reflejado; convertido y expresado en imagen, en una perfecta interacción entre ambos fenómenos físicos. La ninfa Eco (sonido) y el joven Narciso (imagen) en cambio, se disociaron para siempre, consumiéndose en sí mismos.

Es imposible inferir si los griegos han podido imaginar el método ecográfico con 3000 años de anticipación, pero en el relato de este mito, aparecen sorprendentemente en forma de metáfora y personificaciones todos los componentes del método ecográfico actual.

Todo evento paradigmático estimula de algún modo la construcción del conocimiento científico, el cual se vale de múltiples recursos (históricos, sociales, artísticos, políticos, filosóficos, etc.) para interpretar fenómenos y plasmar avances en la investigación sobre ellos.

Ante estas evidencias, es necesario reflexionar sobre ¿qué es la ciencia y cómo se construye? ¿Es uno solo el camino a recorrer? ¿Hay una única forma de construirlo?

Una probable respuesta podría estar en el proceso abductivo de la mano de un razonamiento analógico, por el cual la comunidad científica toma en forma complementaria elementos de otras disciplinas aparentemente inconexas con ella constituyendo un recurso muy enriquecedor de la investigación científica. Existen al respecto infinidad y variedad de ejemplos en la historia de la ciencia, cuyo tratamiento excede al presente artículo7.

En el año 1917 se efectuó la primera aplicación tecnológica del ultrasonido, la cual fue para la ubicación de submarinos (hidrófono), mientras que en 1942 Karl Theodore Dussik, un neurólogo y psiquiatra austriaco, fue el primero en emplearlo en el ámbito de la medicina para el diagnóstico de tumores cerebrales8-9.

Luego de los primeros usos restringidos al ámbito bélico, en la actualidad son innumerables las aplicaciones médicas del método ecográfico; de esta manera Ciencia, Tecnología y Sociedad, integradas en un complejo entramado propio de nuestra época, intentan permanente e incansablemente, construir lazos equidistantes, que favorezcan una salud comunitaria10.

 

 


* Mabel G. Ybarra. Licenciada en la Enseñanza de las Ciencias Biológicas. Docente de la Cátedra de Epistemología de las Ciencias Biológicas. Universidad Nacional de Lomas de Zamora.

** Edgardo Ciro Pianigiani (pianigiani@intramed.net) Médico y docente adscripto (UBA). Miembro titular de la Asociación Médica Argentina (AMA) y otras asociaciones profesionales. Se formó como periodista médico en la Sociedad Argentina de Periodismo Médico (SAPEM).