Noticias médicas

/ Publicado el 11 de mayo de 2008

Un pensador provocativo y riguroso

Bunge: una mente brillante

Su presencia en la Feria del Libro

“Un mundo le es dado al hombre; su gloria no es soportar o despreciar este mundo, sino enriquecerlo construyendo otros universos”, escribió Mario Bunge en La ciencia, su método y su filosofía, publicado por primera vez en 1960.

En septiembre de 1995 la revista Noticias publicó en tapa su cara angulosa con un título audaz: “El hombre más inteligente del país”. Al margen de la hipérbole o de la imposibilidad fáctica de la definición, la entrevista –de Miguel Wiñazki con fotos de José Luis Cabezas– sirvió para presentar en sociedad al epistemólogo argentino respetado en el ambiente académico occidental y casi un perfecto desconocido para la opinión pública de la Argentina. Físico y filósofo, Bunge llevaba 30 años enseñando Lógica y Metafísica en la Universidad McGill, de Canadá, una de las diez mejores del mundo. Tenía 75 años y 50 libros escritos.

Se había ido del país en 1963. Su palabra era la constatación más brutal del atraso argentino: lo que podíamos haber sido y lo que éramos en medio del experimento menemista.

A punto de cumplir 90 años, Bunge pasó la semana pasada para dar una charla en la Feria del Libro. Sigue ensañando en Montreal, sigue escribiendo y, más importante aún, sigue desafiando los límites de la mente, manteniendo viva la llama de la búsqueda del conocimiento. Tal vez por eso conserva una lucidez que refuta el calendario, la misma que le permite, por ejemplo, citar a Bertrand Rusell, rechazar a Lacan, fustigar a George Bush o condenar la actitud israelí en Medio Oriente.

Bunge arrancó la charla leyendo párrafos salientes de su próximo libro, El político escéptico. El físico desentrañó parte del ideario de su filosofía política, cuya matriz, dijo, se origina en un “escepticismo moderado”, que incluye la duda “para no dejarse engañar por los cantos de sirena”. Bunge leyó casi una hora ante 200 personas embelesadas.

Luego comenzaron las preguntas. Con sus respuestas llegó el clímax de la noche: rayos de erudición en tubos de humor fino, como si con la provocación lograra oxigenar la densidad de su tarea de alquimista. “Siempre seguí la misma rama de la filosofía, la mía”, dijo, vanidoso.

Bunge contó cómo Freud lo había subyugado a muy temprana edad. “Dediqué un verano completo, el del 38, a escribir un libro sobre las virtudes del psicoanálisis. Por suerte nunca salió publicado, hubiera sido un bochorno.”

Luego relató que descubrir a Bertrand Rusell le abrió los ojos: la vida desplegó todos sus colores y posibilidades. Y no paró más. De allí a Spinoza y de Spinoza a Donald Hepp, otro jinete del conocimiento, el hombre que le confirmó al oído lo que él sospechaba: “El libre albedrío es posible”. Las preguntas siguieron. “¿Me escucha?”, le preguntó un hombre del público. “Lo escucho pero no lo oigo”, corrigió.

“Vamos terminando el tiempo”, dijo la moderadora. “¿Perdiendo el tiempo?”, dudó el físico. Con el final llegó la dulce demolición de algunos prohombres del panteón del pensamiento occidental. “¿Hegel?, pero por favor, es la colección de disparates más grande que se ha escrito jamás.

Lo que pasa es que la traducción al inglés es aún peor que el original.” Un asistente recordó que la Presidenta, cuando era candidata, se proclamó hegeliana militante. Otro le respondió que era mejor eso que haber leído las obras completas de Sócrates.

De Hegel saltó a sus discípulos: los existencialistas. “Eso es pseudofilosofía.” Con Heidegger llegó a la cúspide del desprecio: “Decir que ‘el tiempo es la maduración de la temporalidad’ o que ‘el ser es ello mismo’... en alemán puede parecer muy profundo, pero en castellano uno se muere de risa. No todo Heidegger es macaneo: a veces es simplemente falso”. Parte del público rió. Algunos lo tildaron de “cavernario”. Excitado, un hombre gritó: “¡Propongo que sea presidente de la Nación!”. Acaso porque la idea alguna vez se coló por los pasillos de su mente, Bunge le respondió en serio: “Nunca podría, no creo en el sistema presidencialista, es una vergüenza. Creo en el parlamentario”.

Cuando bajó del escenario, Bunge tuvo su momento “rock star”: blandiendo libros, decenas de fanáticos de todas las edades pugnaban por una firma, una foto, una palabra sabia.

A un costado, un hombre mayor, profesor universitario, trataba de definir la esencia del personaje: “No importa si tiene razón, lo que importa es que nos sacude la conciencia”.


La UBA distinguirá a Mario Bunge con el Doctorado Honoris Causa

          La resolución aprobada en su momento por unanimidad en el Consejo Superior destaca la eximia trayectoria del científico argentino residente en Canadá, su quehacer como docente e investigador y la obtención de quince doctorados y cuatro títulos de profesor honorario. El acto académico está fijado para el 28 de abril en la Facultad de Derecho, con la presidencia del rector Hallú. Bunge disertará sobre “El enfoque sistémico del delito”.

La Universidad de Buenos Aires honrará al profesor Mario Bunge con la máxima distinción que otorga esta casa de estudios, esto es el título de Doctor Honoris Causa, por su eximia trayectoria como docente e investigador, y su autoría de más de 80 libros y 450 artículos sobre temas de física teórica, matemáticas aplicadas, teoría de sistemas, sociología matemática, epistemología, semántica, ontología, axiología, ética y política, entre otras disciplinas.

El científico recibirá la distinción el lunes 28 de abril a las 18:30 en el Salón Rojo de la Facultad de Derecho, Av. Figueroa Alcorta 2263, de manos del rector de la UBA, Rubén Hallú, a quien acompañará el decano Atilio Alterini, para pronunciar luego, ya Doctor Honoris Causa de esta casa, una clase magistral sobre "El enfoque sistémico del delito". Pronunciará el elogio académico Eugenio Bulygin.

Mario Bunge, quien nació en Buenos Aires en 1919, egresó como doctor en ciencias físicomatemáticas en la Universidad Nacional de La Plata en 1952 y desde entonces, enseñó en universidades del país y del exterior, como la Universidad de Buenos Aires donde fue catedrático de Física teórica entre 1956 y 1958, y de Filosofía, entre 1957 y 1962. Desde 1966 es profesor en Filosofía en la McGill University, de Montreal, Canadá, país donde reside.

Bunge es, además, profesor visitante de universidades de Alemania, Australia, Dinamarca, Estados Unidos, México, Suiza y Uruguay, y miembro de la Academie Internationale de Philosophie des Sciences (1965); Institut Internacional de Philosophie (1969); Academy of Humanism (1985); Fellow of the American Association for the Advancement of Science (1984), y de la Royal Society of Canada (1992).
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