Llegaron de todos los rincones de la Argentina. Del exuberante litoral, de la cordillera nevada, de la glacial Patagonia, de los cerros multicolores del Norte, de las llanuras del centro. Son las maestras y los maestros reconocidos como "Docentes ilustres del país" por el Ministerio de Educación de la Nación, por desarrollar proyectos que vinculan a la escuela con la comunidad, además de cumplir con la labor pedagógica en el aula.
Las 24 provincias, con excepción de Santiago del Estero y Corrientes, estuvieron representadas por mujeres -en su amplia mayoría- y hombres emocionados que recibieron de manos del ministro Daniel Filmus una placa. Al conocer sus historias de vida se observa que su labor excede la magna tarea de transmitir valores e impartir conocimientos. Varios de los maestros premiados han desarrollado proyectos que procuran acercar a los jóvenes, cuyo destino es la emigración, a fuentes de empleo comunitario.
El comentario de la maestra salteña Ana Lía Gonzales da cabal idea de la dimensión de la vida en esos pueblos remotos, donde la escuela es una institución clave: "Si don Segundo pierde la llave, todo el mundo la busca".
El acto fue cálido, no exento de algún roce menor a la hora de decidir quién hablaría en el nombre de todos. Finalmente habló la docente Clemira Sánchez, de Catamarca. Con la intención de conocer los desafíos a los que se enfrentan hoy en el aula, LA NACION reunió a Yolanda Gómez, de Misiones; María Esther Castro, de Córdoba; Benigna Palorma García, de Mendoza; Silvia Mauricio, de Neuquén; Gustavo González, de Río Negro; Ana Lía Gonzales, de Salta; Carina del Valle Verón, de San Juan; José Ramón Díaz, de Jujuy, y Edgardo Ramón Ledesma, de Formosa.
Todos admitieron que la problemática más recurrente en los chicos es -nada menos- la escasa capacidad de lectoescritura y las graves dificultades para interpretar problemas y hallar soluciones. Con excepción de San Juan, Río Negro y Córdoba, los maestros dijeron enfrentarse con altos índices de repitencia o abandono escolar entre 8° y 9° año, y con chicos mal estimulados para el aprendizaje.
Desafíos en el aula
Gómez, directora de una escuela con 280 alumnos en el límite con Brasil, comentó que hoy los niños misioneros reciben enseñanza bilingüe, dada la fuerza del portugués, la lengua materna en muchos hogares. "Mi lema es que todos pueden aprender y así conseguimos alfabetizar en una región con alto nivel de repitencia escolar", reflexionó. En tanto, la maestra Castro, de la escuela de Los Alamos (Córdoba), con siete alumnos, se enfrenta al desafío de potenciar proyectos de integración con otras escuelas de la región. En 2004 editó el libro "Afectos literarios con sabor a tierra", en el que recopila historias de valor cultural, que el año próximo compartirá con otros pueblos vecinos, cuya emigración se explica en el desempleo.
En La Paz, al este de Mendoza, la docente García dirige una escuela de 350 chicos que brinda formación técnica. En una finca experimental, ellos participan de un proyecto de desarrollo económico comunitario y se les brinda capacitación en turismo rural y en el sofisticado oficio de sommelier, para brindar servicios a los turistas. El desafío de la directora Mauricio, de la Escuela N° 347 de Neuquén, con 350 alumnos de una zona urbano-marginal, cuyos padres viven de planes sociales, es socializar, integrar y enseñar a los chicos y sus padres a comunicarse, a través de distintos talleres, para poder adquirir un sentido comunitario en una zona sin arraigo: "Las familias nos piden que enseñemos a sus hijos a estar en mejores condiciones para enfrentar la sociedad".
Por su parte, el maestro González, de la escuelita de Aguada Guzmán, con 33 alumnos, al oeste de Río Negro, enseña junto con su esposa a alumnos y padres descendientes de mapuches a desarrollar la autonomía propia para emprender acciones: "Queremos que emprendan el cultivo de verdura de invernadero y proyectos de forestación", dijo.
La docente Gonzales, de Iruya (Salta), con 94 niños de jornada completa a su cargo, "potencia los talentos de los chicos para que recuperen su autoestima". En esa escuela se fabrican juguetes de madera para los alumnos. La meta de la maestra Verón, de una escuela urbana sanjuanina con 500 alumnos, con bajo nivel de repitencia, es mejorar la capacidad de lectocomprensión y de razonamiento en los chicos a través de la tecnología.
Para el maestro Díaz, de una escuela de San Francisco (Jujuy), con 19 alumnos, el gran desafío es conseguir que los niños no pierdan los fines de semana lo que aprenden de lunes a viernes en la escuela. Cuando vuelven a su casa, en lugar de jugar, reemplazan a sus padres en el pesado trabajo de campo. Díaz ha impulsado a los lugareños a trabajar en productos textiles.
En una reserva aborigen toba, una de las etnias más postergadas del país, el maestro Ledesma, de Formosa, dirige una escuela con 51 alumnos. Desde la escuela ha impulsado un proyecto de ladrillería comunitaria que da trabajo a los padres y enseña el oficio.
Por Susana Reinoso
De la Redacción de LA NACION
Publicado el 10 de septiembre de 2005
A 117 años de la muerte de Sarmiento
Día del maestro: Docentes que enseñan con el ejemplo
Pese a múltiples dificultades, desarrollan proyectos de integración y experiencias que logran retener a los alumnos
Fuente: LA NACION | 11.09.2005 | Página 20 | Cultura
Llegaron de todos los rincones de la Argentina. Del exuberante litoral, de la cordillera nevada, de la glacial Patagonia, de los cerros multicolores del Norte, de las llanuras del centro. Son las maestras y los maestros reconocidos como "Docentes ilustres del país" por el Ministerio de Educación de la Nación, por desarrollar proyectos que vinculan a la escuela con la comunidad, además de cumplir con la labor pedagógica en el aula.
Las 24 provincias, con excepción de Santiago del Estero y Corrientes, estuvieron representadas por mujeres -en su amplia mayoría- y hombres emocionados que recibieron de manos del ministro Daniel Filmus una placa. Al conocer sus historias de vida se observa que su labor excede la magna tarea de transmitir valores e impartir conocimientos. Varios de los maestros premiados han desarrollado proyectos que procuran acercar a los jóvenes, cuyo destino es la emigración, a fuentes de empleo comunitario.
El comentario de la maestra salteña Ana Lía Gonzales da cabal idea de la dimensión de la vida en esos pueblos remotos, donde la escuela es una institución clave: "Si don Segundo pierde la llave, todo el mundo la busca".
El acto fue cálido, no exento de algún roce menor a la hora de decidir quién hablaría en el nombre de todos. Finalmente habló la docente Clemira Sánchez, de Catamarca. Con la intención de conocer los desafíos a los que se enfrentan hoy en el aula, LA NACION reunió a Yolanda Gómez, de Misiones; María Esther Castro, de Córdoba; Benigna Palorma García, de Mendoza; Silvia Mauricio, de Neuquén; Gustavo González, de Río Negro; Ana Lía Gonzales, de Salta; Carina del Valle Verón, de San Juan; José Ramón Díaz, de Jujuy, y Edgardo Ramón Ledesma, de Formosa.
Todos admitieron que la problemática más recurrente en los chicos es -nada menos- la escasa capacidad de lectoescritura y las graves dificultades para interpretar problemas y hallar soluciones. Con excepción de San Juan, Río Negro y Córdoba, los maestros dijeron enfrentarse con altos índices de repitencia o abandono escolar entre 8° y 9° año, y con chicos mal estimulados para el aprendizaje.
Desafíos en el aula
Gómez, directora de una escuela con 280 alumnos en el límite con Brasil, comentó que hoy los niños misioneros reciben enseñanza bilingüe, dada la fuerza del portugués, la lengua materna en muchos hogares. "Mi lema es que todos pueden aprender y así conseguimos alfabetizar en una región con alto nivel de repitencia escolar", reflexionó. En tanto, la maestra Castro, de la escuela de Los Alamos (Córdoba), con siete alumnos, se enfrenta al desafío de potenciar proyectos de integración con otras escuelas de la región. En 2004 editó el libro "Afectos literarios con sabor a tierra", en el que recopila historias de valor cultural, que el año próximo compartirá con otros pueblos vecinos, cuya emigración se explica en el desempleo.
En La Paz, al este de Mendoza, la docente García dirige una escuela de 350 chicos que brinda formación técnica. En una finca experimental, ellos participan de un proyecto de desarrollo económico comunitario y se les brinda capacitación en turismo rural y en el sofisticado oficio de sommelier, para brindar servicios a los turistas. El desafío de la directora Mauricio, de la Escuela N° 347 de Neuquén, con 350 alumnos de una zona urbano-marginal, cuyos padres viven de planes sociales, es socializar, integrar y enseñar a los chicos y sus padres a comunicarse, a través de distintos talleres, para poder adquirir un sentido comunitario en una zona sin arraigo: "Las familias nos piden que enseñemos a sus hijos a estar en mejores condiciones para enfrentar la sociedad".
Por su parte, el maestro González, de la escuelita de Aguada Guzmán, con 33 alumnos, al oeste de Río Negro, enseña junto con su esposa a alumnos y padres descendientes de mapuches a desarrollar la autonomía propia para emprender acciones: "Queremos que emprendan el cultivo de verdura de invernadero y proyectos de forestación", dijo.
La docente Gonzales, de Iruya (Salta), con 94 niños de jornada completa a su cargo, "potencia los talentos de los chicos para que recuperen su autoestima". En esa escuela se fabrican juguetes de madera para los alumnos. La meta de la maestra Verón, de una escuela urbana sanjuanina con 500 alumnos, con bajo nivel de repitencia, es mejorar la capacidad de lectocomprensión y de razonamiento en los chicos a través de la tecnología.
Para el maestro Díaz, de una escuela de San Francisco (Jujuy), con 19 alumnos, el gran desafío es conseguir que los niños no pierdan los fines de semana lo que aprenden de lunes a viernes en la escuela. Cuando vuelven a su casa, en lugar de jugar, reemplazan a sus padres en el pesado trabajo de campo. Díaz ha impulsado a los lugareños a trabajar en productos textiles.
En una reserva aborigen toba, una de las etnias más postergadas del país, el maestro Ledesma, de Formosa, dirige una escuela con 51 alumnos. Desde la escuela ha impulsado un proyecto de ladrillería comunitaria que da trabajo a los padres y enseña el oficio.
Por Susana Reinoso
De la Redacción de LA NACION