La principal fuente de información revisada en este trabajo proviene del segundo tomo del libro que trata acerca de las biografías de algunas monjas que profesaron en el Convento de Corpus Christi, ubicado en la ciudad de México. Dicho escrito hace referencia a la vida conventual que llevaron tales mujeres.
Es común que cuando escuchamos la palabra sufrimiento pensemos inmediatamente en el dolor. Pues bien, en estas líneas conoceremos algunos de estos aspectos en la vida de sor Antonia Pérez de los Santos, religiosa del Convento de Señoras Naturales Caciques Descalzas de Corpus Christi de México que nació en la ciudad de Puebla, en mayo de 1698. Cabe mencionar que el virrey marqués de Valero compró por 40 mil pesos el terreno en el que fundó el Convento, poniendo la primera piedra el 12 de septiembre de 1720. El monasterio fue destinado para las indias nobles e hijas caciques. No tenían bienes y vivían de la caridad pública. En este convento tenían que aprender latín, leer y escribir correctamente en castellano, matemáticas, música y canto, así como ejercer sus conocimientos sobre el hogar –bordado, cocina– y labores manuales.
Los primeros años de su vida, sor Antonia estuvo al lado de su familia; su madre fue la encargada de enseñarle todas las actividades propias de la mujer: cocinar, bordar, rezar. Por el tipo de educación que se le dio a Antonia, sus padres aspiraban a que la pequeña alcanzara la perfección para el resto de su vida.
Algunos de los elementos que se consideraron para su ingreso al convento fueron que desde niña mostró ser obediente y tener un buen juicio, su modestia, humildad, desvelos y ayunos constantes, por lo que al cumplir los 26 años pudo pertenecer al Convento. La vida de sor Antonia en el Convento se desarrolló como se esperaba de acuerdo a la época y cultura, catalogándola como
ejemplar. Su mayor anhelo fue alcanzar la más alta perfección, por lo que, además de sus desvelos, fue un dechado de humildad, obediencia y exactitud en todas sus obligaciones, siempre entregada al trabajo, mostrando alegría y prontitud en todas sus tareas. Durante el día siempre estaba ocupada, sin que las labores la divirtieran. Por las noches se la pasaba de rodillas frente al santísimo sacramento, tomaba poco tiempo para el descanso. En el transcurso de sus actividades se mostraba siempre abstraída.
Publicado el 10 de diciembre de 2006
México
Del sufrimiento al gozo
La principal fuente de información revisada en este trabajo proviene del segundo tomo del libro que trata acerca de las biografías de algunas monjas que profesaron en el Convento de Corpus Christi, ubicado en la ciudad de México. Dicho escrito hace referencia a la vida conventual que llevaron tales mujeres.
Autor/a: Natalia Bernal Felipe, pasante de la maestría en antropología física
Fuente:
La principal fuente de información revisada en este trabajo proviene del segundo tomo del libro que trata acerca de las biografías de algunas monjas que profesaron en el Convento de Corpus Christi, ubicado en la ciudad de México. Dicho escrito hace referencia a la vida conventual que llevaron tales mujeres.
Es común que cuando escuchamos la palabra sufrimiento pensemos inmediatamente en el dolor. Pues bien, en estas líneas conoceremos algunos de estos aspectos en la vida de sor Antonia Pérez de los Santos, religiosa del Convento de Señoras Naturales Caciques Descalzas de Corpus Christi de México que nació en la ciudad de Puebla, en mayo de 1698. Cabe mencionar que el virrey marqués de Valero compró por 40 mil pesos el terreno en el que fundó el Convento, poniendo la primera piedra el 12 de septiembre de 1720. El monasterio fue destinado para las indias nobles e hijas caciques. No tenían bienes y vivían de la caridad pública. En este convento tenían que aprender latín, leer y escribir correctamente en castellano, matemáticas, música y canto, así como ejercer sus conocimientos sobre el hogar –bordado, cocina– y labores manuales.
Los primeros años de su vida, sor Antonia estuvo al lado de su familia; su madre fue la encargada de enseñarle todas las actividades propias de la mujer: cocinar, bordar, rezar. Por el tipo de educación que se le dio a Antonia, sus padres aspiraban a que la pequeña alcanzara la perfección para el resto de su vida.
Algunos de los elementos que se consideraron para su ingreso al convento fueron que desde niña mostró ser obediente y tener un buen juicio, su modestia, humildad, desvelos y ayunos constantes, por lo que al cumplir los 26 años pudo pertenecer al Convento. La vida de sor Antonia en el Convento se desarrolló como se esperaba de acuerdo a la época y cultura, catalogándola como
ejemplar. Su mayor anhelo fue alcanzar la más alta perfección, por lo que, además de sus desvelos, fue un dechado de humildad, obediencia y exactitud en todas sus obligaciones, siempre entregada al trabajo, mostrando alegría y prontitud en todas sus tareas. Durante el día siempre estaba ocupada, sin que las labores la divirtieran. Por las noches se la pasaba de rodillas frente al santísimo sacramento, tomaba poco tiempo para el descanso. En el transcurso de sus actividades se mostraba siempre abstraída.