La tasa de mortalidad en Brasil a causa del sida se ha reducido a la mitad desde que su gobierno lanzara en 1996 un Programa Universal de Tratamiento Antirretroviral contra el VIH; además, los resultados han desmentido las predicciones más catastrofistas, que auguraban que en el año 2000 habría más de 1,2 millones de infectados por el VIH cuando en la actualidad se estima que su número se sitúa en las 700.000 personas.
El ejemplo de Brasil, según se destacó en la III Conferencia Internacional sobre Patogénesis y Tratamiento del Sida, que se está celebrando en Río de Janeiro, ha demostrado que la implicación de todos los sectores de la sociedad unidos para desarrollar un programa basado en el tratamiento y la prevención es el camino adecuado para el manejo y control de la infección.
Al igual que España, Brasil es uno de los pocos países que garantiza el acceso universal al tratamiento antirretroviral a través de su sistema nacional de salud, y su ejemplo, en palabras de Helen Gayle, presidenta de la Sociedad Internacional del Sida (IAS), ha demostrado que “una fuerte asociación entre la comunidad, el sector privado, las ONG y el gobierno resulta esencial para lograr el acceso a la prevención y el tratamiento”.
Sin embargo Brasil es apenas un ejemplo aislado en lo que se refiere a la universalizacion de los tratamientos, uno de los objetivos marcados por la OMS. Así, Stephen Lewis, embajador especial de la ONU en África para el VIH/sida, ha tenido que reconocer que no se va a poder alcanzar la meta fijada por la OMS y ONUSIDA -respaldada por más de 190 países- de que a final de 2005 tres millones de afectados pudieran tener acceso a los antivirales, un programa conocido como 3x5.
A pesar de ello, y basándose en un reciente informe, Lewis prefirió ser optimista, debido a que en año y medio se ha conseguido pasar de 400.000 personas tratadas a un millón. Sólo un 15,4% de los 6,5 millones de personas que la necesitan tiene acceso a esa terapia.
Uno de los caminos para favorecer esta accesibilidad a los fármacos es la aplicabilidad de la investigación científica a la práctica clínica. Gayle afirmó que los beneficios que suponen los hallazgos cientificos deben ser trasladados en el menor tiempo posible en intervenciones de prevención y tratamiento, independientemente de las divisiones geográficas o económica.
De la misma opinión fue Lewis, quien reconoció que se había fallado a la hora de acercar los beneficios de la ciencia a los países menos favorecidos, aunque destacó el ejemplo de Botswana, primer país del África subsahariana que ha decidido iniciar un programa de acceso universal a los tratamientos, después de los éxitos que se han obtenido con sus campañas de prevención.
Según Gayle, los esfuerzos en la prevención del sida se encuentran actualmente en un momento crítico, debido a que empiezan a dar resultados los programas que se han efectuado con los preservativos masculinos y femeninos, los nuevos microbicidas o los basados en la abstinencia o la monogamía. La protección de la mujer, como quedó reflejada en la campaña de este año de ONUSIDA, resulta fundamental en la lucha contra el VIH, debido a que es, biológica y socialmente, uno de los elementos más vulnerables en la cadena de tansmisión del sida.