Noticias médicas

Publicado el 28 de agosto de 2006

Sociedad

Denuncian mucha desigualdad entre las mujeres argentinas

Las que viven en regiones menos desarrolladas tienen menores posibilidades de acceder a empleos, a la educación y la salud. Y las estadísticas globales disimulan las profundas diferencias, señalan los expertos.

Georgina Elustondo

Dicen los críticos: la estadística es aquella ciencia que sirve para demostrar que dos personas han comido medio pollo cada una cuando, en realidad, una ha comido uno y la otra, nada. Esa distorsión que esconden algunos valores promedio fue la principal advertencia que circuló en un encuentro sobre la situación de la mujer en la Argentina: según los especialistas, algunos indicadores que dejan muy bien parado al país en el contexto internacional esconden desigualdades regionales y sectoriales muy profundas, disparidades que revelan que los avances en dirección a la equidad de género son, en muchos casos, por lo menos relativos.

Los extremos son elocuentes: la mortalidad materna, según datos del Ministerio de Salud del 2004, es de 4 mujeres cada 10.000 a nivel nacional. Pero en Chubut y Capital cae a menos de 2 y en La Rioja y Jujuy supera los 13 casos cada 10.000. La brecha asusta: la cantidad de mujeres que mueren por causas vinculadas al embarazo, el parto o el puerperio es, en el Norte, casi 10 veces superior. Algo similar ocurre con el porcentaje de mujeres madres que no terminaron la primaria: hay un abismo entre el abrumador 32,8% de Misiones y el 2,8% de Capital. Dos puntas que, a su vez, distan bastante del promedio nacional: 9,8%.

Hay más. El 14,5% de las madres argentinas tiene menos de 20 años, pero la maternidad adolescente no golpea igual en todos lados: en Capital, el porcentaje es de 6,2, y en Chaco, Formosa, Misiones y otras provincias de la región supera el 20%.

En lo que hace al acceso a la salud también la desigualdad es grande. Un dato: la tasa de mortalidad por cáncer de útero es del 6,5% en Capital y en Formosa, del 23,4%. Muertes que, en general, podrían evitarse con un sencillo papanicolau. Y eso para no hablar del 26% que no tiene cobertura social en Capital y del 60% que no la tiene en Corrientes, Formosa, Salta y Santiago.

Estos diagnósticos fueron difundidos en el Seminario "Las Metas del Milenio y la Igualdad de Género: el caso Argentina", celebrado en Buenos Aires el 16 de agosto por iniciativa de UNIFEM (Fondo de Desarrollo de la ONU para la Mujer). Allí, los especialistas alumbraron las situaciones dispares que viven las mujeres del país y advirtieron sobre la necesidad de desgranar promedios y relativizar el alcance de algunos avances en dirección a la equidad de género.

"Hablamos del mismo país, pero nos referimos claramente a Argentinas diferentes. En tanto no incorporemos indicadores más sensibles a las desigualdades de género, poco sabremos de muchas mujeres", aseguró la socióloga Claudia Giacometti, investigadora de CEPAL.

"Las mujeres argentinas no son un colectivo homogéneo. Provienen de distintos sectores, habitan en diferentes regiones y no tienen las mismas posibilidades de definir el curso de sus vidas", dijo la socióloga Eleonor Faur. "Al hablar del 'gran avance de la mujer' en general se hace referencia a las que pertenecen a clases medias y acomodadas, tienen mejores niveles educativos y han logrado, en ciertos casos, acceder a cargos de representación política o a algunos de los pocos puestos directivos en el mercado de empleo. Ampliando un poco la mirada, vemos otras realidades".

El reparto de responsabilidades domésticas también difiere mucho según a qué sector social pertenezca la mujer. Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares, el 63% de las madres pobres con dos o más hijos no tiene trabajo, porcentaje que cae al 38% en mujeres de sectores medios con igual cantidad de hijos.

"Las mujeres de sectores más bajos tienen muchas más dificultades para insertarse en el mundo laboral, porque el peso de lo doméstico es mucho más fuerte sobre ellas que sobre las mujeres no pobres", asegura Giacometti. Y lo ilustra con un dato: sólo el 14% de los niños entre 3 y 5 años del 20% del sector más pobre va al jardín o a la guardería, mientras que en el 20% más rico esa porción trepa al 63%.

"Como los servicios de 3 y 4 años son ofrecidos mayormente por el sector privado, sólo acceden quienes pueden pagarlos. ¿Cómo hacen las mujeres pobres con hijos chicos para trabajar si no tienen donde dejarlos? ¿Cuál es el balance entre las remuneraciones que pueden obtener y el costo de las guarderías? ¿Por qué no se debaten las tareas de cuidado doméstico como responsabilidad social?". Las consecuencias están a la vista: mientras que el 38% de las no pobres no tiene ingreso, entre los pobres no tiene salario el 52% de las mujeres.

Faur coincide: "La tensión entre las responsabilidades laborales y las de la vida familiar atraviesan a todos los sectores, pero son muy diferentes las posibilidades de resolverlas de unas y otras". Es claro: en el país conviven estadísticas dignas de naciones como Suiza con indicadores propios de las más postergadas poblaciones africanas. Así de desigual están dadas las cosas si uno sumerge la mirada tierra adentro, en rincones con alto nivel de ruralidad y realidades alejadas de los avances que dicen tener a la mujer como estrella y protagonista.


Las trabajadoras informales

Uno de los puntos claves que se debatió en el seminario tiene que ver con el incremento de tasa de actividad femenina, que creció del 43%, en 1991, al 52,8%, en 2003. Pero no todo lo que brilla es oro: la mayor incorporación de puestos de tra bajo se produjo en un contexto de recesión económica, con un significativo aumento de la desocupación para ambos sexos y de precarización de los puestos de trabajo.

Por eso, no está claro si hay tanto que festejar en lo que hace a lo que técnicamente definen como "trabajo decente": de los 4 millones de trabajadores informales de la Argentina, el 52% son mujeres.

"Además de percibir ingresos menores, la desigualdad de las mujeres resulta notoria en lo que hace al acceso a la seguridad social y a sus posibilidades de ingresar a empleos formales", apunta Giacometti.

Un dato: casi 1 de cada 4 de las mujeres que trabajan lo hace en el servicio doméstico, "rubro" en el que el 90% está en negro, sin acceso a una obra social ni a jubilación, con todo el desamparo presente y futuro que eso supone.


Kilómetros de diferencias
Oscar Angel Spinelli
ospinelli@clarin.com

Las dos son jóvenes. Estudiaron el secundario. Son fuertes, laboriosas. Ambas tienen dos hijos, sus máximos tesoros, y están agradecidas. Sonríen para la foto, como si nada pasara. Son prácticas. No fantasean sueños. La exageración no forma parte de sus vidas. Alejandra Marticorena cuenta en estas páginas que un trabajo de bancaria en Capital le soluciona muchas cosas, la convierte en afortunada. En cambio, en su pueblo cordobés, Roxana Rombolá ya casi perdió la esperanza de un empleo en blanco. "Sólo toman solteras y sin hijos", resume su denuncia. Está obligada a malabarismos, a rebusques informales. Son muchas más las Roxanas. La no inserción laboral marca una enorme diferencia. Una deuda social que está lejos de saldarse.


Cuestionan la falta de estadísticas

Importantes especialistas advirtieron sobre la falta de estadísticas y la relatividad de algunos datos e indicadores promedio, que dejan a oscuras y en la más completa invisibilidad a muchísimos argentinos.

"La principal dificultad al momento de la construcción de indicadores está referida a la cobertura geográfica. La disponibilidad de datos sobre el sector rural y los centros urbanos de menor tamaño es muy escasa", explicó Giacometti. Esta limitación obedece a que la fuente de datos más importantes es la EPH, responsabilidad del Indec. La misma releva información en los 28 principales conglomerados urbanos del país, donde vive cerca del 70% de la población del país: del 30% restante, poco se sabe.

En el seminario, se hizo hincapié en los límites de algunos indicadores para alumbrar las desigualdades de género.

"Sólo toman solteras y sin hijos"

"Claro que he buscado trabajo. Pero tener hijos es una contra para algunos. No te toman porque piensan que vas a faltar cuando los chicos se enfermen", dice, con una seguridad sin fisuras, Roxana Rombolá, que, a los 25 años "y casada desde los 17", es mamá de dos hijos: Jordi, de 7 y Milton, de 3.

En su casita que está en plena construcción, en un barrio rural de Unquillo, a unos 40 kilómetros al noroeste de la capital cordobesa, Roxana habla de las (des) oportunidades laborales que le ha tocado sortear. "Nunca te ofrecen un trabajo en blanco. Y no importa si, como yo, tenés el secundario completo. Te piden todo tu día a cambio de nada".

La mujer habla "de las veces" que ella y otras vecinas intenta ron ingresar a un mercadito de la zona, sin éxito: "Sólo toman a chicas solteras y sin hijos. Y tampoco te creas que por mucho tiempo —aclara—, unos meses hasta que las chicas empiezan a reclamar mejoras en el sueldo, o se quedan embarazadas".

Pero Roxana, cuyo esposo trabaja "doce horas por día en una empresa de seguridad", no es sólo queja. "Por suerte mi marido está en blanco, y tenemos médico. Lo que pasa es que el sueldo no nos alcanza para todos. ¿A quién le alcanza, teniendo hijos?", se pregunta.

Es por eso que, a la hora de buscar trabajo, ella "como casi todas las mujeres que conozco", afirma, se las ingenian para "ganarse unos pesos sin descuidar a los chicos limpiando en casas o amasando pan". Por caso, Roxana ha logrado un equilibrio de malabarista con su tiempo y el de sus hijos.

"Yo vendo cosméticos por catálogo casa por casa. Pero eso es a la tarde, y caminando con los chicos de la mano. Pero por la mañana cuido otros chicos".

Es entonces cuando la chica cuenta su día: "Me levanto a las seis y media, llevo a Jordi a la escuela (pública) de Unquillo; y después a Milton a la guardería (también estatal). De allí me voy en bici a cuidarle los chicos, de ocho a dos de la tarde, a la misma seño que cuida en la guardería a mi hijo más chico".

Sí, un verdadero intercambio de tiempo, intereses y solidaridades. Terminadas las tareas en casa ajena, Roxana vuelve en su bici, recoge al pequeño Milton en el jardín, regresa a su casa, y allí encuentra a Jordi, que acaba de volver de la escuela en ómnibus. Roxana, ya "casi" ha abandonado, el "sueño de un trabajo en blanco".