Cristina Bajo trabajó como maestra rural, como vendedora; tuvo una boutique y una librería. Además, se ocupó de su casa y sus hijos. Al mismo tiempo, en sus pocos ratos libres, escribía.
Comenzó varias novelas, algunos cuentos y -en contadas ocasiones- ofreció su material a los amigos para evaluar sus reacciones. Como ninguna le pareció suficientemente elocuente, decidió seguir escribiendo por el placer de hacerlo, pero no volvió a intentar mostrar su material. ¿Publicar? Ni siquiera se le ocurrió.
Sin embargo, en algún momento tuvo la sospecha de que iba a morirse sin que sus hijos leyeran aquello que la había mantenido ocupada y febril frente a la máquina de escribir.
Sin decidirse a publicar, ofreció la guarda de su material a un buen amigo. Pero ese amigo, al percibir la calidad de los textos que llegaron a sus manos, se embarcó en el proyecto de abrir una pequeña editorial. Su primer título publicado fue Como vivido cien veces. Autora: Cristina Bajo.