Tras los atentados perpetrados en EE.UU. surgió el temor a una guerra donde se utilicen armas químicas o biológicas. El bioterrorismo ha generado una lluvia de notas en todos los medios donde se explica cuales podrían ser los agentes químicos y biológicos utilizados, sus efectos, los signos y síntomas que producen, su capacidad destructiva sobre las vidas humanas, su potencial letalidad y hasta los antídotos disponibles, cuando los hay. También se ha escrito mucho sobre las medidas de protección individual contra diferentes agentes biológicos y gases tóxicos entre las que se menciona la utilización de antibióticos, antivirales y vacunas especiales de limitada disponibilidad y el uso de máscaras, las que a pesar de su acotada capacidad protectora, han generado un mercado especial donde otros intereses parecen estar en juego.
Una serie de acontecimientos han servido a manera de preámbulo: desde hechos reales como el ataque con gas sarín en una estación del subterráneo en Japón y el brote de ántrax en Estados Unidos, hasta la proyección en la pantalla gigante de películas como Epidemia que han incursionado en el tema de las armas biológicas y muestran sus consecuencias. Entre los problemas que debemos enfrentar y que deben estar presentes en la conciencia colectiva de la población figuran la falta de predecibilidad de los ataques terroristas y la frecuencia con la cual sus acciones impactan en objetivos civiles afectando a todos por igual.
Por otra parte, a partir de estos atentados, el tema de la seguridad aérea ha adquirido dimensiones inimaginables que han ocasionado un caos en las compañías de seguro y en las aerolíneas que han disminuido la frecuencia de vuelos y reducido su personal. Está claro que esta nueva guerra nos conducirá a una importante recesión y arrastrará a la industria del turismo a una situación más que crítica con una reducción que en algunas áreas se estima que alcanzará el 40%. En este escenario, hay quienes han suspendido sus viajes de trabajo, los que continúan con sus actividades y los que están decidiendo que hacer con los viajes de placer planeados. Creemos que aun es temprano para analizar cual será el comportamiento de los viajeros acerca de la elección de sus destinos aunque se estima que los EE.UU., Oriente Medio y los países europeos podrían sufrir el mayor impacto. En contraposición, los destinos nacionales y los ubicados en Centroamérica, Caribe y Sudamérica, especialmente la región andina de Bolivia y Perú, Brasil y Uruguay estarían entre los más ofrecidos por las agencias en nuestro medio.
Hoy es posible asesorarse sobre la situación social y el riesgo de violencia interna de cada país; sin embargo, existen serias limitaciones en la predicción de que ocurran atentados terroristas. Con certeza, podemos decir que hay un antes y un después. Los viajeros están sensibilizados y buscan encontrar la información que les devuelva la seguridad que se ha perdido. Sin embargo, aun cuando existan medidas de prevención útiles contra algunos de los agentes químicos y biológicos que podrían ser utilizados como armas, no es posible imaginar su utilización masiva y tampoco decidir su uso en el marco de la prevención primaria: ¿deberíamos viajar con máscaras y tomar antibióticos en forma preventiva? ¿En que situación? ¿Por cuanto tiempo?. Es obvio que la respuesta es no, aun para viajar en este mundo globalizado. Mientras tanto, ¿qué tal si nos ocupamos de reducir los riesgos reales y prevenir las infecciones prevalentes en cada destino?. Una consulta previa al viaje nos permitirá analizar las vacunas y otras medidas preventivas recomendadas según la situación epidemiológica de cada lugar visitado y reducir significativamente el padecimiento de numerosas enfermedades infecciosas.
Puntos de vista
/ Publicado el 20 de noviembre de 2001
Cambios en las costumbres
Bioterrorismo: Su impacto sobre los viajes y el turismo.
Ante la posibilidad de viajar, surge el bioterrorismo como un riesgo para tener en cuenta.
Autor/a: Dr. Alejandro Lepetic