Considerando el número de complicaciones severas materno-fetales que pueden resultar de la hipertensión no tratada, los obstetras y ginecólogos deben estar atentos y reconocer la forma crónica de esta enfermedad.
En la medida en que más y más mujeres deciden posponer su maternidad, se enfrentan a una serie de riesgos de su salud que son menos comunes en las embarazadas más jóvenes.
La hipertensión crónica es uno de ellos. Excluyendo a la población afroamericana, el 0.9% de las embarazadas entre 20 y 29 años de edad tienen una enfermedad hipertensiva durante el embarazo. Pero entre las mujeres de 30 a 39 años, más de una de cada 20 tienen hipertensión (5.2%). El problema es mucho peor en la comunidad Afro-americana, entre los 20 a 29 años, la incidencia de hipertensión durante el embarazo es de 1.9%, y trepa hasta 5.7% a partir de los 30 años.
Esa disparidad es paralela a la incidencia de hipertensión crónica entre las mujeres en la población general. A partir de que el número de mujeres que han atrasado su maternidad hasta la edad de 40 a 44 años ha aumentado un 56% desde 1980 hasta 1993, la hipertensión crónica continuará causando su daño en este grupo de mujeres.