El cirujano español Pedro Cavadas efectuó a fines de abril un trasplante fuera de lo común: a un paciente que había perdido la mano izquierda le colocó su mano derecha, indicaron ayer fuentes de la fundación de ese médico.
El profesional es experto en trasplantes y cirugías de reconstrucción.
Esta operación es tan sorprendente como la propia historia del paciente, que tiene 63 años de edad. Después de haber perdido su mano izquierda hace 40 años, perdió hace tres el uso de su brazo derecho, que quedó paralizado a raíz de un accidente cardiovascular.
"Ya no podía hacer nada. Necesitaba ayuda para todo", explicó a la agencia francesa AFP Virginia Cavadas, miembro de la fundación que lleva el nombre del cirujano y hermana de este profesional que tuvo la idea de "hacer de su mano derecha una mano izquierda".
Las ventajas de este tipo de "autotrasplantes", en cuyo caso el donante es la misma persona que el receptor, es que el paciente no necesita hacer un tratamiento contra el rechazo del órgano trasplantado. En estos casos, el índice de éxito de la operación es por lo general mucho más elevado.
Más que un simple trasplante, el doctor Cavadas tuvo que "cambiar toda la estructura de la mano y hacer un trabajo delicado con los tendones y los huesos" para que las articulaciones del miembro derecho terminaran correspondiendo a las del brazo izquierdo, precisó Virginia Cavadas.
Durante esta delicada intervención, que se prolongó por más de trece horas en el hospital Virgen del Consuelo de Valencia (ubicado en el este de la ciudad), el cirujano y su equipo movieron el pulgar del paciente por razones prácticas y, además, para evitar un efecto estético negativo.
Más de un mes después de la operación, el paciente "está feliz. Ya puede mover la mano", aseguró Virginia Cavadas.
El doctor Pedro Cavadas tiene una larga trayectoria y acumula antecedentes en este tipo de cirugía: efectuó a fines de 2006 el primer trasplante de dos manos en España, y también realiza labores humanitarias en Africa.
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El País, España
Un cirujano reimplanta a un mismo paciente la extremidad derecha, inutilizada por una hemiplejía, en su muñón izquierdo
JAIME PRATS - Valencia
Cuarenta años después de quedarse sin mano izquierda I. L., navarro de 63 años, la ha recuperado a cambio de perder su mano derecha. Este paciente acudió a la consulta del cirujano Pedro Cavadas para pedirle un implante. Quería recuperar su extremidad mediante un injerto obtenido de donante fallecido. Sin embargo, la solución que le dio Cavadas hizo cambiar los planes. El paciente sufrió hace tres años un infarto cerebral que le provocó una hemiplejia del lado derecho. Como tenía la mano de este costado inutilizada, el cirujano le propuso un intercambio de extremidades y transferir su mano derecha uniéndola al muñón izquierdo.
De esta forma, se evitaba uno de los principales problemas que suelen padecer los pacientes que se someten a implantes de miembros ajenos: el rechazo. Al ser su propia mano, el cuerpo no entendería como un postizo extraño el resultado de la operación, por lo que no plantaría batalla a la nueva mano. Y, lo más importante, se evitaba tener que recurrir al potente cocktail de medicación inmunosupresora con los molestos efectos secundarios que provoca.
I. L. aceptó la sugerencia y fue intervenido el 29 de mayo en la clínica de El Consuelo de Valencia a cargo de la Fundación Pedro Cavadas. "Lo más complicado fue cambiar de sitio el pulgar", apuntaba ayer el especialista al rememorar la intervención. Intercambiar la mano izquierda por la derecha implica tener todos los dedos al revés, lo que resulta especialmente antinatural en el caso del pulgar, que queda en el extremo opuesto de donde debería. Para evitar este efecto, el equipo del cirujano extrajo el pulgar y lo situó al lado del meñique de forma que la mano derecha simula la izquierda. "Sigue quedando extraño el meñique haciendo de índice", apuntó, por lo que se plantea nuevas operaciones para conseguir una mano más armónica.
En la intervención, el equipo de Cavadas desvió el tendón -la correa de transmisión de los músculos- del pulgar a su nueva posición al lado del meñique. Además, reinvirtió el orden de los nervios, de forma que sean las mismas conexiones nerviosas las que los muevan a pesar del cambio de mano.
Pedro Cavadas se ha hecho famoso por sus operaciones poco convencionales. "Filigranas quirúrgicas", las definió ayer el presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), Antonio Porcuna, que destacó la habilidad del cirujano valenciano.
En diciembre pasado, en esta ocasión junto a un equipo del hospital La Fe de Valencia, cirujanos dirigidos por este especialista reimplantaron dos manos a una mujer que las perdió 28 años antes en una explosión. Se trataba del séptimo trasplante bilateral practicado en el mundo y el primero en España. La paciente está en plena fase de rehabilitación para recuperar movilidad y bajo un tratamiento inmunosupresor que la acompañará de por vida. Otra operación sonada, practicada en 2004, llevó a Cavadas a injertar nueve días un brazo a la ingle del mismo paciente para limpiar un muñón infectado y volver a abordar el implante. El médico valenciano también se ha hecho un hueco en los medios de comunicación por la difusión, por parte de su fundación, de las intervenciones que ha practicado en sus estancias en Kenia -fundamentalmente quemaduras y traumatismos- o por traer niños de este país que habían sufrido la amputación del pene por ritos tribales y reconstruirles el miembro.
Cavadas "es una persona que practica operaciones arriesgadas y meticulosas", señaló a este diario Porcuna. Pero no es el único. El presidente de la SECPRE puso el ejemplo de César Casado, jefe de servicio de cirugía plástica del hospital La Paz de Madrid que lleva "varios reimplantes". "Son intervenciones que no puede hacer cualquiera, requieren de un cirujano entrenado y preparado", comentó. Además, aludió al desarrollo de prótesis de última generación cada vez más perfeccionadas que pueden devolver gran parte de la movilidad perdida sin pasar por los efectos secundarios de los fármacos contra el rechazo.