La depresión es más frecuente en las mujeres que en los hombres. Muchas veces los tocoginecólogos, al ser médicos de atención primaria, son los primeros en estar en contacto con mujeres con esta patología. Ellas suelen recurrir a su médico por algún síntoma en particular en vez de ver a un psicoanalista. Es por eso que debemos estar atentos frente a una mujer con cambios en su estado de ánimo, fatiga, aumento de peso, etc. Hay que recordar que hay varios momentos en la vida de una mujer que exacerba esta depresión.
En las mujeres en edad fértil, la depresión es una de las causas más frecuentes de enfermedad y discapacidad. La prevalencia de depresión a lo largo de la vida de las mujeres es del 7-21 %, frente al 2,6-13 % en los hombres. Los estudios de familias y gemelos sugieren una predisposición genética. Durante la vida, hay efectos negativos que aumentan la vulnerabilidad a la depresión y otros positivos que la disminuyen.
Las diferencias en la prevalencia de acuerdo al género comienzan en la adolescencia y no es tan notoria luego de la menopausia. Esto indicaría que las hormonas sexuales femeninas desempeñan un papel importante en la fisiopatología de la depresión, asociado muy probablemente con el ciclo sexual y la inestabilidad de estas hormonas durante la vida reproductiva.
Existe una relación entre los estrógenos y los neurotransmisores excitatorios serotonina, noradrenalina, dopamina y acetilcolina mientras que la progesterona se relaciona con el receptor del GABA que responde a los neurotransmisores inhibitorios. La serotonina y la noradrenalina intervienen en la depresión y el sistema del GABA en la ansiedad. El sistema nervioso colinérgico o parasimpático interviene en la depresión además de las funciones cognitivas.
Las hormonas exógenas como los anticonceptivos orales y la terapia de reemplazo hormonal (TRH) pueden causar, modificar o reducir la depresión y otros síntomas anímicos o cognitivos.
La mayoría de las mujeres experimentan algunos síntomas durante la fase lútea tardía. Un 3-9% sufre trastorno disfórico premenstrual (TPM), cuyos síntomas son graves y requieren tratamiento. Los síntomas premenstruales más comunes son un estado de ánimo deprimido, ansiedad, irritabilidad, mastalgia y cambios en los patrones del sueño. Estos síntomas remiten una vez iniciada la menstruación.
El tratamiento abarca dos grandes grupos: los fármacos que inhiben la ovulación y los antidepresivos. Se pueden utilizar los análogos de la GnRH o los anticonceptivos orales y los síntomas se pueden tratar con antidepresivos que actúan sobre las vías serotoninérgica y/o noradrenérgica.
Con respecto a la etapa del embarazo y puerperio, cerca del 10% de las mujeres embarazadas pueden sufrir trastornos depresivos y requerir tratamiento. El problema es que la depresión asociada al embarazo y al parto no se suele diagnosticar ni tratar adecuadamente. Esto se debe mayormente a que el aumento de peso, la fatiga y el sueño se confunden con síntomas propios del embarazo. La mayor parte de los antidepresivos son seguros durante el embarazo y deben indicarse junto con psicoterapia.
La depresión durante el embarazo no augura un buen estado de ánimo en el posparto. Aproximadamente un 85% de las mujeres experimentan depresión posparto que dura de cinco a seis días y no es preocupante. Pero, en aquellas mujeres que esta sensación persiste por más de un mes hay que estar atentos. La depresión puerperal se relaciona con una disminución abrupta de la secreción de hormonas sexuales y su interacción con los neurotransmisores. Una madre con depresión repercute negativamente en el hijo y en la gente que la rodea. Es por eso que es fundamental detectar precozmente una depresión puerperal. En pacientes con alto riesgo de padecer una depresión puerperal se pueden indicar de manera preventiva los inhibidores de la recaptación de serotonina por varias semanas antes del parto hasta seis meses después del mismo.
Otro momento crucial en la vida de la mujer es la menopausia. Es una etapa en la que, a pesar de lo que siempre se creyó, la incidencia de depresión disminuye. El problema es que hay que estar atento porque es una patología frecuente en la perimenopausia, período de transición hormonal y psicosocial previo a la menopausia. Hasta un 10% de las mujeres experimentan síntomas disfóricos relacionados con la perimenopausia. Siempre hay que descartar un hipotiroidismo que puede simular una depresión. Si las mujeres menopáusicas con depresión no responden a los antidepresivos, se debe considerar la administración de hormonas tiroideas o estrógenos. Como los estrógenos potencian a los neurotransmisores que intervienen en la regulación del estado de ánimo, se ha propuesto que la TRH, sobre todo los estrógenos, serían un antidepresivo efectivo. Esto no se ha demostrado pero, las mujeres deprimidas que reciben TRH, suelen responder mejor a los antidepresivos comparado con las mujeres que no lo reciben. Los estrógenos mejoran el bienestar y las funciones cognitivas en mujeres no deprimidas. Así como los estrógenos tienen un efecto positivo sobre el estado de ánimo, la progesterona tiende a crear un efecto disfórico, principalmente cuando se administra en forma secuencial. Es por eso que el ginecólogo debe hacer un buen interrogatorio teniendo en cuenta los antecedentes de tensión premenstrual y de depresión puerperal antes de indicar una TRH.
Es importante saber que fármacos le indicamos a cada paciente porque muchos de ellos pueden producir o exacerbar una depresión. La progesterona, muy comúnmente utilizada para distintas patologías, es una de ellas. También los ansiolíticos, que pueden haber sido recetados por otro especialista, pueden producir algunos de estos síntomas.
Existiendo tantas patologías de la esfera psicosocial en las distintas etapas de la vida de una mujer, el papel del ginecólogo es fundamental. Las mujeres acuden a su médico de atención primaria en busca de tratamiento, sin identificar necesariamente que padecen una depresión. Muchas veces la consulta está "disfrazada". La mujer no asume su enfermedad ya que esto forma parte de la misma. Es por eso que los ginecólogos tenemos que estar atentos frente a estas patologías para hacer un diagnóstico precoz y una derivación oportuna.
Referencias:
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