Los autores reconocen que las diferencias metodológicas de los estudios hacen difícil establecer esta relación beneficiosa, aunque sí existen evidencias de que los programas de ejercicio físico supervisado reducen algunos de los síntomas físicos, psicológicos y emocionales derivados del cáncer y su tratamiento. En cualquier caso, demandan más investigaciones para determinar si el ejercicio físico en supervivientes de cáncer pude reducir el riesgo de recaídas e incrementar el tiempo de supervivencia.
En estos cuatro de estos seis estudios, realizados entre 1994 y 2000 con diferentes regímenes de actividad física (bicicleta estática, paseos o entrenamiento para aumentar la fuerza muscular), se observó alguna mejora en el sistema inmunológico, como mayor actividad o mejor funcionalidad de ciertas células inmunológicas.