Los negativos efectos del exceso de calorías no perdonan. Ni siquiera en los más chiquitos. El análisis de cinco estudios locales en bebes de 6 meses a chicos de 3 años demuestra que pese a que el 80% ingiere a diario más energía que la que necesita, entre el 25 y el 40% tiene anemia, y el 4,4% -el 10% de los más pobres- no crece en estatura los centímetros que sus genes le hubieran permitido.
Y todo esto por las mismas razones: nutrición inadecuada, tanto por exceso como por carencias.
"El problema principal no es la desnutrición aguda, sino oculta: la carencia de nutrientes imprescindibles para el desarrollo infantil, algo que se presenta en forma simultánea con la tendencia al sobrepeso. Una alimentación baja en calidad contribuye a crecer menos en altura y más en kilos, que es el perfil de crecimiento que vemos en muchos niños, especialmente chicos pobres", explica el licenciado Sergio Britos, director ejecutivo del Centro de Estudios en Nutrición Infantil (Cesni), quien junto a Paula Pueyrredón, Raúl Uicich, Alicia Rovirosa y Rodrigo Clacheo elaboraron el citado estudio, ganador de la segunda edición del Premio Henri Nestlé a la Investigación Científica.
"En términos generales -añadió el licenciado Britos-, en estos trabajos vimos que los chicos de mayor nivel socioeconómico tenían mayor frecuencia de sobrepeso, y los de familias más pobres, más déficit de crecimiento en estatura, pero de acuerdo con lo que sabemos por otras investigaciones, cuando se avanza en edad el problema de la obesidad se acrecienta también en los sectores más carentes."
El nutricionista dijo que en la muestra analizada (667 bebes y niños de cinco ciudades argentinas entre 1994 y 2005 -ver infografía-) el 78% de los encuestados consume más calorías que las necesarias, pero el gran problema es que el exceso no se traduce en menús de buena calidad. Quizá, deslizan los investigadores en su análisis, los chicos comen más cantidad buscando compensar la pobreza nutricional de los alimentos que ingieren, y esto se refleja más dramáticamente a medida que disminuye el nivel socioeconómico de las mesas familiares.
Mientras los hogares más pudientes "engordan" a sus hijos con alimentos ricos en grasas y en azúcares, bebidas gaseosas y golosinas, los chiquitos más pobres consumen el exceso cotidiano de energía en cereales y harinas, ricas en hidratos de carbono, que son -paradójicamente- los que más abundan en los programas alimentarios oficiales y los comedores comunitarios, "que en realidad no ayudan a corregir la situación. Por eso una clave es pensar que no hace falta más, sino mejor comida", dijo Sergio Britos.
En este sentido, comentó el investigador, es frecuente que el mismo equipo de salud no indique bien cómo complementar la lactancia y las mamás no sepan que cuando se comienza a incorporar alimentos sólidos a la dieta de los bebes "es absolutamente imprescindible darles carne para un correcto aporte de hierro, que no se obtiene solamente con puré de papa y zapallo".
Los argentinos, más petisos
A pesar de que durante el siglo pasado existió en todo el mundo una tendencia secular al crecimiento en estatura -asociada a una mejor alimentación y un avance generalizado de la salud pública-, el trabajo realizado por el Cesni mostró que aun en chicos argentinos de nivel socioeconómico medio y alto hay déficit de estatura.
"Existe una relación estrecha entre la anemia por carencia de hierro -dijo el licenciado Britos- y la falta de zinc: si falta hierro, falta zinc, y éste se vincula estrechamente con el ritmo de crecimiento. El problema es que ese déficit de talla que se adquiere en los primeros años de vida no se compensa después. Esto explica por qué en el inicio de la escuela primaria los chicos argentinos, en promedio, pueden medir hasta 7 centímetros menos que sus pares norteamericanos."
Por otra parte, el zinc (que está contenido especialmente en las carnes rojas, como el hierro) defiende a los chicos de las diarreas y, al igual que las vitaminas A y C -de las que también hay importantes carencias- protegen el sistema inmune y disminuyen el contagio de infecciones recurrentes que, en especial entre chicos pobres, son amenazas permanentes a su desarrollo normal.
Por Gabriela Navarra
De la Redacción de LA NACION
Peores alumnos
Preocupado, el licenciado Sergio Britos advierte: "Si un bebe o niño sufre anemia durante los primeros dos años de vida, cargará con un hándicap en el futuro. Es que la anemia causa una alteración en el desarrollo del sistema nervioso central que afecta la inteligencia. Cuando ingrese a la escuela, tendrá una menor capacidad de aprendizaje, que afectará negativamente en su rendimiento".