Las argentinas no están al margen del fenómeno de las dietas de moda. Uno de las más visitadas es la dieta cetogénica. "Prácticamente no contiene hidratos de carbono (hasta unos 40 gramos por día), basándose en proteínas y grasas. Esto hace que el organismo recurra a las grasas corporales para tener energía. Se comen carnes, sólo verduras crudas de hojas, jamón, quesos y huevos. Pero sólo es recomendable seguirla por unas dos semanas, no más. Esto trae cetosis, es decir, se queman las propias grasas, y no es bueno", expresa Cristina Banzas, licenciada en Nutrición e integrante del Grupo Educador en Salud y Alimentación (GESA).
"Con esta dieta se baja mucho de peso, pero afecta al hígado, puede elevar el colesterol y hay gente que presenta constipación. También puede sentir mareos o descompensarse. Además, tiene efecto rebote cuando se abandona, a menos que los hidratos de carbono se incorporen poco a poco."
La otra propuesta que está adquiriendo popularidad es la de Máximo Ravenna. "Se trata de una dieta estricta e hipocalórica. Se consumen unas 600 calorías por día -una persona de 70 kilos tiene un gasto metabólico basal, estando en reposo, de unas 1800 calorías diarias- por un tiempo prolongado. Así, el descenso está asegurado. Pero teniendo una vida social es casi imposible seguirla porque no se puede comer lo mismo que el resto. Además, exige un seguimiento semanal y reuniones de grupos de apoyo. También se suplementa con vitaminas y minerales porque no cubre los requerimientos de nutrientes y micronutrientes. Pero lo peor es que no educa al paciente, que abandona porque llega al hartazgo y vuelve a comer", afirma Banzas.
"También hay dietas totalmente disarmónicas y desequilibradas que sugieren alimentarse cada día con la cantidad deseada de un determinado producto. Por ejemplo: el día del pollo. Así, durante las 24 horas se puede ingerir sólo esa carne blanca y agua. Me pregunto, cuánto más de un kilo de pollo se puede comer. Así, incorporan unas 700 a 900 calorías diarias, siendo también una ingesta hipocalórica."
En esa clasificación también entra la famosa dieta de la luna, que además implica tomar una sopa diurética. "Eso puede traer un desequilibrio electrolítico que puede ocasionar problemas cardíacos", advierte.
"No son planes alimentarios para plantearse a largo plazo. No hay fórmulas mágicas. El paciente obeso tiene muchos componentes psicológicos y debe ser tratado por un equipo multidisciplinario. La alimentación es fundamental para la vida: debe ser equilibrada, armónica y adecuada según edad, sexo, momento biológico y actividad física."
Cambio de hábitos
"La obesidad se ha convertido en una verdadera epidemia mundial. Si le sumamos el sobrepeso afecta al 60% de la población adulta y casi al 15% de la infantil", describe Marcela de la Plaza, médica especialista en nutrición. Para la profesional éste es el resultado de un estilo de vida sedentario y de una alimentación con muchas calorías, grasas, azúcares, harinas blancas y con un bajo aporte de fibra.
"Ante el planteo de una situación crónica, no tiene ningún sentido hacer dieta. La propuesta no puede ser un tratamiento a corto plazo", afirma. ¿Qué cambios pueden adoptarse? Mejores hábitos de compra, variedad de formas de preparación usando menos grasas, llevando a la mesa cada vez más vegetales de diferentes colores, pero sin prohibir alimentos. Sólo se trata de incorporar nuevos, que aporten menos calorías, más fibra, vitaminas y minerales.