José Luis de la Serna
El 'Huffington Post' es un periódico nacido hace tan sólo cino años en EEUU que no se imprime, es sólo digital. Es, hasta cierto punto, un agregador de noticias cargado de múltiples blogueros que escriben sobre los más variados temas. Ha ido ganando una audiencia importante hasta llegar incluso a ser considerado competencia de los más veteranos, como 'The New York Times' o 'The Washington Post'.
Hace muy pocos días uno de sus comentaristas, el doctor Mark Hyman (foto), denunció que la medicina moderna estaba haciendo dejación negligente de una de sus más importantes misiones: tratar de modíficar los hábitos de vida. El facultativo no se refería sólo a la medicina preventiva para evitar enfermedades serias. Hablaba de los tratamientos que deben recibir una gran mayoría de los pacientes crónicos como son los diabéticos, los hipertensos o los que tienen aterosclerosis demostrada.
De una forma un tanto apasionada, Hyman acusaba al sistema de estar negando terapias de probada eficacia, con iguales o mejores resultados que los que consiguen el aluvión de píldoras que ingieren (y olvidan muchas veces) los pacientes o buena parte de la cirugía que se está realizando para paliar sus síntomas. Fármacos y quirófano son además muy caros.
Aunque la vehemencia con la que el Dr Hyman defendía su tesis puede parecer incluso excesiva, la verdad es que en mucho de lo que este hombre decía en su blog está cargado de razón. Si un diabético, un hipertenso, un ateroscleroso o un atrósico no pone empeño serio en hacer ejercicio diario de cierta intensidad, perder casi todos los kilos que le pueden sobrar y pasarse a una dieta más sana de la que ha estado haciendo casi toda su vida, va a mejorar poco.
El problema es que estos tratamientos ni se venden en las farmacias ni dependen del bisturí y las pinzas. Aún no se ha pensado cómo financiarlos, puesto que se requiere, sobre todo, médicos con formación y tiempo suficiente para influir de verdad en sus pacientes. Cambiar el paradigma de la medicina del siglo XXI para potenciar algo tan racional como que sean los propios enfermos los que intervengan en sus terapias es sin duda alguna un auténtico reto.