Las políticas de control sobre el tabaco reducen, de modo directo, el número de personas fallecidas debido al consumo, según afirma un nuevo estudio. El incremento de los impuestos y, por lo tanto, del precio de esta sustancia es el factor más determinante a la hora de reducir el consumo.
Alrededor de cuatro millones de personas murieron debido al tabaco en 1998 y si continúan los patrones de consumo actuales en el 2002-2003 el número de fallecidos puede alcanzar los 10 millones.
Por esta razón, los gobiernos de las distintas naciones están valorando si la intervención sobre el consumo supondría una mejora en la salud lo suficientemente destacable como para arriesgar grandes sumas de dinero.
El objetivo del estudio consiste en estimar la efectividad de la política de control en siete regiones del mundo y el coste que ésta supondría. Para ello se evaluó la efectividad de tres tipos de modelos de control del consumo que pretendían reducir el número de muertes.
El programa de control más eficaz consiste en el aumento de las tasas aplicables al tabaco, con la consiguiente subida del precio. Con sólo aumentar un 10% del precio de los cigarros, los autores predicen una reducción de entre cinco y 16 millones de muertes causadas por este hábito.
Esta medida incide especialmente en las personas más jóvenes. Aquellas con edades comprendidas entre los 15 y los 29 años notarían una reducción del riesgo de muerte del 13%. Las personas entre 20 y 29 años experimentarían un 6% en esa disminución y, aquellas entre los 30 y los 49, aproximadamente entre un 2% y un 3%.
Publicidad y terapia nicotínica
Otro de los métodos de control sería la terapia de sustitución de la nicotina. Con una efectividad de un 0,5%, los autores predicen una reducción de un millón de muertes. El impacto principal sería sobre los sujetos de entre 15 y 59 años (entre un 1,5% y un 2,2%).
La tercera medida señalada en el estudio agrupa las intervenciones no relacionadas con el precio ni con la terapia sustitutiva de la nicotina. La prohibición plena de la publicidad y las promociones de tabaco, la difusión informativa de las consecuencias sobre la salud, o las restricciones sobre el consumo en espacios públicos o lugares de trabajo.
Este último grupo de intervenciones posee una eficacia del 2%, lo que puede llegar a traducirse en una prevención de cinco millones de fallecimientos.
Destaca fundamentalmente el aumento de las tasas del precio del tabaco puesto que puede llegar a prevenir entre 5 y 16 millones de muertes relacionadas con este consumo. En este sentido, los autores concluyen que se trata de una medida con una rentabilidad adecuada, que variará según los países.