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/ Publicado el 23 de julio de 2006

Tendencias

Crece el consumo de drogas entre los mayores de 40 años

Dicen que cada vez hay más adictos en tratamiento. La mayoría abusa de psicofármacos —estimulantes y tranquilizantes—, sobre todo las mujeres. También aumentó el consumo de cocaína y marihuana.

Desde hace al menos veinte años, las drogas son uno de los fantasmas que más desvelan a los padres de niños, adolescentes y jóvenes, considerados los más vulnerables ante la creciente amenaza de la adicción. Las últimas estadísticas, sin embargo, revelan que la droga no discrimina edades a la hora de sumar clientes. Por estos días, es entre los mayores de 40 años donde se advierte un incremento en el consumo de drogas legales e ilegales inédito en el país.

"No advertí que tenía un problema hasta que el médico me detectó una arritmia y me preguntó si había cambiado alguno de mis hábitos. Me seguía desde siempre y se desconcertó, jamás había surgido en mis controles anuales", cuenta Mabel, que un año después aún no olvida la cara del clínico cuando escuchó que "empezó tomando algo para dormir" y terminó recurriendo a las pastillas "para salir a la calle, para poder trabajar, para llegar de humor a la cena, para todo". Así, de a poco, sin darse cuenta, llegó a tomar un blister entero de ansiolíticos en cuestión de horas.

La historia de Mabel, de 48 años, está lejos de ser excepcional. Arquitecta, divorciada y madre de dos nenas, es apenas uno de los tantos casos que encarnan una tendencia que preocupa a organismos e instituciones vinculadas a la problemática de las adicciones: desde el 2001, y con la crisis socioeconómica como principal desencadenante, los adictos de más 40 años no hicieron más que multiplicarse, año tras año.

"Creció notablemente el consumo de psicofármacos, sobre todo en el caso de las mujeres. La gente toma de manera abusiva estimulantes y tranquilizantes. También aumentó el consumo de cocaína, marihuana y alcohol, aunque en una proporción menor", revela Diego Alvarez, al frente del Observatorio Argentino de Drogas de la Secretaría para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha Contra el Narcotráfico.

"Hace unos años, la consulta de adictos de más de 40 era nula. Hoy, el 18% de los pacientes se encuentra dentro de esa franja", dice José Rshaid, director de Casa de Sur, una ONG con 14 centros abocados a la asistencia y la prevención de las adicciones.

También allí los psicofármacos se llevan las palmas entre los mayores. El cuadro suele repetirse casi idéntico: primero, una pastilla que alguien ofrece para aliviar un mal día, para dormir mejor o sobrellevar la angustia de una fea noticia; en breve, el cuerpo que se acostumbra, el umbral que se corre y la persona que aumenta la dosis y/o las pastillas para lograr el mismo efecto que antes; el final: la toma compulsiva, producto de una adicción que pocas veces se reconoce como tal.

"Antes, los adictos de más de 40 eran pocos y llegaban por consumo de alcohol. Hoy, 3 de cada 10 pertenecen a esa franja, y el 70% ingresa por otras drogas. Muchos son adictos desde su juventud", dice Cristian Laclau, de la Fundación Manantiales.

También en la Subsecretaría de Atención a las Adicciones bonaerense registran la tendencia: los adictos de más de 40 en tratamiento treparon del 8 al 14% desde el 2003. "Creció mucho la consulta, sobre todo de adictos al alcohol. Creo que tiene que ver con el trabajo que venimos haciendo de plantear el alcoholismo como una adicción. La mayoría son alcohólicos de larga data que empiezan a asumir que tienen un problema", dice la subsecretaria Patricia Segovia.

En la mayoría de los casos, son los propios hijos los que internan a sus padres. "Papá es alcohólico desde muy joven, pero nunca fue agresivo. Este año murió su mujer, se desmoronó y no tuvo otra que ponerse en nuestras manos. Lo fui a buscar a Bariloche, donde vivía, lo traje a Capital y lo interné. El período de desintoxicación fue terrible, pero lo estoy conociendo por primera vez —dice Laura, 25 años, instructora de yoga—. Siempre sentí vergüenza, lo odiaba. Pero ahora entiendo que está enfermo, lo veo como a una persona. Nunca pensé que haría algo por él, lo daba por perdido y, por el contrario, lo recuperé".

La mitad de la vida es, de por sí, una etapa difícil. La famosa crisis de los 40 no es mito. "Es un momento bisagra, que desencadena reflexiones y cuestionamientos duros de sobrellevar —dice Rshaid—. A su vez, los adultos tienen hoy mayores niveles de angustia que hace 20 años, cuando la gente llegaba a los 50 con las cosas bastante resueltas. Hoy lo hacen con mucha incertidumbre, y la droga, para algunos, asoma como un refugio o una manera de tapar agujeros".

Si bien la crisis del 2001 es considerada el principal desencadenante, otros factores influyen. "El alto consumo de psicofármacos está relacionado con el estrés y la sobreexigencia que sufren algunos sectores, sobre todo medios y altos. Se da mucho en profesionales y ejecutivos", apunta José Granero, titular de la Sedronar. "Nos preocupa la venta sin receta y el uso indebido de medicamentos. Los datos son tan alarmantes que vino un organismo de la ONU a investigar".

"El consumo indebido de psicofármacos está instalado —dice Cecilia Arizaga, investigadora—. Vivimos en una cultura que promueve la automedicación. En ese marco, crece el consumo de remedios que no son para curar sino para estar a la altura de la performance que exige la sociedad, y es grave: no hay percepción del riesgo que eso supone".

Más oferta y una voracidad insatisfecha
Oscar Angel Spinelli
ospinelli@clarin.com

Pocas décadas atrás, el consumo de psicofármacos estaba reservado a los que tenían algún trastorno psiquiátrico y a los "enfermos mentales" encerrados en hospitales. Así lo consideraba el imaginario popular, y no se equivocaba demasiado. Los que tomaban cocaína apenas eran un puñado de excéntricos. Parece claro que en el tema de la drogadicción la oferta moldeó a la demanda. Los psicofármacos vinieron de la mano de una mayor producción industrial y más recetas ante cuadros de angustia o depresión. Las drogas ilegales se abarataron y fueron masificadas por los narcos. Por el lado de la demanda, la sociedad de consumo creó gente cada vez más voraz, y por eso, insatisfecha y frustrada.

Testimonio

"Tuve que ayudar a mi papá"

Tiene 26 años, Paola. Y una madurez que asombra. No es una niña, claro, pero debiera faltarle edad para ponerle el cuerpo a esa adulta que sus palabras alumbran cuando se anima a confiar un secreto que jamás traspasó la frontera familiar. "La adicción de papá me obligó a crecer. Soy la mayor de cinco hermanos, tuve que hacerme cargo", dice.

El problema arrancó temprano, cuando Paola transitaba su adolescencia en el marco de una familia de clase media de Mar del Plata. "Teníamos una fábrica y varias propiedades, estábamos bien. Pero empezaron a pasar cosas (murió mi abuela, mamá se enfermó, cayó el trabajo), mi viejo se deprimió y empezó a caer en distintas adicciones". Primero fue el juego. "Se patinó mucho dinero y nos fundimos. Pero la adicción es una figurita que va cambiando y siguió con la cocaína".

Cuando tomaba, dice, se ponía eufórico, hiperactivo, pero cuando el efecto se iba empezaban las agresiones. "Llegué a ir a un juez a pedir ayuda", confiesa. Cuando tocaron fondo decidieron mudarse a la Capital, a casa de su abuela. "La idea era arrancarlo del círculo en el que se movía, pero tiene 52 años y le costó encontrar trabajo. Un día tuvo un bajón terrible y me llamó pidiendo ayuda". Así llegaron a Casa del Sur, donde lo internaron durante seis meses. Ahora sigue un tratamiento ambulatorio.

"Dejó de consumir, pero el adicto no se cura. Papá es buen tipo, nos quiere, pero está enfermo. Nosotros crecimos como pudimos, sin referentes. Con muchos golpes, pero unidos. Y sanos: ninguno siguió sus pasos". Paola es publicista. "Sublimé por el lado de la creatividad", sonríe. En su trabajo nadie sabe su historia. "Dije que papá tiene depresión. Me aliviaría decir la verdad, pero no sé cómo contar que mi papá es drogadicto. No es fácil".

Mucha venta sin receta


Según datos de la Confederación Farmacéutica Argentina, la venta de medicamentos destinados al sistema nervioso creció más de un 100% desde el 2001, consolidándose como el segmento de mayor facturación de esa industria. "Ese incremento está asociado a las políticas de prescripción. Acá es muy fácil acceder a estas pastillas. Está muy extendido el síndrome del tercer renglón, como llaman al remedio que agregan muchos médicos al pie de la receta a pedido del paciente, y que en general es un psicotrópico. Se receta de más y se vende mucho sin receta", subraya Diego Alvarez.

Los más consumidas pertenecen al grupo de las benzodiazepinas, la foxetina y otros depresores del sistema nervioso. "Antes, el 70% de los medicamentos vendidos eran para tratar alguna patología. Hoy, ese porcentaje está acaparado por remedios para 'mejorar la calidad de vida'. Y lo peligroso es que a veces esas pastillas terminan convirtiéndose en drogas de inicio".

Adictos cada vez más chicos

El incremento de adictos mayores de 40 años es paralelo a otro fenómeno, igual o más preocupante: así como crece el consumo entre los adultos, el mundo de la droga incorpora a diario a chicos cada vez más chicos. "Nos han llegado chicos de hasta 8 años. Y recibimos muchos de 11 y de 12. La mayoría son adictos a los inhalantes y al poxirán: los famosos bolseros", revela el doctor Rshaid, de Casa del Sur.

Hasta hace unos años, los 13 años eran el piso: por debajo de esa edad sólo había algún que otro caso, siempre excepcional. Pero las cosas cambiaron, y hoy a pocos les sorprende ver grupitos de niños aspirando pegamento, nafta u otras sustancias en la calle. "Les saca el hambre, les saca el frío y, sobre todo, le saca el miedo. No es fácil sobrevivir en la calle", explican los expertos.

Algo similar empieza a pasar en el conurbano bonaerense con el paco (la pasta base). Según datos de la SADA, el 11% de las personas en tratamiento empezó a consumir a los 13 o antes.