Más de 16 millones de enfermos de tuberculosis (TB) han recibido tratamiento en los últimos 10 años. Se han salvado millones de vidas gracias a los esfuerzos infatigables y a la dedicación de decenas de miles de trabajadores sanitarios y encargados de suministrar el tratamiento DOTS (estrategia recomendada internacionalmente para el control de la tuberculosis).
Pese a los asombrosos progresos realizados, todavía queda mucho por hacer. Cada año, alrededor de 9 millones de personas siguen desarrollando la tuberculosis activa, de las cuales unos 2 millones fallecen a pesar de que hace 50 años que existe un tratamiento eficaz. Las metas del proceso establecidas en 2005 por la Asamblea Mundial de la Salud son detectar el 70% de la totalidad de los casos infecciosos de TB y curar al 85% de los enfermos.
El Plan Mundial Alto a la Tuberculosis (2001-2005) pretendía dar pautas para alcanzar estas metas. Sin embargo, se espera que en el siguiente informe mundial sobre el control de la tuberculosis, que publicará la OMS el año próximo a partir de datos de 2003, la detección de casos se sitúe en torno al 44%, y las tasas de curación al 81%.
Las tendencias actuales indican que incluso cuando se logre una cobertura con DOTS del 100%, las tasas de detección de casos podrían estancarse en un 50% y 60%, a no ser que se emprendan innovadoras iniciativas.
Es sumamente importante concentrarse especialmente en el personal sanitario en el contexto de la lucha contra la tuberculosis, por diversas razones.
De esta forma se reconocen y aplauden los esfuerzos de las personas por conseguir que el elemento humano sea el eje central de la lucha contra una epidemia mundial. Asimismo, se pone de relieve la importancia fundamental de la relación entre el paciente y el dispensador de asistencia, es decir, la relación entre una comunidad y el sistema de atención de salud.
En estos momentos, la incorporación de planteamientos en favor de los pobres en los programas de lucha contra la tuberculosis, la ampliación de la red de dispensadores de DOTS mediante una combinación publicoprivada, y la colaboración de programas nacionales de tuberculosis y VIH representan las estrategias operativas más importantes de cara a incrementar el alcance de las pruebas diagnósticas y los tratamientos.
Entre los olvidados de la lucha contra la tuberculosis se encuentran el personal de base del sistema sanitario público, técnicos de laboratorio, voluntarios de ONG, médicos de prisiones, médicos privados, farmacéuticos, comerciantes, miembros de círculos universitarios, estudiantes, ex enfermos de tuberculosis y, en muchos casos, gente ordinaria a quien preocupa el bienestar de los demás.
Es hora de reconocer públicamente la labor de todos ellos. También ha llegado la hora de mostrar claramente a las instancias normativas la incipiente crisis del personal sanitario que viven muchos de los países con alta carga de morbilidad, y que constituye una grave amenaza para los avances logrados en los últimos 10 años. Es más, si esta situación no se resuelve, no se alcanzarán los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el planeta.