| Los análogos del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) han transformado radicalmente el abordaje de la obesidad y del síndrome metabólico. Esta clase farmacológica ha superado con creces a todas las terapias previas en términos de magnitud de pérdida ponderal y beneficios cardiometabólicos pleiotrópicos1. |
Es fundamental precisar que estas moléculas no poseen un efecto lipolítico intrínseco; su mecanismo de acción reside, por un lado, en la supresión del apetito mediante la modulación de núcleos hipotalámicos y, por otro, en el retardo del vaciamiento gástrico, configurando lo que podría denominarse una "cirugía bariátrica química"2.
A la luz de la robusta evidencia proveniente de ensayos clínicos aleatorizados doble ciegos, la eficacia de los GLP-1 en el tratamiento de la obesidad es indiscutible3. No obstante, investigaciones recientes publicadas durante el 2025 han advertido que la interrupción abrupta de estos fármacos suele desencadenar un efecto rebote, caracterizado por una rápida recuperación de la masa grasa perdida4. ¿Implica esto que el tratamiento es fútil y sus logros meramente transitorios? La respuesta es un no categórico, siempre que se adopte un marco conceptual adecuado.
Obesidad crónica: un cambio de paradigma terapéutico |
Debemos entender la obesidad como una enfermedad crónica, una alteración persistente en el diálogo neurohormonal entre el eje intestino-cerebro5. Como toda patología crónica, su control adecuado exige un manejo proactivo y sostenido.
Ante un paciente con hipotiroidismo que logra la remisión completa de sus síntomas luego de una cuidadosa titulación de dosis de levotiroxina, sería impensado suspender abruptamente la suplementación hormonal. Asimismo, en un paciente con obesidad estructural de larga data que logra un peso saludable, resulta imperativo mantener la terapia a largo plazo, incluso con dosis de mantenimiento reducidas6.
En la práctica clínica actual, se perfilan dos estrategias principales para el desescalamiento terapéutico: la reducción mensual gradual de la dosis hasta encontrar el umbral mínimo efectivo, o el espaciamiento de la administración, transitando de un esquema semanal a uno bisemanal7.
Una de las preguntas que los pacientes más frecuentemente realizan en la consulta es cuánto deben bajar o cuál es su peso ideal. Más que un peso ideal, deberíamos apuntar a un peso metabólicamente saludable o funcional en relación con las comorbilidades de cada paciente: el objetivo nunca es un número concreto, sino un rango. Por ejemplo, si un paciente tiene apnea obstructiva del sueño, sabemos que para lograr una mejoría significativa de su índice apnea-hipopnea deberemos alcanzar un descenso de peso de al menos el 15% con respecto al peso de inicio . Si tiene prediabetes, con un 10% de descenso de peso, habitualmente ya podremos ver una mejoría en la hemoglobina glicosilada.
Si bien la suspensión del tratamiento predispone al rebote, la dosis de mantenimiento requerida estará supeditada a los cambios en el estilo de vida consolidados durante la fase activa. Siguiendo las directrices de la American Diabetes Association (ADA), enfatizamos la educación nutricional —priorizando proteínas, grasas insaturadas e hidratos de carbono complejos— y la prescripción de ejercicio de resistencia para mitigar la pérdida de masa muscular inherente a descensos de peso significativos8.
De la eficacia clínica al impacto poblacional |
La prevalencia de obesidad, tanto en adultos como en niños, ha aumentado exponencialmente en toda Latinoamérica durante las últimas décadas. Si bien la educación para la salud, la difusión de hábitos saludables de alimentación y la promoción del ejercicio regular constituyen la piedra angular del cambio necesario, el impacto de estas medidas en el mundo real es, en el mejor de los casos, modesto.
Basta analizar la rama control de los ensayos clínicos randomizados de análogos GLP-1, para entender que aún en un escenario muy optimista, los pacientes con obesidad que intentan bajar de peso solo con intervenciones en el estilo de vida bajan en promedio solo un 3% de su peso a 16 meses. En relación a esto, la Organización Mundial de la Salud ha declarado a los análogos GLP-1 herramientas esenciales en la lucha contra la pandemia de la obesidad.
El 2026 se perfila como un año bisagra con el vencimiento de patentes clave y la introducción de agonistas duales (como tirzepatida). Este escenario de mayor competencia debería favorecer la accesibilidad económica, permitiendo que estas herramientas esenciales lleguen a las comunidades menos privilegiadas.
Bibliografía:
1. Wilding JPH, et al. Once-Weekly Semaglutide in Adults with Overweight or Obesity. N Engl J Med. 2021;384(11):989-1002.
2. Drucker DJ. Mechanisms of Action and Therapeutic Application of Glucagon-like Peptide-1. Cell Metab. 2018;27(4):740-756.
3. Jastreboff AM, et al. Tirzepatide Once Weekly for the Treatment of Obesity. N Engl J Med. 2022;387(3):205-216.
4. Wilding JPH, et al. Weight regain and cardiometabolic effects after withdrawal of semaglutide: The STEP 1 trial extension. Diabetes Obes Metab. 2022;24(8):1553-1564.
5. Bray GA, et al. The Selection of Retailer Services: Obesity as a Chronic Relapsing Disease Process. The Lancet. 2017;389(10081):2410-2425.
6. Rubino D, et al. Effect of Continued Weekly Subcutaneous Semaglutide 2.4 mg on Weight Maintenance in Adults With Overweight or Obesity (STEP 4). JAMA. 2021;325(14):1414-1425.
7. Aronne LJ, et al. Continued Treatment With Tirzepatide for Maintenance of Weight Reduction in Adults With Obesity: The SURMOUNT-4 Randomized Clinical Trial. JAMA. 2024;331(1):38-48.
8. American Diabetes Association. Obesity Management for the Treatment of Type 2 Diabetes: Standards of Care in Diabetes—2024. Diabetes Care. 2024;47(Supp 1):S145-S157.
Dr. Ignacio de Asúa. Médico especialista en Medicina Interna y Terapia Intensiva. Experto en Obesidad (University of Copenhagen).
(@doctorgrammer)