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Publicado el 10 de mayo de 2008

¿Hay alterantivas al Psicoanálisis ?

Diez mil pesos por año, el gasto promedio en diván

A 152 años del nacimiento de Freud, los argentinos mantienen el boom del psicoanálisis.


Es lo que invierte un paciente que se piscoanaliza dos veces por semana. Los cuestionamientos al método y la irrupción de las nuevas terapias. Comparaciones con Europa y Estados Unidos.

Mariana va a la psicóloga dos veces por semana desde que se peleó con uno de sus novios, hace ocho años. Actualmente, invierte 100 pesos por sesión, lo que implica 800 pesos por mes y da como resultado unos 9.600 pesos por año. Esto es, en promedio, lo que gasta más de la mitad de los argentinos que hacen terapia. Según el último estudio realizado por la Asociación Psicoanalística Argentina, el 62% de los encuestados asiste a dos sesiones por semana, el 18% a una sesión, el 13% a una sesión y media, el 5% a dos sesiones y media y el 3% a tres. Con honorarios que oscilan entre los 29 y 35 pesos, para los que van por Obra Social, y entre los 100 y los 250, en los casos particulares. De acuerdo con la encuesta, más del 50 por ciento de los consultantes tienen entre 22 y 40 años.

Estos números corresponden a aquellos pacientes que eligen el psicoanálisis como terapia, a pesar de que muchos no lo hacen de manera deliberada. José Milmaniene, secretario científico de la Asociación Psicoanalítica Argentina, lo explica: “Hay dos órdenes de pacientes: los que vienen muy informados, que en general están vinculados con el mundo psi, y a los que no les interesa la orientación o corriente sino que la terapia sea eficiente”.

Sin embargo, los especialistas insisten en aclarar algo que en la Argentina siempre estuvo confuso. “Es un clisé asociar al psicoterapeuta con el psicoanalista –dice Claudio des Champs, fundador de la Escuela Sistémica Argentina–. Lo que indica que por muchos años, la orientación en nuestro país, tanto en la práctica como en la enseñanza, fue el psicoanálisis, que es sólo una corriente entre muchas.”

Héctor Label, presidente de la Asociación de Psicoterapia Sistémica de Buenos Aires, concuerda: “Siempre hubo una suerte de monopolio del psicoanáisis y de la psiquiatría clásica, pero en los últimos tiempos se empezó a aplicar en el ámbito hospitalario, en el trabajo de interface con el ámbito jurídico y en los programas de las prepagas otro tipo de terapias que requieren menos entrevistas. Corrientes que empezaron a tener más presencia en las universidades”.

Se calcula que en la Argentina egresan unos 3.000 estudiantes de psicología por año, muchos de los cuales buscan posgrados y especializaciones diferentes del psicoanálisis. Precisamente, uno de los propulsores del estudio de la corriente sistémica a nivel universitario fue Des Champs. Actualmente, existe una ley que obliga a las universidades a unificar la enseñanza y a ampliar la currícula para que se incorporen todas las corrientes. La mayoría de las instituciones privadas ya lo hicieron, sin embargo, la UBA se resiste. “Sucede que las cátedras psicoanalíticas tienen mucho poder. Pero cuando se inauguró la única materia sistémica que se dicta actualmente, que es cuatrimestral y optativa, yo llegué a tener 300 alumnos en una sola clase. Así que interés, sin duda, hay”, concluye Des Champs.

Diego Sehinkman es egresado de la UBA. Cuando terminó la carrera, no estaba satisfecho con la formación: era en un 90 por ciento psicoanalítica. “Cuando en el último año empecé a ver pacientes, me encontré con muchas limitaciones y la única opción fue buscar otros paradigmas. Para eso tuve que hacer un posgrado de tres años en formación sistémica y varios cursos más de cosas que la UBA no te da.”

En Estados Unidos, la corriente cognitivo-conductual es la que más se ha desarrollado, y en Europa, lo último en psicología es la complementación con la neurociencia: la tecnología que permite detectar, por ejemplo, cómo una conversación tiene más efecto en el cerebro que la medicación. En la Argentina, los tratamientos focalizados también van en aumento, así como los estudiantes interesados en otras alternativas y las terapias más afines a los requisitos de las obras sociales. Lo que hace resurgir la famosa pregunta: ¿el psicoanálisis está en retroceso?

Una de las primeras críticas –quizás la más banal– que se le hace al psicoanálisis son los costos.  Especialmente, porque frente a las demás alternativas suelen ser elevados: las terapias conductuales-cognitivas son más cortas y focalizadas. Los honorarios del profesional no varían –pueden ir de 80 a 200 pesos o más– pero sí el tiempo. Hay terapias tan puntuales que sólo requieren de una sesión, y otras que duran, en general, menos de seis meses. Milmaniene, de APA, lo refuta: “En la mayoría de los casos los honorarios se combinan entre terapeuta y paciente. Además, muchos centros tienen honorarios institucionales y las obras sociales también lo cubren. Así que nadie se queda sin tratamiento por razones económicas”. Modesto Alonso, psicoterapeuta, completa: “Igual, hay que aclarar que el psicoanálisis en su aplicación clásica, que exige entre cuatro y cinco sesiones por semana, ha disminuido en todo el mundo, porque el que tiene el dinero para hacerlo no tiene el tiempo”.

Otro de los puntos de ataque suele ser la incapacidad para resolver los llamados trastornos posmodernos: adicciones, violencia, trastornos de ansiedad, conflictos familiares. Problemas que, en la mayoría de los casos, se tratan con terapias focalizadas. Sin embargo, los mismos profesionales que no comulgan con el psicoanálisis lo rescatan: “Trabajo con muchos colegas psicoanalistas y sé que se han aggiornado, conocen muchas de las cosas que conocemos todos, se interesan en la investigación de la psicoterapia y en otras corrientes”, dice Des Champs. “No hay un psiconálaisis sino muchos, y no hay una sola aplicación sino muchas. Y lo cierto es que en las psicoterapias en general se integran diversas técnicas”, agrega Alonso.

En definitiva, y más allá de las preferencias o discusiones de escuelas y corrientes, el que elige es el paciente, que pocas veces tiene en cuenta la teoría, pero que a pesar de ello sigue gastando y eligiendo. “Hay un estudio famoso que dice que el resultado de una psicoterapia no está atado a una técnica en particular sino a la relación del terapeuta con el paciente, con lo cual es el componente personal y subjetivo lo que muchas veces prevalece”, concluye Label.

Las prepagas y las obras sociales deben dar cobertura. Muchos hospitales públicos tienen áreas o servicios de psicoterapia adonde la población puede acudir gratuitamente. Por afuera del sistema público, la atención psicológica tiene cobertura de la seguridad social. El Programa Médico Obligatorio (PMO) garantiza hasta treinta consultas anuales para cada afiliado a obra social o prepaga. Pero muchos profesionales están habilitados para percibir un copago adicional al importe que se les reconoce por la práctica. Ese valor oscila, según el terapeuta, entre los cinco y los cuarenta pesos.

Argentina es el país con mayor proporción de psicólogos de todo el mundo. Según estudios privados, en el país hay 56.000 psicólogos, lo que representa una tasa de 154 profesionales cada 100.000 habitantes. Estos valores triplican a los de países desarrollados como Estados Unidos donde, por ejemplo, hay 2.213 habitantes por psicólogo, mientras que aquí se registra un profesional cada 649 habitantes. Un paciente particular puede pagar cada sesión de terapia entre 20 y 400 pesos, según el profesional. El promedio, en consulta privada, es de cien pesos la sesión.