Por: Clarín.com
Siempre se nos dijo que debíamos controlar nuestros lunares para ver que no se convirtieran en melanomas, una forma de cáncer de piel que es tratable si se lo detecta temprano, pero que de lo contrario es mortal. De todas maneras, no todos los lunares son iguales (algunos son riesgosos y otros se pueden dejar en donde están sin problema). No se conocen bien las raíces biológicas de esas diferencias. Sin embargo, los científicos están haciendo progresos en varios frentes.
Un estudio publicado en febrero pasado descubrió una diferencia biológica clave entre los lunares que se convierten en melanomas y los que no. Un día, ese conocimiento podría ser usado para achicar los lunares que se hayan vuelto cancerígenos, volviéndolos inofensivos.
Otro descubrimiento, publicado este mes, dio cuenta de llamativas mejoras en gente con determinados tipos de melanoma luego del tratamiento con una nueva droga, y los investigadores creen saber por qué.
A pesar de que están lejos de ofrecer curas, estos estudios preparan el terreno para la aparición de mejores diagnósticos y terapias pensados para distintos tipos de 3melanoma, según los científicos. "La terapia puede volverse mucho más eficaz personalizándola según el cáncer particular del paciente. Y ésta será una importante tendencia de la medicina en los próximos 10 a 20 años," opinó el médico Sam Hwang, investigador del Instituto Nacional del Cáncer, en Bethesda, Maryland, EE.UU..
El melanoma es el tipo de cáncer de piel más raro, pero mucho más peligroso que los más comunes, que son el carcinoma de células basales y el carcinoma de células escamosas, que surgen de otros tipos de células en la piel y tienen menos probabilidades de propagarse por el cuerpo. Muchos melanomas surgen de forma repentina, pero otros se forman en lunares existentes. Por eso es importante controlarlos.
Al igual que los lunares, los melanomas son agrupaciones anormales de células con pigmento. De todos modos, existe una diferencia clave. En los lunares, las células con pigmento permanecen en una suerte de estado de hibernación. Las de un melanoma, en cambio, se reproducen.
Lo que las diferencia es lo que fue informado precisamente por el médico Michael Green, de la Universidad de Massachusetts, en la publicación Cell: los lunares normales liberan de forma constante una sustancia inhibitoria, la IGFBP7, que hace que las células de la piel con pigmento se cierren y no se reproduzcan.
Green precisa que las células con pigmento parecen comenzar a fabricar esta proteína cuando detectan la formación de un lunar. "Se trata de un mecanismo muy poderoso," dijo. "Cuando una célula detecta que algo anda mal, no sólo se frena para no convertirse en un cáncer segregando esta proteína, sino que protege también a las células vecinas cerrándolas".
Es posible que la IGFBP7 pueda ser útil como tratamiento algún día. "El estudio tiene, definitivamente, una potencial aplicación clínica en los seres humanos," concluyó David Fisher, jefe de Dermatología y director del Centro del Melanoma en el Massachusetts Hospital de Boston.
TRADUCCION: Silvia S. Simonetti
Cómo reconocer una anormalidad
"El estudio realizado en los Estados Unidos no es aplicación clínica aún. Por ahora la comunidad debe aprender a los autoexámenes de la piel y exponerse con protección al sol", dijo a Clarín Fernando Stengel, miembro de la Fundación del Cáncer de piel. A través del autoexámen, hay que buscar:
Una marca o crecimiento de la piel que aumente de tamaño. Su aspecto puede ser áspero o con brillo, su color parduzco, negro, azulado, blanquecino, multicolor o transparente.
Un lunar o marca de nacimiento que cambie de color o espesor, que cambie la textura, con bordes irregulares o que sea mayor de 6 milímetros.
Una marca o lunar nuevos, sobre todo si aparece luego de los 21 años.
Una marca, lastimadura o lunar que pique o duela.
Una herida que no cicatrice.