La esperanza de vida mundial sigue aumentando y el último informe de Eurostat confirma que la UE ha superado los niveles anteriores a la pandemia. Una de cada cinco personas de 65 años o más tiene diabetes tipo 2 y se prevé que las cifras aumenten en los próximos años.
Este aumento se debe, en gran medida, a factores del estilo de vida, el aumento de las tasas de obesidad y la mejora de las tasas de supervivencia de las personas con diabetes. Si no hacemos un cambio en las estrategias de atención médica para optimizar los resultados, esta subpoblación estará en problemas.
Una dificultad importante en el manejo de la diabetes en este grupo es una mayor vulnerabilidad a la hipoglucemia, lo que aumenta significativamente el riesgo de caídas, demencia, deterioro cognitivo, accidente cerebrovascular y eventos cardiovasculares. Dados estos riesgos, adaptar el control de la diabetes para tener en cuenta los cambios relacionados con la edad debe ser una prioridad.
Un artículo de Medha Munshi y colegas discute las recomendaciones de la Iniciativa de Consenso para la Deprescripción, que tiene como objetivo guiar a los proveedores de atención médica en la realineación de las estrategias de tratamiento cuando el manejo actual es insuficiente. Su marco describe un enfoque de cuatro pasos que tiene en cuenta:
- El estado clínico y funcional.
- El estilo de vida y los factores sociales.
- Los sistemas de apoyo disponibles.
- Las preferencias personales.
Dadas las complejidades involucradas en la diabetes en las personas mayores, el tratamiento debe adaptarse no solo al grupo demográfico, sino también al individuo. Los objetivos de Hba1c deben flexibilizarse (7,5-8,5 %) para reducir la hipoglucemia y utilizarse junto con los datos de monitorización de la glucosa. También se debe obtener una evaluación geriátrica integral para evaluar las capacidades físicas y cognitivas para el autocontrol.
Los adultos mayores con diabetes, a menudo, tienen múltiples comorbilidades que requieren regímenes de medicamentos complejos. Si no se manejan cuidadosamente, estos medicamentos pueden hacer más daño que bien, aumentando el riesgo de hipoglucemia grave, debido a las interacciones farmacológicas o a través de la prolongación de los efectos fisiológicos.
Por lo tanto, la revisión y los ajustes regulares de la medicación son esenciales para una atención óptima en los pacientes mayores. Esto podría implicar reducir el número de medicamentos, suspender los medicamentos de alto riesgo o reemplazarlos con alternativas más nuevas y seguras para minimizar los efectos adversos y mejorar los resultados generales de salud.
Sin embargo, los costos limitan el acceso a medicamentos más nuevos y de menor riesgo. Reducir el número de medicamentos recetados requiere que los médicos adopten una visión holística de su paciente y realicen evaluaciones de riesgo frecuentes, debido a la naturaleza dinámica del control de la diabetes. Pero esto no se hace regularmente.
Los equipos de atención primaria se enfrentan a presiones de falta de tiempo o falta de confianza para modificar los planes terapéuticos establecidos, lo que lleva a que los pacientes con mayor riesgo no sean examinados para detectar antecedentes de hipoglucemia ni se les proporcione orientación anticipatoria, y mucho menos se les ajusten o deprescriban sus medicamentos inductores de hipoglucemia.
Paralelamente, el aumento de la diabetes tipo 2 en personas menores de 40 años está acelerando la fragilidad en todo el mundo y provocando complicaciones relacionadas a edades más tempranas.
La diabetes contribuye a la fragilidad a través de:
- la pérdida de masa muscular,
- la inflamación
- y la hipoglucemia.
La fragilidad, a su vez, empeora el control de la diabetes. Esta relación bidireccional, a las claras, incrementa la fragilidad en los individuos más jóvenes con diabetes tipo 2. La fragilidad en esta población se ha relacionado con hipoglucemia, hospitalizaciones, discapacidad, deterioro cognitivo y mortalidad.
Para mitigar estos riesgos, se debe dar prioridad a los esfuerzos para prevenir o revertir la fragilidad siempre que sea posible. Necesitamos comprender los mecanismos específicos del tejido muscular y las consecuencias clínicas del envejecimiento acelerado en la diabetes tipo 2. De este modo, se pueden desarrollar e integrar estrategias para prevenir la pérdida de músculo esquelético, uno de los principales impulsores de la fragilidad.
Hoy, casi el 67 % de todos los costos de atención médica relacionados con la diabetes se atribuyen a los adultos de 65 años o más, mientras que en el Reino Unido, la fragilidad agrega £ 5,8 mil millones adicionales en gastos anuales de atención médica.
A medida que envejecemos, las complejidades de la salud se multiplican, con condiciones que se entrelazan y afectan el bienestar general. En el caso de los adultos mayores con diabetes, el tratamiento debe ser personalizado, teniendo en cuenta el estado funcional, la esperanza de vida y los objetivos de salud individuales para garantizar mejores resultados y calidad de vida. De lo contrario, corremos el riesgo no solo de una mayor carga económica, sino también de un profundo efecto en el bienestar de los adultos mayores.