La enfermedad de Chagas no suele ser noticia; y las cosas parecen indicar que el hecho de que eso sea así no es una buena noticia: pese a haber descendido un poco la cantidad de casos prevalentes desde 2010, en 2023 se estimaba que más de 10 millones de personas vivían con esa enfermedad, considerada una de las “desatendidas”. Por eso, bienvenido este estudio, que “realiza un análisis poblacional exhaustivo de los costos de la enfermedad de Chagas crónica (ECC) desde una perspectiva social (…) para los años 2010 y 2023” y “ofrece la primera evaluación integral de la carga económica de la enfermedad de Chagas en siete países endémicos de América Latina —Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, México, Perú y Venezuela— que concentran el 91% de la prevalencia regional y el 88% de la mundial.” Los resultados muestran que, a pesar de la tendencia a la baja de la prevalencia (“en gran medida debido a la mejora del control y la vigilancia de la enfermedad, las condiciones de vivienda y el saneamiento”), aumentó la proporción de cardiopatía chagásica crónica (CCC), que afecta a aproximadamente el 43% de las personas diagnosticadas, y que —destaca el estudio— refleja el envejecimiento poblacional y la progresión de la enfermedad. Indican también que la carga de la forma cardiodigestiva crónica (CCD) también es proporcionalmente alta. Y ambas formas sintomáticas crónicas de la enfermedad siguen planteando importantes desafíos, tanto clínicos como económicos. “Los resultados indican un costo total sustancial de US$ 16,4 millones, de los cuales el 44 % corresponde a costos médicos directos; el 12 % a costos directos no médicos, y el 44 % a costos indirectos”, señalan los investigadores ya en la introducción.
Este paper es el producto de una investigación que se desprendió de un trabajo mayor (conocido como proyecto RAISE), cuyo objetivo final fue, según una publicación de la Coalición Chagas, “evaluar la carga global sanitaria (para países endémicos o no endémicos) y económica, sentando las bases para futuras políticas públicas e investigaciones fundamentadas”. También destaca la nota de prensa de la Coalición Chagas que CCC es “el principal impulsor de la carga económica de la enfermedad de Chagas, y junto con la fibrilación auricular, parece ser la principal causa de discapacidad entre los adultos mayores, mientras que los trastornos digestivos predominan entre los pacientes más jóvenes”. Y en ese contexto, lo de las personas diagnosticadas no es un dato menor: RAISE permitió detectar que el 70 % de las personas afectadas desconocen su condición y menos del 10 % recibe diagnóstico y tratamiento oportunos, lo que implica que los costos reales son posiblemente mucho más altos.
La investigación y sus resultados |
Los investigadores tomaron los datos de RAISE y aplicaron a ellos una herramienta matemática conocida como “modelo de Markov”, que les permitió simular cómo la enfermedad se comportó con el paso del tiempo, así como calcular costos (directos e indirectos) de atención en cada contexto nacional.
Los resultados muestran una carga económica alta y heterogénea. En 2010, Brasil (US$ 252 mil millones) y Argentina (US$ 164 mil millones) fueron los países donde el impacto económico total proyectado de la enfermedad —sumando costos directos e indirectos— resultó más alto. Y si se analiza el tema en relación con el Producto Interno Bruto (PIB) anual, Bolivia (0,9 %) y Argentina (0,8 %) fueron los más afectados. Respecto de Brasil, donde hay datos más actualizados, hallaron que la carga económica, incluidos los costos médicos directos e indirectos, alcanzó el 0,23 % del PIB en 2024, y que el 11 % de los gastos anuales fue absorbido por el Ministerio de Salud. En el caso de Colombia, los datos más recientes son de 2017, y no se expresan en porcentajes sino en montos. “Se estimó la carga económica de la enfermedad coronaria, incluyendo los costos directos médicos y no médicos, así como los costos indirectos relacionados con el ausentismo, el presentismo y la muerte prematura. Los resultados indican un costo total sustancial de US$ 16,4 millones, de los cuales el 44 % corresponde a costos médicos directos, el 12 % a costos directos no médicos y el 44 % a costos indirectos”.
“Como porcentaje del PBI anual, Bolivia (0,9 %) y Argentina (0,8 %) fueron los más afectados. La CCD también representó aproximadamente el 6 % del gasto total en salud en estos dos países, en comparación con menos del 1 % en Venezuela, México y Perú. Los costos médicos directos representaron más del 60 % de la carga total en la mayoría de los países. En contraste, los costos indirectos fueron dominantes en Venezuela y Perú, lo que refleja las disparidades en el acceso a la atención médica”, señala el texto del paper. “También el costo anual por paciente varió ampliamente (de US$ 5101 en Argentina, a US$ 430 en Venezuela en 2010)”, agrega el texto y destaca: “Una contribución adicional de este documento es el modelado de las probabilidades de progresión individual a cada forma clínica crónica a lo largo de su ciclo de vida, capturando las diferencias específicas de cada país en la estructura de edad de los pacientes con enfermedad de Chagas. Al comparar los datos de 2010 a 2023, pudimos considerar los cambios en el perfil epidemiológico, enfatizando el papel del envejecimiento poblacional en los costos futuros de la atención médica” (los destacados son nuestros).
En este marco, en la nota de la Coalición Chagas, Antonio Luiz Pinto Ribeiro, investigador principal de RAISE, destaca: “Con el proyecto RAISE, ahora tenemos la evidencia para actuar y la responsabilidad de hacerlo”, y se hace hincapié en la necesidad de, por un lado, capacitar al personal y mejorar los sistemas de salud, con el objetivo de mejorar la detección y la atención a las personas afectadas. Y, por supuesto, garantizar la financiación continuada de la investigación y la innovación; porque aunque no se hable de ella, la enfermedad de Chagas está entre nosotros.