Viceversa
Por Nora Bär
Según los últimos registros de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, el país tiene alrededor de 30.000 científicos con dedicación completa, una cifra que dista del ideal de tres científicos por cada mil integrantes de la población económicamente activa que recomienda la Unesco para impulsar una economía del conocimiento. Más allá de que en los últimos años el Conicet venga incorporando a miles de nuevos becarios e investigadores y de que eso plantee nuevos desafíos (entre otros, edilicios), es vox pópuli que hay que atraer aún a más jóvenes a las profesiones científicas, tanto dentro del mundo académico como del productivo.
Esas vocaciones, sin embargo, son más renuentes de lo que sería de desear: como muestra la última encuesta del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, la mayoría de los adolescentes no valora la carrera científica; el 62,5% de los argentinos la considera una profesión mal remunerada, y el 56,2%, poco atractiva para la juventud.
El problema es que, hasta ahora, las estrategias que se ensayan para revertir esta situación no resultan muy exitosas. Basta con observar a la audiencia de conferencias sobre temas científicos -incluso en eventos multitudinarios, como la Feria del Libro local- para comprobar que los jóvenes pueden contarse con los dedos de una mano. Incluso actividades como las ferias de ciencias despiertan más interés entre los chicos de primaria que fervor entre los adolescentes. El año último, un editor de Nature propuso una movida drástica y provocativa: para aprovechar la natural rebeldía de la adolescencia, dijo, ¡hay que prohibirles a los adolescentes la entrada a las ferias de ciencia y así lograremos que les gusten!
Tal vez, para que los jóvenes puedan ver a través de la "opacidad" que rodea a los centros de investigación y advertir todo lo fascinante que ocurre adentro, necesitamos que los diarios y revistas, los programas de TV y los noticieros de la tarde dediquen a la ciencia tanto espacio como a la política, al deporte y al espectáculo...
Por Nora Bär
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