Es indiscutible el papel de riesgo potencial que juega la complicación tromboembólica en la ATC. El análisis realizado por Johnson y su equipo entre 1962 y 1973, sobre un total de 7.959 intervenciones reveló una prevalencia del embolismo pulmonar del 7.89%, con un desenlace fatal del 1.04%. En 1974, Coventry, en una serie de 2.012 caderas, señaló una incidencia embólica del 2.2%, con una prevalencia fatal del 3.4%.
Sin embargo, cabe destacar que en estas casuísticas predominaban las intervenciones prolongadas, pérdidas y reposiciones hemáticas volumétricamente importantes, un esquema profiláctico tardío con Warfarina (luego del 5º día) y un retardo en el inicio de la deambulación. En los últimos 30 años, el avance en el conocimiento fisiopatológico y en la prevención del tromboembolismo, unidos a un cambio en la metodología quirúrgica (reducción del tiempo operatorio, uso de sangre autóloga, nuevos esquemas profilácticos y movilización precoz), redujeron la letalidad a menos del 0.18%. La creciente importancia asignada al papel trombogénico de la llamada "cascada de coagulación", que activándose durante la preparación del canal femoral, persiste durante unas 24 horas y que se ve favorecido por la lesión endotelial secundaria a la torsión de la vena femoral durante las maniobras quirúrgicas, ha determinado la reevaluación de los factores preexistentes en el período perioperatorio.