"Esta es Caty Uno y esta es Caty Dos", dice Dominique Lescano, al señalar las dos cápsulas redondas que descansan sobre su pantalón. Si uno acerca la mirada puede ver el movimiento que agita rítmicamente el contenido de las cápsulas. Es como un latir o, mejor dicho, es un latido. Es el latir de un corazón artificial.
El corazón artificial que la mantiene con vida mientras espera un trasplante cardíaco, y que debió ser traído de Alemania de urgencia cuatro meses atrás cuando Dominique entró en la lista de emergencia nacional del Incucai, es similar al que fue donado esta semana al hospital Garrahan, lo que lo convierte en el único hospital de América latina que cuenta con esa tecnología.
Entre risas, Dominique asegura a este cronista que lo que llevan y traen Caty Uno y Caty Dos a través de los cuatro tubos que asoman de la venda colocada debajo de su pecho es "jugo de sandía". Después de todo es rojo... Es sangre. Y ella lo sabe aunque juegue a no saberlo. Es que no son tantos los juegos que pueden hacer en esa habitación de terapia intensiva que hoy es su hogar.
"Domy ha construido su mundo en esos dos metros que le permite la manguera del aparato [la consola del corazón artificial] -cuenta Conrado Lescano, su papá-. Pero igual ella siempre está pensando hacia adelante, no importa lo que le pase ahora."
Dominique planeaba celebrar su cumpleaños número cinco en su hogar, en la ciudad de Córdoba. Pero no pudo ser: el cumpleaños fue anteayer, en el hospital Garrahan. "Está bien, el cumpleaños lo voy a pasar acá [en el hospital], pero el 8 de enero lo vamos a festejar en casa", le dijo entonces a su papá.
La fecha de regreso a casa de Dominique por ahora es incierta; depende de la aparición de un donante de corazón. Ella es uno de los once chicos internados en el hospital Garrahan a la espera de un trasplante cardíaco.
De Córdoba a Buenos Aires
"Dominique empezó con problemas en Córdoba, cuando apenas había cumplido los dos años", recuerda Conrado, de 41 años. Junto con el diagnóstico de miocardiopatía restrictiva, una rara y compleja afección cardíaca, llegó la necesidad de que recibiera tratamiento en Buenos Aires, en el hospital Garrahan.
Allí fueron la pequeña y sus papás, primero en forma intermitente, pero con el tiempo toda la familia debió mudarse a Buenos Aires.
"Llegó un momento en que Domy venía cuatro días a la semana al hospital a controlarse, hasta que finalmente quedó internada", cuenta Marcela, su mamá, de 34 años.
Entonces, la familia Lescano alquiló un departamento a dos cuadras del Garrahan. "Decidimos venir todos, incluso con Jacinto, el hermano de Dominique [hoy de 6 años y medio], porque si no la familia iba a quedar desmembrada", dice Conrado. El resto de la familia -abuelas, tíos y otros parientes- viaja periódicamente a Buenos Aires, para ayudar con el cuidado de la pequeña.
Gracias al corazón artificial, Dominique logró superar una crisis que la había alejado incluso de la posibilidad de un trasplante. "Hoy ha superado todas las expectativas, se ha estabilizado y está lista para el trasplante", dice Conrado.
Sólo hace falta que aparezca un donante. Mientras espera, Dominique sigue haciendo planes a futuro.
Sebastián A. Ríos