Noticias médicas

/ Publicado el 28 de noviembre de 2005

Investigación

Crearon una nueva vacuna contra la brucelosis

Científicos de la UBA, el Conicet, el Instituto Leloir y la UNICEN lograron una solución más afectiva para combatir esta enfermedad que afecta al ganado y además está muy difundida entre los profesionales rurales. Ganaron un premio y ya comenzaron con las pruebas de campo en ovinos

Investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el Conicet, el Instituto Leloir y la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN) desarrollaron una vacuna efectiva contra la brucelosis, una enfermedad endémica en la Argentina que afecta a la ganadería, pero que también se transmite al ser humano y es habitual en los profesionales rurales, como veterinarios, personal de frigoríficos y carniceros.

Tal como dio a conocer la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, los científicos no sólo la ensayaron en condiciones de laboratorio y obtuvieron resultados eficaces, sino que además encontraron nuevas ventajas respecto de las vacunas que existen en la actualidad, por lo que ya comenzaron las pruebas de campo.

De hecho, el hallazgo local mereció el Premio en Inmunología "Ricardo Margni" 2005, que se entregó este año por primera vez, a partir de una iniciativa del Centro de Estudios para el Desarrollo de la Industria Químico Farmacéutica Argentina (CEDIQUIFA).

La brucelosis, también conocida como fiebre de Malta, es una enfermedad infecciosa que se presenta con episodios recurrentes de fiebre, debilidad, sudoración y dolores vagos. Es provocada por una bacteria llamada Brucella, que está en la sangre, las secreciones y la leche de vacas, cerdos, ovejas y cabras.

Si bien desde que se practica la pasteurización en la Argentina la posibilidad de que las personas se infecten con la bacteria ha descendido en forma notable, no ha mermadó así su influencia en los trabajadores del campo.

Según informó la responsable del Centro de Divulgación Científica de Farmacia, Amalia Dellamea, la estrategia utilizada por los investigadores argentinos fue trabajar con proteínas recombinantes de la Brucella spp, iguales a las que están normalmente en la bacteria pero obtenidas en el laboratorio mediante técnicas de biología molecular.

"Trabajamos en el desarrollo de vacunas de subunidades, que consisten en utilizar determinados componentes de las bacterias causantes de brucelosis, por ejemplo, proteínas, pero nunca la bacteria entera. La ventaja de estas vacunas es que no entrañan riesgo de infección y que su producción es estandarizable", destacó Juliana Cassataro, del Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral (CONICET ? UBA), con sede en la Facultad de Farmacia y Bioquímica y del Laboratorio de Inmunogenética, del Hospital de Clínicas (UBA).

Al parecer, la se trata de una especie de truco tecnológico por el cual los investigadores transfieren un gen de la Brucella spp. a otra bacteria más amigable y suficientemente entrenada para trabajar en el laboratorio "en colaboración" con los investigadores.

Esta bacteria amiga fue la Escherichia coli, que una vez que tiene inserto el gen "ajeno" comienza a producir la proteína de interés como si se tratara de la otra bacteria, la Brucella spp. De este modo los científicos obtienen la proteína que necesitan, la purifican y pueden efectuar los ensayos de laboratorio.

Este desarrollo viene a suplantar en parte el vacío que deja la aplicación de las vacunas existentes, que según la médica, "no son cien por ciento efectivas porque presentan desventajas, como la dificultad de efectuar el diagnóstico, esto es, que no resulta nada fácil distinguir entre un animal que ha sido vacunado y otro que está infectado con la bacteria causante de la enfermedad".

Por su parte, Guillermo H. Giambartolomei, del Clínicas, señaló que "las vacunas en uso se producen con cepas de bacterias atenuadas, lo que equivale a decir que no son avirulentas y consecuentemente conservan potencialmente la capacidad de enfermar".

Si bien los científicos aclararon que conservan su capacidad antigénica, es decir su potencial para despertar los sistemas de defensa, la falta de virulencia habría sido resultado de inoculaciones o siembras repetidas en medios de cultivo.

"Pero, resulta que una de las desventajas de las vacunas actuales es que las bacterias enteras atenuadas que se utilizan no son totalmente avirulentas; conservan su capacidad de replicarse y, consecuentemente, pueden provocar la infección" señaló Cassataro.

"Los niveles de protección que logramos con esta vacuna fueron mayores contra B. ovis (brucelosis ovina) o similares contra B. melitensis (brucelosis caprina y humana) que los que se obtienen con las cepas de bacterias atenuadas utilizadas normalmente", relató la investigadora galardonada junto con su equipo.

Sin embargo, los especialistas también llegaron a otro tipo de vacuna de tipo de ADN. "La vacuna de ADN consiste en inocular en los animales que se desea proteger el gen de la bacteria Brucella spp que codifica para la proteína de interés. De esta manera se logra que el animal vacunado produzca por sí mismo la proteína", explicó Cassataro. Y concluyó: "Con esta estrategia hemos logrado resultados todavía más alentadores".

Actualmente los científicos argentinos, habiendo concluido los ensayos básicos, en laboratorio, iniciaron las pruebas en campo: están implementando la Fase I en inmunización de ovejas.