Para todos es bien conocido el tremendo impacto causado por el retiro voluntario del Rofecoxib a nivel mundial por parte del laboratorio Merck.
Al respecto hemos recibido numerosas consultas dirigidas a conocer en detalle las causas del aumento del riesgo cardiovascular, atribuido al uso de estas sustancias, lo que nos llevó a investigar y releer múltiples publicaciones relacionadas con el tema.
Entre los materiales revisados, nos encontramos con un artículo del New England Journal of Medicine, que nos pareció sumamente interesante y aclaratorio, ya que el autor, en muy pocas palabras, logra transmitir cuál es la problemática relacionada con los coxibs.
El Dr. FitzGerald, comienza haciendo una revisión de los efectos de los coxibs sobre la ciclooxigenasa 2 (COX-2), responsable de la síntesis de las prostaglandinas que median el fenómeno inflamatorio y su respeto por la acción de la ciclooxigenasa 1 (COX-1), responsable de la síntesis de las prostaglandinas con efecto gastroprotector.
Luego, el autor comenta brevemente las razones que llevaron a Merck al retiro del Rofecoxib, como resultado del aumento significativo del riesgo de padecer fenómenos tromboembólicos en un grupo de pacientes que participaban del estudio APPROVe (Adenomatous Polyp Prevention on Vioxx).
Según afirma el autor, ya en el año 1999 había publicado un trabajo en el que se ponía en evidencia la disminución de la producción de prostaglandina I2, (mediada por la COX-2), en voluntarios que recibían coxibs. Estas prostaglandinas I2, producidas en el endotelio, poseen efectos protectores, ya que inhiben la agregación plaquetaria, provocan vasodilatación y previenen la proliferación de las células de músculo liso en la pared vascular.
Su efecto se opone al del tromboxano plaquetario (mediado por la COX-1), que posee efecto agregante, vasoconstrictor y favorecedor de la proliferación de músculo liso en la pared de los vasos.
Por su elevada especificidad sobre la COX-2, los coxibs terminan inhibiendo la producción de las prostaglandinas protectoras sin interferir con la producción del tromboxano, lo que se traduce en un aumento del riesgo, en lo que tiene que ver con infarto de miocardio, hipertensión y stroke.
El autor afirma que este efecto, parecería ser una característica de la clase coxibs (aunque hay que evaluarlo), y que la prudencia indicaría evitar su uso en pacientes con enfermedad cardiovascular o con riesgo de padecerla.
Si bien aún no hay trabajos que involucren a los otros coxibs con un mayor riesgo, el Dr. FitzGerald afirma que: “La ausencia de evidencia no evidencia la ausencia”.
Puede consultar el texto completo del artículo original: N Engl J Med, Volume 351(17), October 21, 2004:1709-1711.
Publicado el 9 de noviembre de 2004
A propósito de los coxibs
Coxibs y enfermedad cardiovascular
Comentario sobre el artículo del Dr. Garret FitzGerald, del Institute for Translational Medicine and Therapeutics de la Universidad de Pennsylvania en Philadelphia, publicado en el New Engl J Med el pasado 21 de octubre.
Autor/a: Dr. Aurelio Fernández
Para todos es bien conocido el tremendo impacto causado por el retiro voluntario del Rofecoxib a nivel mundial por parte del laboratorio Merck.
Al respecto hemos recibido numerosas consultas dirigidas a conocer en detalle las causas del aumento del riesgo cardiovascular, atribuido al uso de estas sustancias, lo que nos llevó a investigar y releer múltiples publicaciones relacionadas con el tema.
Entre los materiales revisados, nos encontramos con un artículo del New England Journal of Medicine, que nos pareció sumamente interesante y aclaratorio, ya que el autor, en muy pocas palabras, logra transmitir cuál es la problemática relacionada con los coxibs.
El Dr. FitzGerald, comienza haciendo una revisión de los efectos de los coxibs sobre la ciclooxigenasa 2 (COX-2), responsable de la síntesis de las prostaglandinas que median el fenómeno inflamatorio y su respeto por la acción de la ciclooxigenasa 1 (COX-1), responsable de la síntesis de las prostaglandinas con efecto gastroprotector.
Luego, el autor comenta brevemente las razones que llevaron a Merck al retiro del Rofecoxib, como resultado del aumento significativo del riesgo de padecer fenómenos tromboembólicos en un grupo de pacientes que participaban del estudio APPROVe (Adenomatous Polyp Prevention on Vioxx).
Según afirma el autor, ya en el año 1999 había publicado un trabajo en el que se ponía en evidencia la disminución de la producción de prostaglandina I2, (mediada por la COX-2), en voluntarios que recibían coxibs. Estas prostaglandinas I2, producidas en el endotelio, poseen efectos protectores, ya que inhiben la agregación plaquetaria, provocan vasodilatación y previenen la proliferación de las células de músculo liso en la pared vascular.
Su efecto se opone al del tromboxano plaquetario (mediado por la COX-1), que posee efecto agregante, vasoconstrictor y favorecedor de la proliferación de músculo liso en la pared de los vasos.
Por su elevada especificidad sobre la COX-2, los coxibs terminan inhibiendo la producción de las prostaglandinas protectoras sin interferir con la producción del tromboxano, lo que se traduce en un aumento del riesgo, en lo que tiene que ver con infarto de miocardio, hipertensión y stroke.
El autor afirma que este efecto, parecería ser una característica de la clase coxibs (aunque hay que evaluarlo), y que la prudencia indicaría evitar su uso en pacientes con enfermedad cardiovascular o con riesgo de padecerla.
Si bien aún no hay trabajos que involucren a los otros coxibs con un mayor riesgo, el Dr. FitzGerald afirma que: “La ausencia de evidencia no evidencia la ausencia”.
Puede consultar el texto completo del artículo original: N Engl J Med, Volume 351(17), October 21, 2004:1709-1711.