Mujeres chilenas que quieren cambiar su apariencia por medio de la cirugía -y que no disponen de la cantidad de dinero equivalente a miles de dólares- están optando por alternativas "económicas" que en realidad son peligrosas.

Recientemente, una mujer cayó en coma y murió después de someterse a las prácticas de una clínica clandestina.
Otra víctima, aunque no fatal, de este tipo de intervenciones, Rosa Conos, pagó US$400 por un aumento de pechos y de labios.
"Usaron una aguja de las que normalmente se utilizan para inyectar caballos. La silicona que me implantaron es la que se usa para limpiar maquinaria industrial. Inyectaron un litro en cada uno de mis senos", dijo Rosa, de 48 años de edad.
"He estado sola por los últimos dos años -agregó- y todo lo que yo quería era verme tan atractiva como cuando tenía veinte años y encontrar pareja".
Según sus palabras, "mis senos son como ubres y mis labios me dan la apariencia de un pato".
Rosa no es un caso único. No es posible obtener cifras sobre la extensión del problema debido a la clandestinidad en que se practican este tipo de operaciones, la mayoría llevada a cabo en casas particulares.
Pero la policía estima que cientos de mujeres pobres están pagando para someterse a ese tipo de cirugías estéticas ilegales.
Incendio en el cuerpo
La gente que lleva a cabo estas prácticas muchas veces no tiene ningún tipo de calificación médica. La "intervención" practicada a Rosa Conos la ejecutó un vecino identificado como Claudio quien aparentemente vive de inyectar silicona a mujeres y travestis.
"Él me dijo que si quería encontrar un hombre me debía inyectar. Fui a su casa, bastante sucia", recuerda Rosa.
La sangre se contamina con la silicona y la piel muere, afirmó el Dr. Wilfredo Calderón
"Me inyectaron -agrega- como si me estuvieran acuchillando, pero yo estaba ebria y por eso no sentí nada".
Después de la "operación" Rosa comprobó que no podía usar sostén debido a que tenía los pechos inflamados. "Me colocaron un palo de escoba entre los senos para mantenerlos separados".
En opinión del cirujano plástico Wilfredo Calderón lo que le hicieron a Rosa fue como "provocar un incendio en tu cuerpo".
"La sangre se contamina con la silicona y la piel muere", explica.
Sentencia
Eso fue exactamente lo que le pasó a Rosa Conos.
La silicona se extendió a otras partes de su cuerpo y sus senos quedaron tan afectados que no puede usar sostén. Su brazo izquierdo está totalmente entumecido y no tiene sensación en los dedos.
"Tengo los labios hinchados -comenta- pero los doctores que han dicho que no pueden operarme hasta que no revienten. Me duelen tanto que ni té caliente puedo beber. No puedo beber nada caliente".
En cuanto a los senos, manifiesta: "Me tendrán que operar ambos pero no hasta que rebaje 30 kilos. Eso es difícil porque estoy tan deprimida que sólo hago comer".
El responsable de la "operación" practicada a Rosa está ahora en la cárcel. Se le sentenció a tres años de prisión por daños corporales y prácticas médicas ilegales.
Bianca
A estas prácticas también acuden travestis, como es el caso de Bianca, trabajadora sexual antes llamada José.
"Me cansé de sólo usar maquillarme y teñirme el cabello y decidí transformar mi cuerpo", comenta.
"Mi tía es también travesti -añade- y ella se operó. Yo fui a la misma persona a la que ella fue".
Bianca dice: "Me sentía afiebrada los primeros días y luego comenzó esas horrible sensación de fuego en los lugares inflamados. Era muy incómodo; tuve que usar durante un mes un sostén especial que me dejó una marca".
Si Bianca tuviera dinero reconoce que se extraería la silicona y se pondría implantes, pero nunca de manera ilegal. "Si alguien quiere mi consejo -enfatizó- que vaya a un doctor, que nunca haga lo que hice yo".
Todavía hay cientos de mujeres en Chile que, al no tener el dinero para acudir a una clínica, se arriesgan al ponerse en manos de gente que no está autorizada para practicar la medicina.
Esto es algo que puede cambiar sus cuerpos para siempre...y para mal.