
Permiten realizar muchas intervenciones agrediendo al cuerpo lo menos posible. Su uso se extiende en EE.UU., inclusive para operar distintos tipos de cánceres.
Shari Roan
El médico está sentado en un rincón oscuro de la sala de operaciones, cerca de tres metros de donde está el paciente. Los miembros de su equipo están parados a los costados del quirófano, observando los grandes monitores de video que cuelgan del techo. Lo que aparece en pantalla es un colon, rosado y brillante. Al paciente apenas se lo puede ver. Está cubierto con las clásicas sábanas quirúrgicas y parece muy pequeño al lado del robot de cuatro brazos, del tamaño de una heladera, que está parado al lado de su cuerpo. La impresión es que el paciente está solo.
En realidad, el cirujano Alessio Pigazzi y su equipo de City of Hope (centro médico de Los Angeles, California) tienen la mejor vista posible y el mejor acceso. Los brazos del robot manejan finos instrumentos quirúrgicos, una pequeña cámara y una luz, insertados en el abdomen del enfermo, a través de aperturas del tamaño de una moneda. Los monitores reflejan un paisaje limpio y sin sangre, casi, ampliado 10 veces.
Valiéndose de pedales y controles, Pigazzi maneja al robot desde una consola. Desliza los instrumentos entre los finos recovecos del recto, donde hay un tumor cancerígeno —un espacio casi imposible de ver sin esta tec nología—. "Ahí está", dice Pigazzi.
Esta es la cirugía del siglo XXI —con poca pérdida de sangre, cicatrices mínimas y una veloz cicatrización—, que está reemplazando a la tradicional cirugía en la que se hacen largas y sangrientas incisiones en el cuerpo. Con este tipo de dinámicos movimientos, los médicos aspiran a reparar al cuerpo sin dañarlo.
"Dentro de no mucho tiempo, la gente va a ver a las incisiones como algo arcaico y barbárico", asegura el doctor Paul Wetter, presidente de la Sociedad de Cirujanos especialistas en Laparoendoscopia y profesor emérito de Ginecología en la Universidad de Miami.
En los últimos años, la cirugía mínimamente invasiva pasó de técnica popular utilizada nada más que para las cirugías abdominales más simples —como las operaciones de hernia o de extracción de vesícula— a un método capaz de tratar dolencias mucho más serias, como cáncer, problemas cardíacos o enfisema.
Se realizan cada vez más intervenciones quirúrgicas con la ayuda de sofisticadas computadoras y equipos, como los robots. Este tipo de técnicas permiten a los médicos contar con imágenes ampliadas de alta definición, que impiden que se cometan errores, como cortes en tejidos equivocados.
Hay algunos médicos, incluso, que están dando ya los primeros pasos hacia las operaciones sin incisiones, en la que se utilizan las aperturas naturales del cuerpo, como la nariz, la boca y el ano.
Los beneficios de este nuevo tipo de intervenciones van más allá del paciente inmediato. "La cirugía mínimamente invasiva aumentó la cantidad de gente que está dispuesta ahora a donar sus riñones, por ejemplo", revela el doctor Chandru Sundaram, director de intervenciones quirúrgicas mínimamente invasivas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana.
Los mayores progresos se notan en el creciente entusiasmo de los cirujanos por extraer tumores cancerígenos sin realizar grandes incisiones. En un creciente número de hospitales de Estados Unidos se ofrecen tratamientos mínimamente invasivos para tratar cánceres de colon, recto, esófago, riñón, hígado, pulmón, útero y próstata.
La cirugía para tratar el cáncer se vio gobernada tradicionalmente por la premisa de que cuanto más tejido se sacara mayores eran las chances de cura. Pero este tipo de cirugías invasivas dejan tan débiles a muchos pacientes de cáncer que no están en condiciones de iniciar sesiones de quimioterapia o rayos durante varias semanas. Las cirugías mínimamente invasivas, en cambio, permiten a los pacientes pasar con rapidez a la fase siguiente del tratamiento.
Si bien el valor de los robots en las operaciones es objeto de un intenso debate, la mayoría de los cirujanos se está volcando a esta tecnología para las operaciones en zonas del cuerpo a las que es difícil llegar y que son aún más difíciles de ver, como la pelvis.
En EE.UU, muchos hospitales ofrecen realizar operaciones de próstata con la asistencia de robots, ya que este método parece reducir el riesgo de complicaciones serias, como la impotencia o la incontinencia urinaria.
Los robots quirúrgicos del futuro ofrecerán seguramente a los cirujanos imágenes cada vez mejores. La información procedente de escaneos o resonancias magnéticas podrá ser ingresada al robot, permitiéndole al médico "ver" qué hay detrás de un vaso sanguíneo o un órgano.
Desde vesículas hasta válvulas del corazón
La primera intervención quirúrgica mínimamente invasiva —una extracción de vesícula— se realizó en Francia en 1987. Hoy, el 90 por ciento de estas operaciones son así. En Estados Unidos, algunos médicos recurren a la cirugía mínimamente invasiva para las operaciones de fusión vertebral (que exigen tradicionalmente una incisión de 15 cm en la espalda). Otros recurren a ésta para reducir la capacidad pulmonar en pacientes con enfisema, para retirar parte del intestino en personas con Mal de Crohn, para reemplazar válvulas del corazón defectuosas o para reparar aneurismas de la aorta. Hoy, las operaciones de hernia, apéndice y hasta bypass gástrico se realizan a través de pequeñas incisiones en el abdomen. Demostraron ya ser el primer paso en la evolución hacia las cirugías mínimamente invasivas. Hay empresas de tecnología médica, incluso, que ya comenzaron a fabricar simuladores computarizados, que permitirán a los cirujanos practicar cirugías mínimamente invasivas antes de pasar a operar en un quirófano de verdad. De hecho, en las universidades norteamericanas de Indiana y Purdue, ingenieros y cirujanos están diseñando una nueva generación de robots que permitirán a los cirujanos tener sensaciones táctiles al operar.