Medical News

/ Published on April 4, 2006

El avance fue calificado de "histórico".

Crean vejigas con células de pacientes.

Es la primera vez que se implantan en humanos órganos desarrollados por ingeniería de tejidos.

Crear órganos a medida de los pacientes -de modo tal de evitar la casi siempre larga y a veces infructuosa espera de un trasplante- es el sueño de Anthony Atala, un cirujano experto en ingeniería de tejidos que acaba de anunciar que fabricó en su laboratorio vejigas a partir de las células de sus mismos pacientes.

Al implantarlas, este investigador de la Universidad Bautista Wake Forest, de Estados Unidos, fue capaz de proveer tratamiento eficaz para la incontinencia urinaria que padecían quienes participaron de la experiencia, además de prevenir complicaciones renales asociadas a sus problemas de vejiga.

El avance -calificado de "histórico" por la revista médica The Lancet, que publicó el trabajo de Atala- constituye el primer trasplante de órganos humanos desarrollados en laboratorio. La experiencia da cuenta además de su efectividad a largo plazo, ya que los trasplantes (siete, en total) se realizaron a partir de 1999 y siete años de seguimiento demostraron que los órganos se mantuvieron en funcionamiento durante ese período.

"Este es un pequeño paso en nuestra capacidad de avanzar hacia el reemplazo de tejidos y órganos dañados", declaró ayer un humilde Atala, investigador que actualmente estudia la forma de construir en su laboratorio corazones, páncreas y otras dos decenas de órganos y tejidos humanos hechos a medida de sus receptores.

Así, Atala busca aliviar la escasez de órganos que afecta a su país (y también al resto del planeta) y al mismo tiempo evitar la necesidad de que los pacientes trasplantados deban tomar de por vida medicamentos inmunosupresores. Es que al ser desarrollados a partir de las células de los mismos pacientes no hay posibilidad de rechazo.

"Hemos mostrado que las técnicas de medicina regenerativa pueden ser usadas para generar vejigas funcionales y duraderas -declaró Atala-. Esto sugiere que algún día la medicina regenerativa quizá sea una solución para la escasez de donantes de órganos."

Alquimia moderna

Como un alquimista, Atala lleva décadas buscando la forma de construir distintos órganos en el laboratorio. Sus estudios con vejigas comenzaron en 1990, cuando dirigía el centro de Terapéutica Celular e Ingeniería de Tejidos del Colegio de Medicina de Harvard, con sede en el Hospital de Niños de Boston. Después de años de buscar los factores de crecimiento apropiados, capaces de estimular el desarrollo celular, Atala creó sus primeras vejigas de laboratorio en 1999.

¿Cómo lo hizo? "Lo primero es extraer una pequeña biopsia de tejido de la vejiga, del tamaño de la mitad de una estampilla -explicó ayer Atala en una conferencia de prensa vía telefónica-. Este tejido tiene tres capas: una exterior, compuesta por células musculares; en el medio, colágeno; y en el interior, células uroteliales."

Las células exteriores e interiores obtenidas son puestas, por separado, en medios de cultivo que permiten su multiplicación. "Después de 30 días, colocamos esas células, capa por capa, en una matriz de colágeno tridimensional, que tiene la forma de la vejiga -relató el investigador-, y la matriz es puesta en una incubadora que imita las condiciones de temperatura y oxigenación del organismo."

Finalmente, completó Atala, "la matriz es implantada en el cuerpo del paciente y se coloca encima de la vejiga deficiente. Allí, el nuevo órgano es vascularizado e inervado, lo que permite que la vejiga cumpla con sus funciones".

Los chicos y adolescentes que recibieron el implante tenían espina bífida, una malformación de la médula espinal que suele asociarse a incontinencia urinaria, en los que la excesiva presión intravesical puede dañar los riñones. "Observamos que [gracias al implante] la presión que la vejiga transmitía al riñón se redujo, lo que permitió conservar una buena función renal a largo plazo y además obtuvieron una mejoría en sus problemas de incontinencia", dijo Atala.

Su próximo paso será probar si el implante de vejigas creadas con las células de los mismos pacientes resulta de utilidad para quienes padecen vejiga neurogénica, han sufrido un accidente que lesionó ese órgano o han sufrido cáncer vesical.

Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION

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Clarín
Logran implantar vejigas artificiales

Cultivaron células y las hicieron crecer en un armazón de la misma forma que el órgano.

Podría decirse que los seres humanos están cada vez más cerca de parecerse a las salamandras, esos anfibios que son capaces de regenerar sus patas, ojos, mandíbulas, corazón y riñones por su propia cuenta. Por primera vez en el mundo se logró regenerar vejigas en el laboratorio y se las implantó con éxito en siete pacientes.

El avance se consiguió en la Facultad de Medicina de la Universidad Wake Forest, de Carolina del Norte, en los Estados Unidos. Se realizó en chicos que tenían entre 4 y 19 años y que sufrían de una anomalía congénita, que había afectado el funcionamiento de sus vejigas.

Lo llamativo del resultado es que la técnica para renovar la vejiga también podría llegar a servir para otro tipo de pacientes —incluyendo adultos— que padecen problemas en el control de la vejiga, un trastorno que puede llevar a la insuficiencia renal. Podría ser de interés para gente con cáncer de vejiga, diabetes severa y enfermedades inflamatorias, según escribió Steve Chung, del Instituto Avanzado de Urología de Illinois, en la misma revista médica donde se publicó la novedad ayer, la británica The Lancet.

"La regeneración de vejiga en humanos en los Estados Unidos forma parte de una investigación preliminar. No es aún el tratamiento estándar y los pacientes no deberían ir al consultorio a pedirlo mañana. Pero sí hay que decir que se trata de una estrategia que promete y que resulta innovadora", dijo a Clarín Edgardo Becher, profesor adjunto de urología de la Facultad de Medicina de la UBA y director del Centro de Urología-CDU.

Hasta ahora, cuando alguien pierde el control sobre el funcionamiento de la vejiga (como consecuencia de —por ejemplo— lesiones medulares), los médicos recetan fármacos anticolinérgicos. Si esa opción no es suficiente, se recurre a un tratamiento quirúrgico que ya pasó a ser estándar: según Becher, se aisla un trozo de intestino y se lo talla para obtener un parche. Este parche se injerta en la vejiga para mejorar su funcionamiento.

Pero no siempre esta opción es eficaz en todos los pacientes. Supone el uso diario de un catéter que ayuda a los pacientes a vaciar la vejiga. Y para personas parapléjicas, el catéter puede resultar toda una complicación. Además, a veces pueden desarrollarse infecciones o el parche de intestino puede no resolver el problema.

Por lo cual, lo ideal es dar con una nueva vejiga, una búsqueda que empezó veinte años atrás. El líder de la investigación que se da a conocer ahora, Anthony Atala, comenzó su trabajo de producción de vejigas a partir de células de pacientes a principios de la década de los noventa. En 1999, ya implantó la primer vejiga conseguida a través de su área de trabajo, la ingeniería de tejidos.

Sus siete pacientes sufrían de mielomeningocele, una malformación congénita del tubo neural, que en la Argentina se da un caso cada 1.000 recién nacidos (se puede prevenir si la mujer toma ácido fólico antes de la concepción). Y el doctor Atala monitoreó el funcionamiento de las nuevas vejigas hasta cinco años después de las operaciones.

Los chicos eran pacientes del Hospital de Niños de Boston, donde Atala trabajaba antes de mudarse a la Universidad de Wake Forest en 2004. Les hicieron una biopsia de sus vejigas dañadas, para después aislar células que fueron cultivadas en el laboratorio. Para que las células adop ten en conjunto la forma de vejiga, se colocaron en un armazón biodegradable. Y todo junto se adjuntó a la vejiga de los chicos.

La técnica aún debe probarse en más pacientes y por más tiempo. Pero también es una esperanza para otros pacientes: según Atala, podría utilizarse para construir corazón, hígado, páncreas, y riñones, entre otras partes del cuerpo. El gran beneficio es que el órgano de repuesto no generaría rechazo inmunitario (al ser compatible con el paciente).

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